Jaime Muñoz Vargas

 

 

 

    BLOQUEO Y AUTOPLAGIO 

 Jaime Muñoz Vargas*

 

Entre los horrores más frecuentes del escritor está el horror a la página en blanco. Así lo llamaban antes, "a la página en blanco", pero hoy podría ser "al monitor en blanco". Suena menos poético, pero igual da: se trata de una sequía imaginativa por supuesto que involuntaria, un cerco que por alguna razón harto misteriosa impide que fluyan las palabras, que a la hora de la hora, frente al teclado, algo se frene, se contenga, se atrofie. 

Leer más...

 

el ombligo de piedra

 

 

     EL OMBLIGO DE PIEDRA

 La columna de Rogelio Ramos Signes

Trece veces trece

En épocas difíciles (y esta época lo es) junto con un gran desgano, junto con un profundo descreimiento, crece paradójicamente un exceso de fe. Comerciantes de esa fe, sin descanso, pululan por campos y ciudades. Alguien corre a poner una escoba detrás de la puerta, otro enciende fuego frente a la entrada de su casa, una mujer regresa y toca la piedra con la que acaba de tropezar, una anciana pronuncia una serie de palabras sin sentido frente a un niño llorón o indiferente que ha sido víctima del «mal de ojo».

Medallas, amuletos, cadenitas, pulseras, partes muertas de algo que alguna vez tuvo vida; en fin, cualquier cosa, sirve como protección contra la mala suerte. Aprendices de hechiceros (especuladores consumados, en el fondo) fomentan esta credulidad de la gente, esta necesidad de vivir sin tantos apremios, arengándonos desde los medios de difusión (la radio es la vía favorita) o bien desde consultorios humildemente decorados. Verrugas que se desvanecen sobre la piel, hemorroides que desaparecen sin intervención quirúrgica, maridos que regresan al hogar luego de haberse fugado con alguna «mala pécora», renacimiento de negocitos de barrio que iban a la bancarrota, buenas digestiones, excelentes micciones, noviazgos increíbles (estatuitas de San Antonio puesto de cabeza, mediante), todo es posible, con la oración que anula el maleficio y con el agua rezada, convertida en elixir magnético el martes de cada semana. Ayuda para todo (ésa es la consigna): para que llueva de una buena vez y no se incendien los bosques, o para que deje de llover y las aguas de los ríos vuelvan a sus cauces; para que la insensata destrucción del mundo no sea algo inminente, o para que nuestro club deportivo no pierda el domingo.

Leer más...

 

Jaime Muñoz Vargas

 

 

 

     CON UN ARMA EN LA NUCA

Jaime Muñoz Vargas

 

 

Nuestro oficinista sobrevive a los tumbos en una urbe sombría e inhumana, demasiado inhumana. Se trata de un tipo mediocre, tan apocado que casi es invisible. La rutina lo cerca y los días van minándolo hasta límites inconcebibles. No es dueño de su vida, y todo alrededor se confabula para hacerlo papilla, para machacarlo en el mortero de la desdicha. El oficinista no tiene nombre, así que basta llamarlo así: el oficinista, quien parece ser el resultado individual de un proceso —¿económico, político, social, moral, todo eso junto?— que ha pulverizado la vida de inmensas colectividades. El oficinista, pues, es uno y millones, una sinécdoque de la devastación mundial.

Leer más...

 

el ombligo de piedra

 

 

 

    EL OMBLIGO DE PIEDRA

 La columna de Rogelio Ramos Signes

Las modas de La Moda

 

El 11 de noviembre de 1837 aparece en la ciudad de Buenos Aires lo que podría considerarse la primera revista argentina: La Moda. Este «gacetín semanal», según estimaban sus propios editores, tocaba temas afines a la música, la literatura y las costumbres de la época. Aparecieron veintitrés números hasta el 21 de octubre de 1838, y si bien no sabemos si logró convertirse en el medio de expresión del «Bello Mundo Federal», como prometía satíricamente antes del primer número, sí podemos comprobar que cumplió con la periodicidad de una revista semanal. Pero ¿quiénes estaban detrás de ella? ¿quiénes daban la cara o quiénes la escondían, según su propia conveniencia? Juan María Gutiérrez (director), Rafael Jorge Corvalán (editor) y un tal Figarillo (es decir: Juan Bautista Alberdi) eran los responsables de La Moda. Estos jóvenes apasionados, fieles a la consigna de «reformar y regenerar», rendían culto a la inteligencia, parapetaban con su comportamiento las teorías de Saint Simon, vivían con pasión el momento histórico que les tocaba vivir, criticaban a su manera el gobierno de Juan Manuel de Rosas, y militaban (a pesar de sus gustos personales) en la etapa más humanitaria y social del Romanticismo.

Leer más...

 

Jaime Muñoz Vargas

 

 

 

    Elogio del cuartaforrista

Jaime Muñoz Vargas*

 

 

Algún día alguien, quien sea, incluso yo, debe dedicar unos párrafos a ponderar el valor de las cuartas de forros o contratapas (esa parte de los libros que los lectores de a pie suelen llamar "contraportadas"). Sin darme cuenta, sin valorar lo suficiente su gravitación en mi entusiasmo, he leído contratapas tan buenas que de inmediato me han llevado a comprar o a leer el libro. Por supuesto no han sido pocas las ocasiones en las que, luego de conocer el contenido del libro, las palabras de "la cuarta" se antojan excesivas, lo que de ninguna manera le resta mérito al autor, generalmente anónimo, de esos breves textos, pues él hizo su chamba al persuadirnos.

Leer más...

 
Más artículos...