El ombligo de piedra

 

 

       EL OMBLIGO DE PIEDRA
La columna de Rogelio Ramos Signes
En busca del sabor perdido

 

Buscando una nueva ruta para llegar a las carísimas especias de Oriente es que Cristóbal Colón, a fines del siglo XV, descubrió lo que luego dio en llamarse América. Incluso murió sin haber salido de su error, ya que siempre creyó haber llegado a algún lugar de Asia, posiblemente a la India; de allí el nombre de indios dado a nuestros aborígenes. Es historia sabida
Las especias, codiciadas y necesitadas por la sociedad europea que no podía reproducirlas en su propia tierra, eran importadas desde el Lejano Oriente y su precio era exorbitante. Éstas sufrían un incremento del 800 por ciento sobre su valor, en calidad de impuesto, que los turcos otomanos aplicaban sobre ellas para permitirles a los cristianos transportarlas a través de sus amplios territorios; era casi un desborde más de fanatismo religioso pero que dejaba buenos dividendos. Se sabe que 2.500 toneladas, como mínimo, pasaban por Venecia, y ésa no era la única ruta. El jenjibre, el clavo y el cardamomo (en ese orden), así como la canela, la nuez moscada y la pimienta, eran las especias más requeridas para fabricar salsas que hiciesen soportable lo insípido del pescado seco que se consumía durante todo el año. Estas salsas de por sí ya eran desabridas puesto que aún no contaban con lo que terminaría siendo su ingrediente principal: el tomate (gentileza de América)

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Jaime Muñoz Vargas 

 

 

 

    Arena movediza de la crónica

 

Jaime Muñoz Vargas


Cronistas, historiadores y crónicas.
Saúl Rosales.
s/e.
Torreón, 2017, 142 pp.

 

Uno de los géneros periodísticos o literarios o periodístico-literarios que más problemas ha causado a quienes intentan definirlo es la crónica. Lo podemos comprobar si nos asomamos a otros géneros: cuando alguien dice "entrevista", sabemos aproximadamente de qué habla; si alguien dice "poesía", también. No quiero decir con esto que todo sea siempre claro y quede bien delimitado, pues a partir de las definiciones académicas se pueden dar cruces, mixturas, mestizajes de toda índole, lo que a veces hace imposible definir tal o cual texto. A esta circunstancia debemos añadir la cuota, a veces no pequeña, de variaciones en el significado de una palabra, de suerte que terminamos obligados a manejarnos con tiento si nombramos tal o cual texto de una forma o de otra. Como Novelas ejemplares, por ejemplo, Cervantes designó piezas que hoy quizá no nos atreveríamos a llamar de tal manera, sino cuentos o relatos, quizá, ya que nos parecería difícil que doce "novelas" cupieran en un solo libro. Lo que pasa es que el género que hoy conocemos como cuento no empezó a ser llamado así sino hasta mucho tiempo después, bien entrado el siglo XIX. Era imposible, por ello, que Cervantes llamara cuento a "El licenciado vidriera" y a todas las demás historias reunidas en aquel famoso libro.

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El ombligo de piedra 

 

 

 

    EL OMBLIGO DE PIEDRA

La columna de Rogelio Ramos Signes

Profecías y lluvias ácidas

 

Que este no es un mundo para gente impresionable, es una verdad tan grande como obvia. Que si nos tomamos en serio todo lo que vemos o escuchamos nuestra expectativa de vida se reducirá considerablemente, también es una verdad inmensa. El exceso de información innecesaria que nos inoculan a diario es imposible de digerir; sólo tamizándola a través de un cedazo de malla bien abierta es posible que lleguemos a captar alguna porción de la realidad.

Agoreros de toda pelambre pululan por el planeta a la caza de incautos; y aunque suene a delirio paranoico, nada me saca de mis trece. El miedo es un buen negocio y hay quienes quieren aprovecharlo porque los tiempos corren con mucha prisa.

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EL OMBLIGO DE PIEDRA

La columna de Rogelio Ramos Signes

Los libros de la mala memoria

Entre los libros más leídos de los años 70 se encontraban aquellos que trataban temas referidos al sexo, en ediciones casi siempre españolas, mexicanas o colombianas y en traducciones de originales estadounidenses. Muchas encuestas dudosas, muchos reportajes fraguados, muchas conclusiones caprichosas llenaban volúmenes de cientos de páginas. Era lo único que se podía leer sobre el tema y, al parecer, tenía que alcanzar. 

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 2006-04-A

    

Hay minificciones que no son banalidades

Guillermo Bustamante Zamudio*

Exclusivo para Tardes Amarillas

 

Una publicidad (comentada por Violeta Rojo durante el VI Congreso Internacional de Minificción), invita a escribir un cuento breve a propósito de cierta bebida alcohólica, no destilada, de sabor amargo, que se fabrica con granos de cebada germinados. Hacer una minificción es cosa de aflojarse un poco con una cerveza y “soltar la mano”. Hoy, entre las listas de tales textos, hay anécdotas triviales y chistes cuya escritura y disfrute no requieren de mayor capital cultural.

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