Patricia Nasello

EFEMÉRIDES DE ENERO

 

-El 2 de enero conmemoramos el 92º cumpleaños de RAÚL GUSTAVO AGUIRRE (Buenos Aires, Argentina).
Amamos algunas poesías porque nos maravillan o estremecen; porque nos impulsan a revelarnos, a vivir, a confiar; porque nos envuelven en la tortuosa pero también dulce niebla de la melancolía o en ese sueño lúcido, que con tanto empeño deseamos brillante, del futuro. Pero qué pasa cuando una poesía, una sola, es todo eso a la vez. Lo que viene en camino y el pasado y dejarse llevar y poner toda nuestra energía en este instante y decir basta y enfrentar y disfrutar el terror que aún agobia y permitir que aquella realidad que nos excede se concentre, sin embargo, en un solo punto, en un único poro, el más sensible. Una sola poesía, esta:

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el ombligo de piedra 

 

 

 

     EL OMBLIGO DE PIEDRA
La columna de Rogelio Ramos Signes
Esa otra literatura 

Kenneth Owen, en su ensayo Camino hacia el maestro que llevamos dentro, defiende la idea del hombre como ser naturalmente religioso. «Al igual que la palabra, al igual que el sonido articulado, el ser humano lleva potenciada en las moléculas que inciden en el hipocampo del cerebro la idea de Dios» asegura el autor, sin hesitar. Cuesta creerlo, pero así son estos libros de presunta divulgación científica. Jessica Haig en el epílogo de Milagro en el jardín de la manzana, en estilo directo y despiadado, y Paloma Irene Labarta en Vacaciones inteligentes de mister Swamp, algo más sutil; se ensañan con este promocionado autor británico.

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El ombligo de piedra 

  

 EL OMBLIGO DE PIEDRA

La columna de Rogelio Ramos Signes   

Sin SOS hasta SDM es HDP

Con la vertiginosa carrera del tiempo (potenciada de manera desaprensiva en estos últimos años) el lenguaje escrito, y hasta el hablado, han sufrido numerosas modificaciones. Esto no sólo se debió a la incorporación de lunfardismos, barbarismos, neologismos y germanías de toda laya, sino también a la adopción de siglas y de cifras por parte del periodismo, en primer lugar, y de la lengua con la que a diario nos comunicamos.

La sigla («letra o signo que se emplea como abreviatura de una palabra» según los diccionarios de figuras filológicas) se ha incorporado a la lengua activa como símbolo de premura en las comunicaciones. Así lo aceptamos, así lo entendemos y, por supuesto, lo decimos mal. Mencionamos algo tan simple como una SRL (Sociedad de Responsabilidad Limitada) y damos por sentado que es «una sigla», cuando en verdad deberíamos hablar de «siglas», ya que SRL está compuesta por tres siglas: la ese, la ere y la ele.

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 Patricia Nasello

 

 

    EFEMÉRIDES 

Patricia Nasello

 

-El 10 de diciembre conmemoramos el 98º cumpleaños de CLARICE LISPECTOR (Chechelnik).
Llegué a Lispector a través del periódico. Dichoso arribo que, veinticinco o treinta años atrás, se produjo cuando "La Voz" publicó "Una gallina". Fue un amor a primera lectura.
La antología de relato breve de la cual tomo el párrafo que comparto contiene cuentos de ochenta autores consagrados. Y aun, entre tal excelencia, puedo afirmar que "El búfalo" de Clarice Lispector es uno de mis favoritos.

EL BÚFALO (párrafo)
"El búfalo dio otra vuelta lenta. La tierra. La mujer apretó los dientes, todo el rostro le dolió un poco.
El búfalo de lomo negro. En el atardecer luminoso era un cuerpo ennegrecido de tranquila rabia, la mujer suspiró lentamente. Una cosa blanca se había esparcido dentro de ella, blanca como un papel, intensa como la blancura. La muerte zumbaba en sus oídos. Nuevos pasos del búfalo la devolvieron a sí misma, y con un nuevo y largo suspiro, ella regresó a la superficie. No sabía dónde había estado. Estaba de pie, muy débil, emergiendo de aquella cosa blanca y remota en donde estuviera.
Y miró nuevamente al búfalo".

(2005) Obras Maestras del Relato Breve, P. 459, Barcelona, España, Editorial Océano.

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La columna de Rogelio Ramos Signes 

El padre del tarantaleo

 

Un extraño círculo de personajes, agrupados alrededor de la figura de Charles Nodier, dan color a algunas anécdotas parisinas de los primeros años del siglo XIX. La bibliografía de estos recuerdos pintorescos es el prefacio que Alejandro Dumas escribiera para La mujer del collar de terciopelo negro, del propio Nodier.
Pixerecourt, el bibliófilo Jacob, los marqueses de Ganay y de Chalabre, François Wey, Cailleux, Dumas y algún otro, frecuentaban y eran parte de ese círculo. Allí Nodier desgranaba su inventiva infinita, enriquecida por un sinnúmero de lecturas, ante el silencio respetuoso y atónito de sus comensales.

El marqués de Ganay, al parecer, era un hombre voluble y caprichoso, se enamoraba perdidamente de un libro y no descansaba hasta hacerse de él, valiese mucho o poco, pero costara lo que costase. «Le era fiel un mes; más que fiel, entusiasta —recuerda Dumas—. Lo llevaba siempre encima, paraba a sus amigos para enseñárselo, dormía con él bajo la almohada y encendía una vela en plena noche para contemplarlo, pero no lo leía jamás».

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