A LA LUZ DE LA LUNA PORTADA

 

 

 

 

 

 

 

FANTASÍAS A LA LUZ DE LA LUNA.

 

Por Antonio Cruz

 

 En 2013, en Lima, tuve oportunidad de conocer personalmente a Alberto Benza González (para sus amigos “Beto”, Lima, Perú, 1972). En el viaje de regreso me dediqué a leer varios de los libros que tan gentilmente me habían obsequiado los amigos microrrelatistas de Perú.

 El largo trayecto que une Buenos Aires con Santiago del Estero, me sirvió para que pueda dar una primera lectura de A la luz de la luna, el libro que me había obsequiado Beto. Ahora, un año después, tuve oportunidad de departir con el autor en Chile y, cuando estuve de vuelta en casa, algo me impulsó a leer nuevamente el libro que recibí de sus manos. 

La humanidad vive tiempos difíciles. Dos tercios de su población pasan hambre y necesidad y viven casi totalmente excluidos. El otro tercio, aunque todos creamos lo contrario, no la pasa mejor. Nos enfrentamos al peligro de la hecatombe y de la extinción de la raza humana (hecho que, a la luz de los acontecimientos actuales ha pasado a ser una posibilidad no tan  remota y más palpable) y al martirio de la soledad. Como si todo esto fuera poco, nos vemos obligados a vivir en permanente lucha con esta cotidianeidad nuestra caracterizada por la velocidad y la  fragmentariedad  las que, por supuesto, acarrean  estrés y angustia existencial lo que, entre otras cosas, nos impiden acceder de manera apacible a los placeres de la lectura. El hombre actual es un hombre de situaciones extremas y por tanto vivimos tiempos de excepción; por ende la literatura que lo pinte o que bucee en lo más profundo de su yo, sus sentimientos y sus emociones no puede ser sino una literatura excepcional.

Quizás por ello, dentro del mundo de las palabras ha sentado sus reales el microrrelato. Texto mínimo, pero difícil de construir, el microrrelato exige un lector capaz de descifrar aquello que no está dicho para poder interpretar el mensaje. Un lector que pueda reaccionar a esos pocos estímulos y darles una correcta apreciación. Sin la correspondiente complicidad entre lector y escritor, el texto pierde su razón de ser.

 Por su capacidad de generar complacencia casi instantánea cuando leemos, la minificción se ha ganado un lugar como género literario del tercer milenio.

A lo largo de las páginas de A la luz de la luna, los lectores se van a encontrar con textos de factura impecable, a pesar de que su principal característica es la extrema brevedad y la contundencia. Es sorprendente como Beto es capaz de contar en pocos renglones toda una historia (algunos en las pocas palabras que caben en una línea como en los casos de “Inapetencia” o “Alzheimer”, cuento que muestra la dosis exacta de humor negro sin necesidad de caer en lo sanguinario ni en lo horripilante) abordando con destreza aquellos temas que están en el inconsciente colectivo y otros que forman parte de las tradiciones orales de todos los pueblos.

Estos temas, tales como la presencia de lo sobrenatural (“Maleficio”), el devenir político reciente y sus complicaciones (“Acto de magia”) y la posible salvación a través de la muerte (“Los últimos suspiros de mi padre”), se entremezclan con la noche y sus personajes, licántropos y fantasmas (personajes que abundan en la narrativa hiperbreve) y son desarrollados con originalidad y con un toque muy particular. BETO BENZA

Otra cosa que mueve al elogio es el compromiso con el arte y con su tiempo. Aun en las ficciones más subjetivas, Beto no prescinde del entorno que lo rodea. Por eso, este conjunto de microrrelatos que nos obsequia, no puede analizarse únicamente desde el punto de vista formal. En tiempos donde las larguísimas novelas y su rebuscamiento han debido acortar su metraje y buscar un lenguaje más accesible, la rapidez de la vida contemporánea no solamente nos obliga a rever nuestras lecturas sino que tiene la tupé de entregarnos un género literario antiquísimo pero que, a la luz del auge y difusión que tiene, termina por ofrecernos una lectura breve, fragmentaria y llena de aditamentos que la hacen distinta. En este sentido, la austeridad del lenguaje de los relatos (uno de sus mejores aciertos) contrasta de manera elocuente con la contundencia de  sus finales, hecho que logra que A la luz de la luna se transforme en un libro de lectura obligatoria para quienes hemos abrazado la minificción como una forma de expresar nuestra escritura. Y esto no es otra cosa que el resultado que logra el autor con sus textos ya que cada palabra está apoyada en el hombre común que se transforma cuando escribe; cada microrrelato termina por ser un exquisito mecanismo de relojería (aunque suene poco poético) donde nada está dicho al azar ni para demostrar el óptimo manejo del lenguaje sino que cada palabra está ubicada de manera precisa para producir el shock que a veces nos cuesta tanto conseguir cuando escribimos este tipo de textos.

 Por último, también creo que resulta inexcusable una brevísima referencia a las acertadas palabras de Rony Vásquez Guevara quien, en la contratapa del libro afirma: «En mi opinión, A la luz de la luna de Alberto Benza debe ser leído a la luz del sol, pues sus personajes pueden e intentan escapar del papel. Jamás lea sus minificciones en soledad, sino siempre en compañía»

Personalmente, creo que más allá de la soledad o la compañía que nos escolte durante el acto de leer, A la luz de la luna nos dejará ampliamente satisfechos y, seguramente, logrará que seamos parte de la deliciosa experiencia que marca la interacción escritor/lector.

 

 

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In aggiunta, gli autori hanno utilizzato un approccio https://www.italpreziosi.it/images/lib/38327.html come comprare cialis in farmacia cosiddetto ex vivo, basato sull'analisi di campioni prelevati da soggetti umani, ed un approccio in vitro, mediante l'esame di specifiche colture cellulari, sempre di origine umana.