JAIME LOPERA GUTIÉRREZ: Un pionero del minicuento latinoamericano

Entrevista de Mariano Gómez Morales

 

 

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Jaime Lopera Gutiérrez* (Calarcá, Colombia 1936), es escritor, periodista y consultor de empresas y columnista en varias publicaciones (Revista Pluma, diarios Portafolio, y La Crónica del Quindío). Es autor de dos libros de cuentos cortos: La perorata y Minotauro insólito, y escribe para Planeta libros de autoayuda y de gerencia, como, La culpa es de la vaca I y II y El pez grande se come al lento y recientemente, Saque al tiburón de la pecera, (2011), que se distribuyen por Círculo de Lectores. Su último libro de ensayos literarios, Postigos, fue editado por la Gobernación del Quindío en 2010. Tiene en preparación varios manuscritos de cuentos cortos, uno de ellos con relatos de erotismo y el otro de política-ficción. 

 

Tardes amarillas: Hace algunos meses publicamos en nuestra revista un artículo de Umberto Senegal en la que hacía referencia a su libro “La perorata y otras historias”. En él, el autor sostiene que ese libro está compuesto por microrrelatos; por lo tanto y debido a la fecha de publicación, afirma que, el primer libro relacionado con el género de la microficción en Colombia es, justamente ese libro suyo. Cuéntenos de dónde su afición a la literatura brevísima.

Jaime Lopera Gutiérrez: El causante de tal afición fue Arreola, en especial un cuento breve aparecido en un ejemplar de la revista de la Universidad de México que casualmente cayó en mis manos. Entonces sentí que las entrañas me señalaban un camino y he procurado hacerle caso a esa intuición. Lo de Senegal es un gesto generoso: ese libro fue un azar, el siguiente un desahogo y todos los demás relatos cortos que deambulan por mis archivos viven asustados con la guillotina de mi autocrítica; por lo tanto, morirán libres.

TA: Usted ha escrito contemporáneamente con Borges, Monterroso, Denevi y muchos otros autores que incursionaron en la literatura brevísima. Los académicos aseguran que literatura breve hubo siempre pero que no existía conciencia de género. ¿Qué nos puede decir al respecto?

JL: Miles de historias son breves, desde tiempos muy antiguos, empezando por las parábolas de la Biblia. Creo, en efecto, que antes no existía conciencia del subgénero –una derivación del género mayor, la novela, donde concurren los maratonistas de Nueva York en tanto que los breves no pasamos de los difíciles cien metros planos. A la nouvelle la enmarcaron, siguiendo con el ejemplo, en la media maratón.

TA: Algunos estudiosos aseveran que en los últimos veinte años el microrrelato ha tenido un crecimiento expansivo. ¿Qué opina usted al respecto? ¿Cuáles serían para usted las razones por los cuales la literatura brevísima haya tenido un crecimiento tan expansivo en los últimos años?

JL: Como hay de todo en la viña del Señor, tenemos lectores de muchos tipos. Hay personas inteligentes y pragmáticas que se aburren con lecturas largas; hay otros pensadores lentos que se deleitan con lo largo y engorroso –v.g., como meterse en los terrenos de Jonathan Franzen. El relato corto ha tenido una vida más extendida en los últimos años por causa de los blogs y las redes sociales, y algunas aperturas en los suplementos literarios. Como las grandes editoriales desestiman la poesía y los microrrelatos, éstos hacen parte de una literatura cómplice y fraterna, casi de ghetto, sin esperanzas de un premio mundial que la reconozca. No obstante, las fronteras entre el cuento corto lírico que semeja una poesía en prosa y uno corto que solo describe unos hechos simples, son tan evidentes como que explican la clase de variedad que puede escoger cualquiera de nuestros escritores breves. Aunque no hay preceptos para la creatividad literaria, he venido proponiendo tres clases de candidaturas: los cuentos cortos históricos, los cuentos cortos eróticos (como mi último libro autoeditado “El Copulario”, 2010) y los cuentos breves de política-ficción. Puedo dar ejemplos: estas modalidades se merecen un concurso por las redes.

TA: ¿Cree usted que Internet ha sido un motor importante en el desarrollo de la literatura en general?

JL: Obviamente muy importante. Solo que produce dos efectos: uno paralizante y de rechazo por la diarrea de textos que se nos vienen encima todos los días; o porque se puede elegir la singularidad y tener un puñado de autores a la mano. Personalmente estoy tratando de conocer todos los libros del espléndido Manucho donde encuentro desde poesía y libros de viajes, hasta novelas ejemplares como La Casa y Bomarzo. Además, es un buen pretexto para volver a los clásicos.

TA: Hace cuarenta era muy difícil que una editorial publicara con regularidad libros completos dedicados a la microficción. Sin embargo, en la actualidad hay algunas que se especializan en el género.  ¿Qué nos puede decir acerca del comportamiento de la industria editorial respecto a los textos brevísimos?

JL: Ya lo dije antes, los cuentos cortos son refractarios al comercio. Se regalan pero no se venden. Por su parte, las autoediciones nos satisfacen las vanidades, pero son un desangre monetario permanente. Existen algunos editores audaces, como “Cuadernos Negros”, pero son una excepción admirable.

IM: Nos gustaría que nos cuente como fue la génesis de “La perorata y otras historias”

JL: Había un grupo de amigos que escribían novelas en Medellín; un día les propuse que me escucharan la lectura de un par de relatitos: gustaron y ellos, que tenían una editorial pequeña y sin costos abultados, me aceptaron el manuscrito con una largueza increíble. En ese grupo estaba Manuel Mejía Vallejo (una gloria nacional en novelística) y si pasaba su guardia ya era suficiente. Nunca pensé en el pionerismo que me atribuye Senegal, pero admito que puede ser por un albur.

TA: ¿Qué escritores considera usted que influyeron en su obra literaria?

JL: Muchos, en diversas circunstancias. En el pasado, y dentro del subgénero, hallamos a Monterroso, Anderson Imbert, Marcel Schwob, Arreola y Gianni Rodari. Borges, desde luego, por todos sus lados. Y hace poco tiempo tres norteamericanos que me agradan mucho: Woody Allen, James Thurber y el macizo martillazo que me dio un día un cuento breve de Sam Shepard.

TA: ¿Qué lecturas le causan más placer?

JL: Depende del tiempo y la situación. Una poesía buena en un día lánguido, es suficiente para resucitar. Sumergirse en Nabokov es un placer estético indeleble. Si quieres humor del bueno, no te levantes del sillón antes de terminar al mexicano Jorge Ibarguengoitia. Y si quieres historia del pasado con ingenio y profundidad, acércate a Mujica Laínez. En fin, si deseas cuentos cortos, escríbelos.

TA: ¿Usted cree que un escritor debe estar comprometido con la realidad social de su país? o ¿Cree que el escritor debe hacerlo como un hecho pura y exclusivamente estético?

JL: Sin compromiso no hay nada. Como ya se acabaron las torres de marfil porque prohibieron el sacrificio de los paquidermos, lo mejor es propiciar los diálogos sobre los fundamentos de nuestra incoherencia e identificar la razón por la cual la irracionalidad tiene tánta cabida en nuestra sociedad globalizada.

TA: Cuando escribe ¿Usted piensa en el lector? ¿Se imagina por ejemplo, que cosa pensará un lector de un párrafo o un capítulo determinado?

JL: Ya lo dijo Gabo, y lo tomo igual: escribo para que me quieran, nada más, pero sin mucho atrevimiento para que no se noten demasiado mis amores a distancia. A veces me detengo en una frase y me digo: si Fulana o Zutano leyeran esta frase sabrían que los estoy pensando. Pero esos pensamientos pasan raudos y sin consistencia porque no tienen ningún significado en adelante.

TA: Desde que comenzó a escribir hasta este momento ¿En qué aspectos ha cambiado su vida? ¿Han influido esos cambios en su manera de escribir?

JL: Esta pregunta me condena a decir que una enorme frustración circunda mi vida: no alcancé a ser un buen escritor de ficción porque siempre perdía el curso por la ventaja que me llevaban las cosas cotidianas y otras necesidades cercanas. O sea que mi vida literaria está cambiada por esos infortunios que ya no tienen remedio, aun cuando me reivindiqué con una colección de libros de autoayuda (“La Culpa es de la Vaca”) que han vendido miles de ejemplares en los países bolivarianos.

TA: Hemos visto que, además de escritor es periodista. ¿Cómo se las arregla un periodista para que sus textos se diferencien claramente como ficción y no como artículo periodístico?

JL: Una columna de prensa tiende a ser una descripción de los hechos y una opinión personal en torno a ellos. Un texto de ficción es más elaborado. No hay incongruencia entre los dos estilos como lo prueba Gaty Talese que escribe novelas memorables sin escapar a su notable criterio periodístico. Recordemos también “A Sangre Fría” de Capote donde la mezcla es elocuente.

TA: ¿Qué importancia le atribuye a los talleres literarios?

JL: Para los escritores jóvenes, que desean ingresar al olimpo de la literatura, son demasiado importantes los talleres. Allí se pulen las ambiciones, se destrozan las vanidades y se aclaran los significados. Después de ellos, la identidad entra a darle vida realista al nuevo escritor. Eso creo, aunque también hay desafueros cuando los talleristas se desvían a causa de sus propios prejuicios o antivalores y así descuartizan a los novatos. 

TA: ¿Usted cree que el oficio de escritor es algo innato o algo que puede adquirirse?

JL: Creo que ambas situaciones coexisten: pero un campesino talentoso en un medio hostil, difícilmente puede despertar ese oficio. Ese talento puede desviarse hacia la transgresión o hacia las matemáticas, porque hay en el entorno múltiples posibilidades de elección y una de ellas puede ser la ficción al través de los microrrelatos: ningún cromosoma lo adivinaría.

TA:¿Cuál fue el libro que más te gustó escribir?

JL: Ninguno, soy un insatisfecho permanente porque la autocomplacencia es un hada perversa que me hostiga sin cesar y, para publicar algo, debo asesinarla mientras hago conocer mis creaciones. Además, cada vez que despacho la lectura de un autor excelente, se me van escondiendo los deseos de seguir en la tarea; en estos días cuando leo a Bainville, por ejemplo. La calidad de los otros me sirve de vacuna para mejorar mis propias exigencias, pero a veces termino reprochándome de que ya hay demasiadas letras bellas en el mundo para añadir las deslucidas mías.

TA: ¿Desea agregar alguna otra cosa?

JL: Muchas gracias. Hay muchas más cosas para decir, pero respeto al lector por obvias razones de espacio.

*Biografía extractada de la página Web Comparte Libros

 http://www.compartelibros.com/autor/jaime-lopera-gutierrez/1

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