ESTEFANÍA PÁEZ JIMÉNEZ

 

La mano

que rompe la noche,

separándola

como si fuera un trozo de papel.

La mano que escribe

poemas inflamados;

la mano que blande

la espada y la incrusta

impiadosa en la carne

                                        que ama

La mano benefactora

que se ofrece como una estrella,

la misma que Alcanza

                                        el vértice. 

 

 

 

 Lamento. 
La noche ha extendido su fina telaraña nuevamente,
y yo he caído cual insecto aturdido.
Desesperanzada, mi alma va tocando cada puerta
dando alaridos de dolor.
Taciturna, mi mirada despelleja la luna anaranjada.
Suspiros que preguntan dónde estás.
Ausente, descarnada,
recorro las calles con un rumor de lamento.

 

 

Es todo demasiado
cuando uno no es nada
cuando uno no es ni la noche
y cuando no existe ni en el espejo.

 

 

Los golpes y la furia
en los dientes
en los dientes las palabras
se esconden
y lo contaminan todo,
lo dinamitan.

 

 

Las monedas y la llave.
La llave esperándome,
la llave inalcanzable,
que siempre tengo en mano,
y que no abre ninguna puerta.
La llave desesperante,
la llave abriente,
la llave-esperanza.

 

 

Almohadones
y llantos-risas
y noches-días,
que es lo mismo,
porque nada cambia
y se mezcla todo
mientras espero.

 

 

Quietud, quietud
acompañada por un caos informe y sonoro,
que a veces se muestra como un fantasma polvoriento,
y que es lo único que me entretiene.

 

 

Cómo continuar, cómo,
si no vivo, cómo
si la noche es tan amplia,
y me acoge en su mano hermosa.
Cómo, cómo, cómo.
Cómo se vive con tanta luz y tantos ojos,
y tantas expectativas de vida,
y no de cerraduras
ni de flores.
Cómo, cómo con esta carga
y cómo sin brújulas, sin mapas
ni intenciones.

 

 

El humo porque todo es humo,
y es todo insoportable,
y son todos símbolos,
uñas sucias y rotas,
y nada es benevolente
con aquel que se está despidiendo.

 

 

Qué debo esperar
y cuánto,
y dónde aparecerá,
cargando cuáles artimañas.
¿Sonreiré o lloraré ante sus dedos verdugos?

 

 

ESTEFI 2

Estefanía Páez Jiménez, apenas tenía 15 años cuando ya dedicaba gran parte de su tiempo a escribir; en pocos años ha demostrado un importante crecimiento en su estilo lo que la trasforma en una de las voces emergentes más importantes de la literatura santiagueña.  Siendo todavía adolescente publicó su primer libro (Los Filos de la culpa) donde demostró un excelente manejo de la palabra escrita.  En dicho libro incursiona en el microrrelato y en el cuento tradicional. Tardes amarillas ofrece una selección de poesías que forman parte de su próximo poemario.