CAROLINA 2 

El microrrelato y las infinitas realidades de mi alma*

Por Carolina Cisneros Pinedo

Despertar todos los días a las seis de la mañana con desgano, ponerme el bendito uniforme, tener que tomar el desayuno, era ya suficiente para sentir que algo en mí empezaba a morir.
Acatar las reglas del colegio, hacer fila en el patio, rezar, cantar el himno nacional con una mano en el pecho, escuchar las clases, leer los textos y tener que memorizarlos para el próximo examen, me hacían ver como un robot, un ser sin vida propia, sin alma.

Regresar a mi casa, almorzar, memorizar y por fin, dormir. Soñar era lo mejor que me podía pasar, así tenga pesadillas recurrentes.

La somnolencia me vence al día siguiente. Entro en un estado hipnótico y mis ojos, más no mi mente, se quedan puestos en el vacío, tal vez en el infinito. Recuerdo una de mis pesadillas. Corro por las calles y me escondo entre las casas mientras un monstruo, tipo alienígena, me persigue. Tengo miedo. Quiero entender lo que significa. De pronto un llamado potente me saca de mi abstracción. Es la profesora preguntándome sobre lo explicado en clase y por arte de magia doy con la respuesta correcta. Ella queda sorprendida.

O inconscientemente atendía la clase o la respuesta ya me la sabía por otras fuentes.
Entonces me doy cuenta que no es suficiente saber lo que enseñan en el colegio. Es necesario explorar más allá de la simple información. 

Cansada de ir en movilidad al colegio y regresar en movilidad a mi casa, decido caminar. Pero al estar acostumbrada a que me lleven y me traigan, deambulo por las calles como una adolescente errante. Mi mente se vuelve a perder y me golpeo la frente contra un poste.
Algo no está bien en mí.

Descubro nuevos mundos. Es aniversario del colegio y debo pedir un deseo a la virgen. Por cosas del destino o milagros, se me cumple.

Desesperadamente, suplico por un nuevo deseo, pero esta vez nada sucede. O la virgen ya no me quería ayudar o mi mente era la que orquestaba todo. Decido explorar en la Ouija. Resulta que la moneda se mueve. Estoy 100% segura que mi dedo no aprieta la moneda. Pero casi nadie cree o varios tienen miedo y desisten. Los condicionamientos de la escuela me hacen confesarme y recibir una gritada del cura. Se acerca la confirmación. Reflexionar los fines de semanas una y otra vez hasta lo más profundo de nuestro ser, en lugares como si fueran “conventos”.
Pero si ya teníamos las reglas claras, no entendía qué más había que pensar.

De pronto empieza una sesión retorcida. Macabra diría yo. La animadora nos da una charla muy larga. Críticas, recriminaciones sobre nuestro mal comportamiento, gritos. Casi todas lloramos. Acto final, la animadora trae una cruz y nos la muestra gritando que ¡él es nuestro salvador! Varias lloran con más fuerza. Pero eso no era suficiente. Había que besar la cruz. No entendía que era más real, las sesiones macabras con la animadora o mis encuentros cercanos con la Ouija.
Las pesadillas volvían. Despertaba cada vez más cansada. No quería ir al colegio, pero me sentía mal de faltar. Moría el tener que cumplir las reglas, pero también moría si es que no las cumplía.
Pensar en la muerte, la Ouija, rondaban constantemente por mi mente.

Tiene que haber algo más. Algo “más real”. Ingreso al mundo de la música.

Me encierro en mi casa explorando los instrumentos, las letras, las melodías. Me gusta tocar guitarra. Días seguidos disfruto grabando canciones en cassettes. Las emociones empiezan a aflorar en mí. Me enamoro del vocalista de un grupo musical y lloro escuchando sus temas. No paro de pensar en él. Golpe en la frente contra la puerta. Tal vez es momento de hacer contacto con chicos de verdad. Es momento de crear mis historias “reales”.

Hago amigos y amigas de barrio. Salimos en grupo. Sus vidas oscuras me parecen más interesantes que las cosas que veo en el colegio. Mi inconsciente es más fuerte que mi consciente, por eso mi mundo es caótico. Algo trata de decir mi mente.

Empiezo a salir con chicos. Ellos están muy entusiasmados y yo sigo hermética, cerrada, perdida. Ellos expresan sus emociones, me graban canciones románticas y yo no digo nada. Sin embargo, en mi cama imagino besándome con un chico que nunca vi. Ellos se empiezan a desesperar, no entienden nada, se van alejando sutilmente. Yo empiezo a pensar más en ellos. Me muero porque vayan a mi casa. Pero ya no están.

Tiene que haber algo más. Tal vez, debía vivir en la “verdadera realidad”.

La Universidad, la siguiente realidad. Despertar todos los días temprano, pensar qué ropa me pondré, desayunar… todo vuelve a ser igual. Escuchar la clase, regresar a mi casa, almorzar, memorizar y por fin, dormir. Volvía a morir, pero de una manera diferente. Las pesadillas me volvían a salvar, pero de una manera diferente.

Empieza el curso de narrativa audiovisual. Me entusiasma pensar en un guión. Por mi costumbre errante hago los trabajos a última hora. Puntos menos. Apruebo. Dirección artística. Escribir un cuento viendo una foto. Última hora, puntos menos. Apruebo. Varios desaprueban. Algo bueno está sucediendo pero aún no lo entiendo. Confusión total.

Tiene que haber algo más.

Trabajar. Publicidad. Producción audiovisual. Despertar temprano, pensar qué ropa me pondré, desayunar, coordinar, presupuestar, dirigir, buscar. No me gusta que me manden. Creatividad.
Despertar temprano, pensar qué ropa me pondré, desayunar, pensar, pensar, pensar, pensar, pensar… algo salió bien. Estoy contenta. Pensar, pensar, pensar. Pero algo falta. Falta el alma.
Escucho música y empiezo a escribir. Me sorprendo de los personajes que aparecen, de cómo poco a poco los dejo ser. Ellos quieren vivir, al igual que yo, pero les dejo de lado.
A trabajar nuevamente y más, a crear menos. A morir nuevamente, pero de otra manera diferente. Las energías se agotan. Las pesadillas vuelven. Estoy en el colegio y el patio es un cementerio. Recorro por los ataúdes y escucho voces, voces de lamento. Hay personas a mi costado observando y escuchando también el espectáculo. Algunos lloran. Trato de descifrar ese sueño.
Tiene que haber algo más.

Debo vivir más, tener más experiencias. Me desconozco. Ya no me choco contra los postes, pero sí me mato de risa con solo imaginar que hago bromas a la gente. De pronto los transeúntes me quedan observando. Creo estar enloqueciendo. Violo las reglas del buen comportamiento, no creo en nadie ni en nada. Relaciones caóticas, al igual que mi mente caótica. Mis demonios salen a flote. Grito, me enfurezco, pataleo, araño, pego. Estoy viviendo. Pero debo bajar las revoluciones. Mi vida debe ser más positiva.

Viene un nuevo trabajo. Soy más yo. Me pinto el pelo con mechones morados. Soy una compradora compulsiva. Reuniones sociales. Me divierto. Tomo mucho, me desvelo, bailo. Soy feliz. Hago reportajes, vuelve la Ouija que encierra la palabra oculta y mis relaciones con otros mundos. Algo sigo buscando y no sé qué es. De pronto vuelvo a ser consciente que me despierto todos los días a la misma hora para ir temprano al trabajo y me regreso siempre tarde. Quiero volver a morir pero no me dejo. Debo tomar decisiones más rápidas.

Tiene que haber algo más.

Viajo, aprendo, vivo, pero no es suficiente. Regreso, escribo nuevamente. Trabajos más creativos. Me peleo con mi jefe. Mi alma quiere algo más, sin ataduras ni limitaciones. Cuanto más sumergida en la reglas más empuja una fuerza interna hacia afuera.Vuelvo a escribir. Cuentos. Algunas publicaciones empiezan a aparecer. Talleres. Ingreso a uno de microcuentos. Brotan las historias. Historias más cortas que insistían en mi mente, podían ser concretadas. Más historias, más realidades, diferentes tiempos, diferentes intensiones, diferentes personalidades brotan de mi alma. Quieren que las deje ser.

Ahora estoy frente a ustedes y creo que debe haber algo más.

  

Exposición Carolina

 

 

 *Este texto fue leído en la Jornada Trinacional de Microficción Borrando Fronteras organizadas por el Colectivo Ergo Sum con el patrocinio de la Universidad de Santiago los días 8 y 9 de octubre en Santiago de Chile.

Carolina Cisneros Pinedo nació y vive en Lima (Perú)en 1978 y cursó sus estudios en la Universidad de Lima.