LA NOVELA NEGRO-CRIMINAL                               

LA NOVELA NEGRO-CRIMINAL

Por Fernando López*

Hace un par de meses escribí para una revista española: “La novela negro-criminal viene pisando fuerte por el mundo entero. Haciendo ruido, a paso firme. Y por cierto también por los campos fértiles de la República Argentina, con la conciencia de que es el género más adecuado para meterse hasta el hueso en la realidad de una sociedad que transita su etapa de consumismo descarnado y brutal. A pesar de que tenemos un Estado que protege a los excluidos, abunda la corrupción: en la burocracia administrativa, en las provincias, en la justicia, en la policía, y aunque esto no sirva de consuelo, en muchos países del mundo -salvo honrosas excepciones- podemos encontrar corrupción. Sean o no capitalistas en su estadio actual del hiperconsumismo: la hubo en la Rusia soviética, con los burócratas del zar y toda su lacra camuflados en el torrente avasallador de la revolución que no fue; en los países del África explotada por las potencias coloniales y en el resto del mundo, como una marca que no es un defecto a resolver sino una cualidad del Estado moderno, en todos los sistemas políticos conocidos… Mientras tanto, la novela negra y policial, o criminal, como gusta llamarse a sí misma, no deja de arrojar luz sobre las zonas sombrías de su historia. 

      Otros condimentos que nutren a la novela cordobesa: una policía provincial cuyos mandos superiores están inficionados por el narcotráfico a una escala nunca vista, fiscales y jueces que no investigan las muertes sospechosas de policías “suicidados” y ensucian las pruebas que deben preservarse para los gabinetes técnicos, y una caterva numerosa de delincuentes de guante blanco, que cómodamente sentados detrás de sus ordenadores, sin arriesgar el cuerpo como los ladrones que salen a asaltar con sus armas, producen enormes desfalcos bancarios en perjuicio de toda la sociedad”.

      Ese caldo de cultivo propicia una presencia notable de la novela negra y policial en los estantes de las librerías argentinas. Esas fueron algunas de las razones para impulsar e instalar en esta provincia el Primer Encuentro Internacional de literatura negra y policial llamado Córdoba Mata, que contó con la participación de destacados escritores y críticos de nuestro país y de Uruguay, Chile, España, Colombia, Francia e Irlanda. El objetivo fue promover un polo cultural inter-disciplinario que nos identifique como una de las capitales mundiales del género policial. Muchas ciudades en el mundo se identifican y sobresalen como promotoras de actividades culturales que promueven su conocimiento y su identidad. Son famosas las ciudades de Gijón, Barcelona, Valencia, París, Toulousse, Medellín, Buenos Aires, Mar del Plata, entre muchas otras, como sedes de festivales y encuentros anuales de literatura policial. Francia y México se conocen como sedes de varios encuentros y festivales anuales de esta especialidad. Córdoba tiene, además de sus bellezas naturales, una varias veces centenaria tradición cultural que sobresale por sus Universidades, sus teatros, sus museos, artistas plásticos, músicos, escritores y muchos otros animadores culturales. Estamos convencidos de que la instalación de esta actividad en forma periódica permitirá que Córdoba sea identificada como sede de un encuentro que promueve la discusión y difusión de uno de los géneros más populares y celebrados en el mundo.

      Para realizar este cometido contamos -además de la Secretaría de Cultura de la Municipalidad que organizó la tradicional Feria del Libro- con los apoyos institucionales de la Secretaría de Extensión Universitaria de la Universidad Nacional de Córdoba, el diario La Voz del Interior, el Centro Cultural España-Córdoba, el proyecto internacional Anilla Cultural que es un servicio de tele-conferencias, la Oficina Cultural de la Embajada de España, el Ministerio de Educación y Cultura de Montevideo y el Ministerio de Comunicación Pública y Desarrollo Estratégico del Gobierno de la Provincia de Córdoba.

      Tuvimos el inmenso honor de contar con la presencia de tres generaciones de escritores argentinos: Mempo Giardinelli, Guillermo Orsi, Raúl Argemí, Juan Sasturain, Jorge Felippa, Lucio Yudicello, Daniel Teobaldi, Enrique Aurora, Javier Chiabrando, Horacio Convertini, Esteban Llamosas, Rogelio Demarchi. Y entre los más jóvenes Martín Doria, Ezequiel Dellutri, Juan Carrá, Alejandro Soifer, Kike Ferrari y Gastón Intelisano, unos pocos, entre los numerosos cultores del género que vienen ocupando su lugar. Y también algunas mujeres (Alicia Plante, Mercedes Giuffré, María Inés Krimer y la uruguaya Mercedes Rosende) que aportaron la frescura de una visión diferente al universo criminal. Bartolomé Leal nos trajo noticias de lo que se escribe en Chile y Rodolfo Santullo y Pedro Peña de la novela policial uruguaya. Gustavo Forero Quintero desde Medellín y Néstor Ponce desde Rennes, Francia, estuvieron presentes gracias al servicio de tele-conferencias Anilla Cultural: Forero hablando de los 250.000 desaparecidos en Colombia y su novela sobre el tema, Ponce de los desaparecidos argentinos y su obra. Desde Canarias nos visitó Alexis Ravelo, ganador serial de premios literarios (como Orsi y Convertini) y la voz crítica la asumieron la irlandesa Kate Quinn, Mirian Pino de la UNC y Fabián Mossello de la UNVM. Los tres días en Córdoba fueron extraordinarios: todas las actividades a sala llena y con gente de pie. Después nos fuimos a Mina Clavero, en Traslasierra, a tres horas de viaje por un camino de belleza hipnótica donde expusimos ante lectores locales, y el domingo 14 de setiembre nos despedimos de los autores que pudieron quedarse el fin de semana, con un riquísimo cordero cocinado en horno de barro en las cabañas Altos del algarrobo en Cura Brochero. Dijo el canario Alexis Ravelo en su blog (y lo cito porque resume lo que dijeron TODOS los invitados):  cappo. Córdoba mata

      Este revival del género se debe quizás a que lentamente Argentina ha visto nacer varios encuentros, festivales o foros de discusión y difusión del género negro y policial. Estos eventos tienen la particularidad de convocar a públicos muy variados y entusiastas de todas las edades, ávidos de conocer los libros y acercarse a los autores, tomarse fotos, conversar con ellos y salir renovados en el conocimiento de una materia que a todos resulta apasionante. Numerosas cátedras universitarias cobijan a estudiantes que preparan sus tesis sobre novela negra. Se multiplican las colecciones que continúan por la senda abierta por Borges y Bioy con El séptimo círculo y El sol negro de editorial Sudamericana en los años 90, dirigida por Ricardo Piglia (Serie policial de Ediciones del Copista, de comienzos del 2000; Tinta roja de la Eduvim; Código negro de Editorial Punto de Encuentro; Negro absoluto de ediciones Aquilina; Laura Palmer no ha muerto de Gárgola; Extremo negro de la editorial del Nuevo Extremo) y varias más, entre las que quedaron en el camino y las que van apareciendo periódicamente, como las flores en el desierto después de una lluvia.

      Esta primavera negra hace pensar a algunos “entendidos” que puede tratarse de un fenómeno estacional que durará lo que dure el entusiasmo, pero la realidad, esa “realidad” que día a día se complica, nos hacen pensar en lo contrario. Dícese del género negro que produce en el lector la ilusión de restablecer el orden quebrado por las acciones criminales. Al mismo tiempo que entretiene, con sus tramas diseñadas con maestría, ayuda a descubrir en el tejido social las lacras, las perversiones y bajezas propias del humano. E iguala, con su justicia literaria, a todas las clases sociales frente al olfato reparador de los lectores.

      La primera novela de enigma argentina (y latinoamericana) apareció en 1877, escrita con el seudónimo Raúl Waleis por el jurista Luis V. Varela, titulada La huella del crimen y recientemente re-editada por la editorial Adriana Hidalgo. Y desde entonces, el relato negro, en forma de novela o de cuento, se ha mantenido vigente en la Argentina y parece gozar de muy buena salud a juzgar por la enorme camada de jóvenes que viene empujando para ocupar su lugar, con recursos renovados y una batería de audacias de indiscutible valor literario.

 

 

 

 

                         

Fernando López 1 *Fernando López Autor de tres libros de cuentos y varias novelas, entre ellas la saga Philip Lecoq, detective, episodios I, II y III (2012/13); Un corazón en la planta del pie (2011, finalista en el concurso Novelas de Película organizado por el Festival Buenos Aires Negra, BAN! 2014); El mejor enemigo, premio Colima, México (4ta. edic. 2010);  Bilis negra (2005);  Odisea del cangrejo, finalista premio Planeta Argentina (1ª. edic. 2005, 2ª. 2014); Áspero cielo (2007) y El enigma del ángel, (1998). Obtuvo el premio Casa de las Américas (Cuba) con su novela Arde aún sobre los años.