CULTURA

 

                                   

REFLEXIONES ACERCA DE LA BANALIZACIÓN DE LA CULTURA

                        Por Antonio Cruz

Vivimos tiempos difíciles. En un mundo global que no se presenta auspicioso para el género humano, a la irrespetuosa falta de compromiso para resolver las deficiencias que atentan contra los derechos elementales básicos no satisfechos de una inmensa mayoría de la población del mundo, debemos agregar que uno de los elementos primordiales que constituyen el entramado social, la cultura, viene sufriendo el embate de la pauperización y/o banalización de los contenidos que se muestran a millones de personas. 

No obstante, no es mi objetivo escribir un ensayo sociológico acerca dela cultura. Mis pretensiones son más modestas.  A raíz de algunos acontecimientos ocurridos en este 2014 y que han sido reflejados  ampliamente en los medios argentinos, creo que se ha vuelto indispensable efectuar un pequeño balance de la situación que atraviesa la cultura argentina en los últimos tiempos.

Primero mencionaré brevemente cuales son los hechos que me llevaron a las reflexiones que expondré más adelante: En octubre, un famoso personaje de la farándula, que conduce un programa televisivo de dudosa estirpe cultural es distinguido por la Legislatura  de la ciudad de Buenos Aires como “Personalidad distinguida de la cultura”; en noviembre recibe la misma distinción un “creador” de historietas de quien, en agosto de 2012, el diario El Sol Online indicó que habría plagiado al humorista Quino en varias de sus historietas. El propio Quino (Joaquín Lavado,  Premio Príncipe de Asturias 2014, galardón que fue entregado por vez primera a un dibujante) indicó que se llevaba bien con todos los humoristas menos con ese personaje  ya que empezó robando muchísimo a Rudy y a Daniel Paz. Por otro lado, manifestó que el citado personaje «vino a crear un malestar por primera vez entre los dibujantes argentinos [...] Al punto que si hay una mesa redonda, todos participan con la condición de que él no esté». Por si fuera poco en la red figuran numerosas páginas donde se ponen frente a frente textos de ambos autores donde queda clara La evidencia del plagio de este señor no solamente a los textos de Quino, sino también a Fotanarrosa y hasta a algunos humoristas extranjeros. Pero creo que la gota que rebalsó el vaso es haberme enterado que, ahora que los derechos de autor de Antoine deSaint-Exupéry sobre El príncipito han caducado, este “buen señor” ha decidido publicar una copia de dicha obra introduciendo su horrible personaje Gaturro para seguir llenando sus bolsillos con el trabajo de otros. En definitiva, una legislatura que se supone representa al conjunto de la sociedad, vincula con la cultura, de manera torpe y malintencionada, a un empresario televisivo cuyo programa se ubica en las antípodas de la misma y a un infractor que ha cometido el delito de plagio (Sí… Delito que se mantiene impune) con lo cual, se aprueba aquello trivial y falto de sustancia y se consiente el dolo. Dos hechos… Dos circunstancias desgraciadas para la cultura que días más tarde se verá absolutamente manchada con el impúdico marketing que se implementó a través de múltiples medios televisivos de penetración masiva, de un libro escrito por otro personaje de la farándula, conductor de un programa de chimentos cuyo libro, seguramente habrá de vender más ejemplares que cualquier escritor reconocido como trabajador de la cultura.   CULTURA 2

Indudablemente, la formación de una sociedad madura y autóctona no es tarea sencilla en épocas de globalización, pero la importancia de todo lo relacionado con el ámbito cultural tiene una enorme gravitación en el devenir cotidiano ya que conforma una especie de gestor  que interconecta y contiene a los ámbitos económico, político y social.

La cultura ha tenido (y tiene) numerosas definiciones a lo largo de la historia de la humanidad, Algunos estudiosos se refieren a ella como el “Conjunto de conocimientos e ideas no especializados adquiridos gracias al desarrollo de las facultades intelectuales, mediante la lectura, el estudio y el trabajo.” Otra definición dice que es el Conjunto de conocimientos, ideas, tradiciones y costumbres que caracterizan a un pueblo, a una clase social, a una época, etc. Sin embargo, en este punto, debemos reconocer que, al hablar de cultura no se puede excluir su interacción con otras ramas del conocimiento humano.

En mi caso particular, quizás debido a mi formación como maestro y más tarde como médico, la definición que me parece más adecuada es la de Tylor que sostiene que la cultura es: "aquel todo complejo que incluye el conocimiento, las creencias. El arte, la moral, el derecho, las costumbres y cualesquiera otros hábitos y capacidades adquiridos por el hombre en cuanto miembro de la sociedad"

Tratando de llegar al meollo de la cuestión, me parece oportuno resaltar que si bien, podemos distinguir “diferentes” grados y/o “tipos” de cultura, siempre se ha tratado de introducir dentro de su corpus todo aquello relacionado con las actividades individuales (espirituales y artísticas) del hombre.

Si realizamos un análisis sucinto de lo que está ocurriendo en materia cultural en Argentina, podremos obtener varios resultados, que terminan por conformar un corolario que engloba el problema: La cultura argentina de las últimas décadas eviden­cia una creciente banalización. Nos ha sido difícil (por no decir imposible) encontrar las herramientas para afianzar una cultura nacional pues nos enfrentamos a la severa dificultad de tener que lidiar con determinados modelos culturales (la mayoría importados por argentinos sin escrúpulos) que son ajenos a la historia de nuestro Pueblo, así como a nuestra identidad nacional.

En este complejo proceso hay ciertos culpables: En primer lugar, la insolente  e interesada utilización de los medios de comunicación masivos (televisión, radio y en las últimos años las redes sociales como mecanismo de difusión ideológico) como eficaces factores de la  trivialización cultural. Resulta evidente que en los tiempos que vivimos hay un exceso de información y un defecto en la formación del hombre argentino. Este tipo de uso indebido de los mecanismos de difusión cultural carcomen los principios espirituales y terminan por  provocar un estado mental que linda con lo patológico y que excede con largueza a los tradicionales conceptos de enfermedad o patología psicosomática. Este estado le impide, sobre todo, tener capacidad de valoración y crítica sobre los contenidos que se le ofrece. Un estado que se caracteriza por el ansia de poseer cada vez más bienes materiales y el quebranto de la capacidad crítica de cada uno con lo cual resulta difícil sostener una adecuada valoración de aquello que nos ofrecen.

«En la medida en que los valores se vierten hacia lo sensorial, el hombre deja de madurar y se cristaliza en lo que podemos llamar un “hombre-niño”, que nunca colma su apetencia. Vive atiborrado de falsas expectativas que lo conducen a la frustración, al inconformismo y la agresividad insensata. Pier­de progresivamente su autenticidad, porque oscurece o anula su capacidad creativa para convertirse en pasivo fetichista del consumo, en agente y desti­natario de una subcultura de valores triviales y verdades aparentes» puede leerse en El Modelo Argentino para el Proyecto Nacional del año 1974.

Por su parte, Claudio F. Bossana Del Bo, de profesión abogado, en una nota que publicara en la página Web “Periodismo independiente - TRIBUNA DE PERIODISTAS” sostiene «Vemos y oímos el desfile incansable de “mediáticos”, “bailarinas” con diminutas prendas de vestir que simulan ser vestimenta, “parlanchines” que propalan sin ruborizarse discursos frívolos y vacíos, desfigurando valores y conductas rectoras del ser humano, personajes que hacen del escándalo, la prostitución, la ignorancia y la mediocridad su forma de vida»… «… es fundamental que la ciudadanía pueda comprender el peligro de estos programas banales y luego rechazarlos ya que destruyen y aniquilan valores fundamentales de la vida social, valores que nunca debieron perderse y que será difícil pero no imposible reinstaurar» (http://periodicotribuna.com.ar/7089-valores-en-decadencia-la-tinellizacion-de-la-sociedad.html) 

A su vez, Mario Vargas Llosa, en su libro “La civilización del espectáculo” no deja dudas acerca de su postura en lo referente a la banalización de la cultura: «El hecho es tanto más sorprendente cuanto que la cultura, en el sentido que Tradicionalmente se ha dado a este vocablo, está en nuestros días a punto de desaparecer. Y acaso haya desaparecido ya, discretamente vaciada de su contenido y éste reemplazado por otro, que desnaturaliza el que tuvo.

¿Qué quiere decir civilización del espectáculo? La de un mundo donde el primer lugar en la tabla de valores vigente lo ocupa el entretenimiento, y donde divertirse, escapar del aburrimiento, es la pasión universal. Este ideal de vida es perfectamente legítimo, sin duda. Sólo un puritano fanático podría reprochar a los miembros de una sociedad que quieran dar solaz, esparcimiento, humor y diversión a unas vidas encuadradas por lo general en rutinas deprimentes y a veces embrutecedoras. Pero convertir esa natural propensión a pasarlo bien en un valor supremo tiene consecuencias inesperadas: la banalización de la cultura, la generalización de la frivolidad y, en el campo de la información, que prolifere el periodismo irresponsable de la chismografía y el escándalo.

Otra materia que ameniza mucho la vida de la gente es la catástrofe. Todas, desde los terremotos y maremotos hasta los crímenes en serie y, sobre todo, si en ellos hay los agravantes del sadismo y las perversiones sexuales. Por eso, en nuestra época, ni la prensa más responsable puede evitar que sus páginas se vayan tiñendo de sangre, de cadáveres y de pedófilos. Porque éste es un alimento morboso que necesita y reclama ese apetito de asombro que inconscientemente presiona sobre los medios de comunicación por parte del público lector, oyente y espectador.

De este modo han ido desapareciendo de nuestro vocabulario, ahuyentados por el miedo a incurrir en la incorrección política, los límites que mantenían separadas a la cultura de la incultura, a los seres cultos de los incultos. Hoy ya nadie es inculto o, mejor dicho, todos somos cultos. Basta abrir un periódico o una revista para encontrar, en los artículos de comentaristas y gacetilleros, innumerables referencias a la miríada de manifestaciones de esa cultura universal de la que somos todos poseedores, como por ejemplo «la cultura de la pedofilia», «la cultura de la marihuana», «la cultura punk», «la cultura de la estética nazi» y cosas por el estilo. Ahora todos somos cultos de alguna manera, aunque no hayamos leído nunca un libro, ni visitado una exposición de pintura, escuchado un concierto, ni adquirido algunas nociones básicas de los conocimientos humanísticos, científicos y tecnológicos del mundo en que vivimos».

 

Ahora, después de haber hecho catarsis con los lectores me pregunto ¿No habrá llegado el momento de replantearnos que esperamos para el futuro en el terreno de la cultura? ¿Qué estrategias podemos oponer a tanto poder desplegado para destruir el tejido social? En síntesis ¿Habrá salvación?