PEQUEÑO SIRENARIO ILUSTRADO

(Para Javier Perucho y Rony Vásquez Guevara)

A CIRCE (Julio Torri)

¡Circe, diosa venerable! He seguido puntualmente tus avisos. Más no me hice amarrar al mástil cuando divisamos la isla de las sirenas, porque iba resuelto a perderme. En medio del mar silencioso estaba la pradera fatal. Parecía un cargamento de violetas errante por las aguas.

¡Circe, noble diosa de los hermosos cabellos! Mi destino es cruel. Como iba resuelto a perderme, las sirenas no cantaron para mí.

 

                                                A Circe Torri

 

LA SIRENA INCONFORME  (Augusto Monterroso)

Usó todas sus voces, todos sus registros; en cierta forma se extralimitó; quedó afónica quién sabe por cuánto tiempo.

Las otras pronto se dieron cuenta de que era poco lo que podían hacer, de que el aburridor y astuto Ulises había empleado una vez más su ingenio, y con cierto alivio se resignaron a dejarlo pasar.

Ésta no; ésta luchó hasta el fin, incluso después de que aquel hombre tan amado y deseado desapareció definitivamente. Pero el tiempo es terco y pasa y todo vuelve. Al regreso del héroe, cuando sus compañeras, aleccionadas por la experiencia, ni siquiera tratan de repetir sus vanas insinuaciones, sumisa, con la voz apagada, y persuadida de la inutilidad de su intento, sigue cantando.

Por su parte, más seguro de sí mismo, como quien había viajado tanto, esta vez Ulises se detuvo, desembarcó, le estrechó la mano, escuchó el canto solitario durante un tiempo según él más o menos discreto, y cuando lo consideró oportuno la poseyó ingeniosamente; poco después, de acuerdo con su costumbre, huyó. De esta unión nació el fabuloso Hygrós, o sea “el Húmedo” en nuestro seco español, posteriormente proclamado patrón de las vírgenes solitarias, las pálidas prostitutas que las compañías navieras contratan para entretener a los pasajeros tímidos que en las noches deambulan por las cubiertas de sus vastos trasatlánticos, los pobres, los ricos, y otras causas perdidas.

                                      Sirena Inconforme Monterroso

  

SIRENAS (Juan Yanes)

Debes saber que las sirenas son mujeres bellísimas con alas de pájaro y garras de águila. Mitad mujeres, mitad aves. Atraen al navegante a su isla nemorosa con cantos hipnóticos y seductores, y cuando el navegante se estrella contra las rocas y naufraga, lo despedazan y lo devoran. Pero cuando el navegante resiste su canto, sin sentirse atraído por sus melodías o por sus cimbreantes palabras que recorren los caminos del mar, y sigue navegando sin mirar atrás, haz de saber, digo, que una de ellas muere, porque así está establecido en la leyenda. Yo siempre escucho las sirenas enloquecidas de Edmundo Valadés, que aúllan recorriendo la ciudad en busca de Ulises, por si las veo pasar volando y me llaman. Pero me gustaría saber a partir de qué momento se tuerce el destino de las sirenas y dejan de ser pájaros y se convierten en seres acuáticos, perdiendo su condición aérea y su ferocidad para transformarse en símbolos sexuales y abandonar el mundo de los muertos y los mitos.

 

                                  Sirenas Juan Yanez

 

 A LA MAR SIRENA (Javier Perucho)

Para Paula Ruggeri, a veces sirénida

Salimos de casa tomados de la mano. En susurros, me dijo: Del mar profundo vengo; al ancho mar regreso. ¿Vienes conmigo? No sé nadar, grité aterrado. No importa, me consoló, basta con que te anude a mi cauda para remontarte. Desde entonces, conozco los secretos del viejo mar pirograbados en las dunas que forman las apacibles olas en el lecho marino.

                                sirenas 7

 

 SILENCIO DE SIRENAS (Marco Denevi)

Cuando las Sirenas vieron pasar el barco de Ulises y advirtieron que aquellos hombres se habían tapado las orejas para no oírlas cantar (¡a ellas, las mujeres más hermosas y seductoras!) sonrieron desdeñosamente y se dijeron: ¿Qué clase de hombres son éstos que se resisten voluntariamente a las Sirenas? Permanecieron, pues, calladas, y los dejaron ir en medio de un silencio que era el peor de los insultos.

 

 

                                      sirenas 6

   

CARTA_2 (Antonio Cruz)

 Querida Circe:

A pesar de tus recomendaciones no me hice amarrar al mástil cosa de la que nunca habré de arrepentirme. No imaginas lo maravilloso que es compartir, día a día, la misteriosa y sorprendente cotidianeidad de una sirena.

 

 

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