Tonio 3

        

 

 

LILIANA BODOC (La épica del fin del mundo)

Por Antonio Cruz*

Se supone que la primera regla para aquellos que emprenden la tarea de escribir sobre otra persona es no hablar acerca de sí mismos. No obstante, con el más absoluto desenfado voy a comenzar esta nota con algunas aclaraciones a título personal.

Por un lado, tengo la obligación de precisar que esta nota, salvo algunas correcciones y agregados de última hora, fue escrita originalmente en 2007 o 2008 cuando terminé de leer la trilogía conocida como “La saga de  los confines” de Liliana Bodoc, con la esperanza de que, una vez terminada, fuera publicada en la prestigiosa revista Letralia de Venezuela cuyo director, Jorge Gómez Giménez ha demostrado siempre una enorme generosidad para conmigo. Pues bien, por diferentes motivos, se fue demorando y al final, sin saber cómo cerrar la nota ni poder encontrar un título adecuado para la misma, el texto original se perdió en la inmensidad de la memoria del disco rígido de una de las primeras computadoras que tuve. Afortunadamente, por aquellos tiempos ya existía la posibilidad de guardar archivos en discos compactos; de otra manera, nunca podría haberla recuperado. En varias oportunidades estuve a punto de desecharla pero quienes escriben este tipo de artículos coincidirán conmigo en que, a veces, uno deja algo sin terminar y le queda dando vueltas durante años, hasta que sin imaginarlo, el artículo recupera actualidad y nos permite terminar con una tarea inconclusa. 

Por el otro, hoy he podido descubrir que, en lo más íntimo, mi comportamiento se  asemeja al de “Pete” Clemenza uno de los lugartenientes del mítico Don Corleone de Puzzo; cuando tengo algún problema sin resolver hago casi la misma jugarreta que él; Clemenza se ponía a lustrar el auto para pensar tranquilo en la mejor solución; pues bien, yo lavo platos.

Esta noche, mientras realizaba la citada tarea me acordé de dos cosas. Este 2015 se cumplirán quince años de la publicación del primer libro de la saga de los Confines: “Los días del Venado”. La segunda es que, para los europeos en general la parte más austral de nuestro continente es “el fin del mundo”; como para muestra basta un botón (o dos) quiero recordarles que el francés Julio Verne, ya por 1905, escribió “El faro del fin del mundo”, cuya locación es en la Isla de los Estados en el extremo sur y en aguas territoriales de nuestro país. También, es por todos conocidos que cuando Jorge Bergoglio fue elegido Papa, en numerosos artículos periodísticos se habló de él como “El Papa del fin del mundo” Fue así como decidí reflotar este artículo y publicarlo porque vale la pena “festejar” (por decirlo de alguna manera) los quince años de la saga.

La épica en el fin del mundo.

Como seguramente sabe cualquier lector avispado, la épica es un género literario difícil, en el cual el autor nos narra gestas legendarias que generalmente están constituidas por elementos imaginarios y ficticios aunque puede ocurrir que dichos elementos estén basados en una verdad histórica. Habitualmente, los hechos narrados tienen como escenario un tiempo y espacio determinados.

Pues bien, según mi opinión (y en esto quiero recordarles que no soy un académico, pero que, con toda una vida de lector a cuesta y en más de quince años de lidiar con la palabra escrita, he aprendido algunas cosas sobre la literatura como rama del arte) en nuestro continente desde el Río Grande hacia abajo y más específicamente en Argentina, no hubo una especial predilección, de quienes escriben novelas, por la épica. Hemos tenido creadores geniales a lo largo y a lo ancho de América Morena; en nuestras tierras creció y se hizo adulto el Realismo Mágico (término que ya había sido empleado por Franz Roth para designar la Nueva Objetividad surgida al finalizar la Primera Guerra) y hemos asistido al boom de la literatura latinoamericana, pero a pesar de todo ello, me ha resultado difícil encontrar novelas que se atengan a la “definición canónica” de novela épica. He leído sí, poemas épicos (algunos muy buenos), cuentos épicos pero, reitero, novelistas que hayan encarado el tema con pericia, creo que no debe haber demasiados.

En este punto, me parece adecuado puntualizar que, si bien se han escrito y he leído numerosas novelas históricas (por caso Andrés Rivera, autor que me seduce con sus novelas, es un cultor de este tipo de escritura) mal que nos pese, la novela histórica no es exactamente lo mismo que la novela épica. Si por breves instantes nos remontamos a la  historia de la humanidad, podremos recordar que dentro del género épico hay textos que han atravesado milenios y centurias con el poder de la palabra. La epopeya de Gilgamesh de la civilización sumeria, la Ilíada y la Odisea, de Homero, El Cantar del Mío Cid y mucho, muchísmo después, el propio Tolkien. Preguntémonos entonces: ¿Cuántas de las novelas argentinas que se han escrito a lo largo de nuestra vida como nación, cumplen con las normas apropiadas para ser consideradas como pertenecientes a esta categoría?

La autora y la saga. LILIANA BODOC

Comencé a conocer la obra de Liliana Bodoc cuando tuve la suerte de que un amigo muy querido me hablara de la trilogía de los confines. Leer los libros que la componen no me debe haber llevado más de una semana y media y, probablemente (por supuesto, esto es un chascarrillo), allí se haya originado mi insomne pasión de convivir cada noche con la literatura, pues llegaba a casa después de la jornada y, apenas podía, me acostaba a leer estas historias que me habían atrapado con tanta pasión que, a veces, recién dejaba de hacerlo cuando me daba cuenta que ya era la hora de levantarme para ir a trabajar.

“'La Saga de los Confines”, la trilogía inspirada en los tiempos en que América aún no había sido conquistada, es una maravilla de la literatura. Lo demuestran la cantidad de ejemplares vendidos desde que fuera escrita y, por supuesto, los ríos de tinta  que le han dedicado los críticos y los académicos.

Ese mítico universo que construye Bodoc, da cabida a las pequeñas historias personales que terminan por fusionarse con los segmentos en que la épica es la principal protagonista.

El paisaje y la historia

A manera de resumen, el argumento (que puede leerse en cualquier sitio especializado que le haya dedicado un poco de tiempo a la obra, de la saga de Bodoc, aunque tengo la convicción de que mucho mejor sería leer los libros) narra la conquista de las Tierras Fértiles, un territorio que, curiosamente, no nos resulta tan extraño, por parte de quienes llegan de las Tierras antiguas (¿Europa?). La propia cartografía que incluye la autora en “Los días del Venado”  me produjo la sensación de que las Tierras Fértiles se parecen demasiado a nuestro sur y al de Chile y, no sé por qué, una isla que aparece, me trajo inmediatamente a la memoria la isla de Chiloé.

Los nombres de las etnias y sus protagonistas suenan a lenguas de los pueblos originarios (husihuilkes, zitzihay, etc), mientras que quienes representan la figura de los conquistadores, son denominados por nombres que curiosamente (o no) suenan más a civilizaciones antiguas como la griega (Misáianes, el Odio Eterno, hijo de la Muerte).

Las Tierras Fértiles, con sus valles, montañas, sus paisajes y sus habitantes (humanos y animales) no son otra cosa que una metáfora de esta tan vapuleada América que, con sus ríos excesivos y generosos, sus altas y colosales colinas, sus pueblos originarios, muchos  de los cuales  han logrado hacer sobrevivir sus culturas, es un territorio y una idea que, a pesar de la evolución del mundo y sus paradigmas, en alguna manera,  todavía resiste a aquellos conquistadores que vinieron a adueñarse de su geografía. No reniego en lo absoluto de nuestra cultura mestiza (los españoles, entre algunas cosas buenas, nos han dejado este maravilloso idioma que es el castellano) pero la historia dice lo que dice; ni más ni menos. 

En el primer libro de la saga, “Los días del venado”, la autora relata con solvencia (no exenta de autoridad) el anuncio de la invasión y la posterior lucha del ejército del Venado para defender su terruño de los invasores. Los hombres que hacen la guerra, los sabios, dueños del conocimiento,  los artistas y los magos luchan heroicamente para evitar el exterminio de su pueblo.

 En la segunda entrega “Los días de la sombra”, Misáianes, el hijo de la Muerte, que no acepta su derrota prepara una nueva invasión. Para asegurarse el triunfo pone al frente de sus fuerzas a su propia madre. Esta invasión infinitamente más cruel y más despiadada logra vencer a los habitantes de las Tierras Fértiles los que terminan por emigrar haciéndose a la mar.

 En el libro que cierra la saga “Los días del fuego” los hombres atraviesan días difíciles y de batallas casi permanentes. Los Magos (Brujos), que son aliados  de las criaturas de la Tierra nos muestran su poder y su debilidad y cada uno hará su aporte para salvar a los hombres de su destrucción.

Otra lectura

Hasta aquí esta pequeña sinopsis de la saga, la que indudablemente se trata de una de las mejores trilogías épicas que he leído, pero si creemos que la trama tan solo se trata de una historia sin trasfondo, estamos equivocados de cabo a rabo. En realidad, en esta saga, Liliana Bodoc incursiona con mucha autoridad en una de las cuestiones más importantes que el hombre trata de resolver desde la más remota antigüedad, mucho antes de que Sócrates se preguntara sobre ello: la lucha entre el bien y el mal, el destino de nuestra propia vida y sobre todo, la realidad palpable de la muerte.

 En esta obra, más allá del ingenio para narrar, de la intriga que genera la épica (algo no tan superficial) Bodoc propone una relectura de la problemática de la humanidad que, a lo largo de su propia historia se ha debatido en una interminable crisis de valores; a la magia de “lo épico”, ella le agrega una nueva y particular interpretación de los misterios de nuestra existencia, las dualidades de nuestra propia alma y las contradicciones que nos caracterizan como humanos. La autora no solamente es capaz de dar testimonio del mundo externo y de la racionalidad/irracionalidad del género humano, sino que también logra una prodigiosa lectura de nuestro propio mundo interior, nuestro yo más profundo, adueñándose de aquellos elementos que, en otros tiempos, estuvieron reservados al chamanismo, la magia y la mitología.

Últimas consideraciones

Muchos académicos y estudiosos encuentran una analogía entre la “Saga de los confines” y la obra de Tolkien. En mi caso particular (a pesar de que Tolkien y C.S. Lewis me parecen de lo mejorcito en literatura fantástica) creo que lo único que conecta la obra de Tolkien con la de Bodoc es lo atinente a su género: la épica.

Pero así como hay coincidencias hay diferencias que son importantes. Tolkien escribe en consonancia con su propia naturaleza, es decir a su pertenencia al mundo anglosajón; Bodoc, escribe la Saga de los Confines desde la suya, de allí que muestra en su corpus una semejanza inevitable con las culturas americanas.

Alguien por allí ha dicho también que los diferencia el hecho de que Tolkien, voluntariamente, pretendió crear una mitología anglosajona propia basada en la épica germánica (probablemente sea cierto) y que, en contrapartida Bodoc no había escrito su obra pensando en ello. Más allá de que probablemente la mayor preocupación de Bodoc haya sido relatar desde la épica fantástica la conquista de América, creo que consciente o inconscientemente ella también termina construyendo su propia mitología.

Tampoco creo que ambos compartan cierto maniqueísmo en el tratamiento de la lucha entre el bien y del mal. No creo en absoluto que Tolkien se haya propuesto eso pero lo que sí puedo asegurar es que, al menos en mi opinión, nada más alejado del maniqueísmo que la obra de Bodoc.

Otra cosa sobre la que me gustaría opinar es si Bodoc, como dicen algunos,  «prefiere alejarse de las lecturas ideológicas» basados en declaraciones de la propia autora quien dijo “no es denuncia, en absoluto”. No obstante, estoy convencido de que Liliana Bodoc no puede desprenderse de su "destino latinoamericano" (algo no tan conjetural) y, para bien o para mal, eso se termina manifestando en una innegable connotación ideológica de su obra.

Finis coronat opus

No conozco personalmente a Liliana Bodoc a pesar de haber seguido su carrera literaria como un verdadero fan y haber leído declaraciones de la autora a diferentes medios. No obstante, tengo la convicción de que estamos en presencia de la creadora de una obra que habrá de perdurar a través del tiempo en la memoria colectiva no solamente de Argentina sino en la de la Nación Americana. Una escritora a la que nadie le regaló nada y que se ganó, cada reconocimiento, cada lauro recibido, con el sudor de su frente aunque sospecho que el reconocimiento mayor es que ella sabe que, para muchos argentinos, intelectuales o no, entre los que me cuento, su obra es una lectura obligatoria y que eso la haya  transformado en una escritora de culto.

 

*Antonio Cruz. Escritor, médico y periodista santiagueño.