ROSA ADRIANA RODRÍGUEZ

LA ACTIVIDAD CULTURAL – Enfoque

(Rosa Adriana Rodríguez)

 

“La cultura reside en el gesto y la decisión de manifestarnos. Es la única posibilidad de ser y permanecer como pueblos” Rodolfo Kusch 

 

Partir de este contundente concepto, pone de manifiesto una postura, una manera de ver y sentir en torno a las cuales gira mi visión, mi convicción.

“UKAMAHUA (vocablo de la lengua aimara) Así es el mundo, ser y estar en este momento”. Sabiduría que señala la manera de instalarse, de  permanecer y trascender, en la vida, en el mundo, que conlleva implícito un elemento vital en toda acción creativa, “la auto aceptación”.

“La actividad cultural es la única que no deriva en cosas, si no en creaciones”.  Entre el productor y el producto, se dibuja una extensa y densa trama contextual donde se escenifica la creación misma, reuniendo al individuo y su obra en una totalidad donde no están en juego como cosas, sino como “sentidos” de una experiencia enteramente vital.

La distinción entre sujeto y objeto, se diluyen al ponerse en juego la circulación de los sentidos, se regenera una totalidad que va más allá del protagonista y su obra. Los sentidos contextuales operan y son los que hacen que, ese autor y esa obra,  pertenezcan a una totalidad orgánica, es decir a “UNA CULTURA”. En esta dimensión de” pueblo”, como contexto, este interviene doblemente sobre el eje de la creatividad; ejerciendo presión  sobre el autor a través de los “SIMBOLOS”, (sean valores éticos, religiosos, políticos, estéticos etc.), que en su conjunto consolidan un punto de apoyo para el creador, en el que este se instala y desde allí se manifiesta, crea; a su vez  su pueblo, comunidad, se identifica, se ve reflejada en esa creación, la toma, la incorpora, la internaliza haciéndola propia. Es  entonces cuando acontece esa retro alimentación, ente quien hace y quien inspira, acto genuino, seminal,  “trascendencia”.

En este universo simbólico, se funden costumbres, ritos, creencias, lenguas, aromas, colores, rasgos, vivencias; volviéndose savia fecunda que nutre el alma del autor y retoña en cuenco, vasija, pintura, poesía, en copla: OTRA IMAGEN PARA CULTURA

 ¡“Son mis ojos tan coyas, tan indios que no entienden, cada doce de octubre, que festeja la gente”!

Desde aquí, así y solo así, soy parte de ese dialogo silencioso, que transcurre en mi mesa de trabajo, entre estecas y pinceles, entre colores y texturas, entre el bodoque reticente en principio, noble y  generoso después, de la masa; fría al tomarla, ya entre mis manos, se va volviendo cálida, tersa, dócil, dejándose hacer, la dejo ser. Así, “va creciendo desde el pie” toma vida cada pieza, concebida “con el alma en las manos”.