Tonio 3 

ACERCA DEL "CORTO Y PEGO" COMO FORMA DE DEGRADAR EL PERIODISMO CULTURAL

Por Antonio Cruz*

 Hace algunos días leí, en el suplemento dominical de un matutino, un artículo sobre poesía de excelente factura. Me llamó la atención el hecho de que no estuviese firmado, por lo que di por sentado que el artículo había sido escrito por algún periodista del diario o, en todo caso, por el responsable de la página.

Como soy afecto a compartir con mis amigos aquello que me gusta, envié el artículo a un reconocido poeta cordobés quien me alertó acerca de que ese artículo en realidad, había sido publicado por un diario porteño apenas unos días antes y me envió el link para que pudiera verificar su afirmación. Al cotejar ambos textos pude constatar que quien había reproducido el texto se había limitado a lo que en estos tiempos en que Internet permite el acceso inmediato a textos escritos por otros, hemos dado en llamar "corto y pego". 


Comprobar esta felonía me produjo una sensación de malestar, no por la reproducción del artículo (que, reitero, era muy bueno y valía la pena difundirse) sino por la omisión de fuente y autor.
Una semana más tarde, en el mismo suplemento leo otro artículo notable acerca de la relación entre Internet y literatura. Como tampoco estaba firmado y teniendo en cuenta el antecedente que menciono más arriba, puse el título del artículo en uno de los buscadores de mayor renombre en la red y, en pocos minutos me di con la ingrata sorpresa que el artículo de referencia también ya había sido publicado en un prestigioso diario español con la firma del autor del texto. Una vez más se había omitido fuente y autor.
Como, según expresa el refrán, "No hay dos sin tres" al día siguiente me crucé de casualidad con un amigo que es también escritor y periodista y, cuando le comenté los dos acontecimientos a que hago referencia, se sonrió y me dijo que él había podido comprobar que muchos de los artículos que se publican en suplementos culturales de diferentes diarios encajaban perfectamente en los cuestionamientos que me acuciaban en ese momento.
Esto, que por supuesto no es agradable para alguien que viene peleando desde hace mucho tiempo por la creación de alguna legislación que se aplique a lo largo y ancho del mundo con el fin de evitar el "robo" (porque no se trata de otra cosa) de la tarea intelectual de algunos escritores por parte de otro.
Creo que en esto, también tenemos mucha culpa los autores, ya que, con el afán de difundir aquellos textos que creamos o de aquellas opiniones que sostenemos, hemos hecho uso y abuso de las redes sociales.
¿Estos casos que menciono son aislados? El plagio, es decir, el usufructo de un trabajo literario o periodístico por parte de otro que no es el autor y que se adjudica la propiedad de un texto que no le pertenece es mucho más común de lo que se cree.
Aunque he leído muchas denuncias en Facebook, se me ocurre, por lo que he podido comprobar que la red social donde resulta más fácil apropiarse de los textos de otro es en Twitter. Debido a la escasa longitud de los textos que circulan en la mencionada red (no olvidemos que cada twit acepta un texto cuya longitud no supere los 140 caracteres con espacios incluidos) la posibilidad de copiar, pegar y publicar un texto que no nos pertenece como si hubiera sido escrito por nosotros mismos, es mucho más accesible.
De cualquier manera, no quiero que las misceláneas me impidan el gran tema de fondo.
En este sentido, quiero recordar que, tal como lo sostuviera en un artículo publicado por la revista Letralia (cuya sede está en Venezuela) que dirige el prestigioso escritor y periodista Jorge Gómez Jiménez, entre el plagio y la intertextualidad hay una frontera muy difusa y que a veces no puede distinguirse de manera clara lo que, indudablemente, entorpece la definición y la categorización del plagio. No olvidemos que algunos polémicos fallos acerca del plagio en algunos textos originales que, han sido modificados y en el que los productos resultantes no se diferencian demasiado de aquellos, no se corresponden con la ética que debería imperar en la justicia. "En las ideas no hay plagio" dice una resolución judicial que supe leer.
De cualquier manera, una cosa es tomar un buen trabajo periodístico o de opinión o una buena reseña de libro para ser publicado por nosotros en un suplemento o revista cultural citando la fuente y el autor (supongo que en esos casos también se impone la correspondiente solicitud de autorización) o tomar como base un determinado texto de otro autor con el que coincidimos en la forma de ver determinada cuestión y reescribir nosotros mismos un artículo diferente con la correspondiente aclaración de que nuestro escrito se basa en otro publicado en determinado lugar por determinado autor (intertextualidad), a menos que, en cierta posición acerca de asuntos literarios, una determinada nota actúe como disparador para que nosotros escribamos un texto absolutamente diferente sobre el tema en el que podamos expresar nuestra opinión.
En definitiva, el corto y pego como forma de ejercer el periodismo cultural que, sospecho no es otra cosa que la pretensión de alguien que necesita rellenar páginas de suplementos culturales con facilidad y sin escrúpulos, lo que me parece censurable desde todo punto de vista, y que merece nuestro más profundo repudio.
Por último, quiero dejar planteado un interrogante. Por estos días, en que tanto estuve leyendo para redactar esta nota, he leído algunas cosas interesantes. Por ejemplo, he tenido acceso a una página que publica un artículo de la Lic. María J. Villa para la Revista LATINA de Comunicación Social La Laguna (Tenerife) - junio de 1998 - número 6 titulado "EL PERIODISMO CULTURAL Reflexiones y aproximaciones" (está disponible en http://www.ull.es/publicaciones/latina/a/latina_art71.pdf) en el que hace una serie de consideraciones acerca del mismo que deberíamos leer todos aquellos que, supuestamente navegamos en aguas en que se entrecruzan la Literatura y el Periodismo. En las antípodas de esta referencia, Leila Guerreiro sostiene en una conferencia cuya transcripción circula en la red, que el periodismo cultural no existe. La misma puede leerse en el siguiente link:
http://www.fnpi.org/noticias/noticia/articulo/el-periodismo-cultural-no-existe-o-los-calcetines-del-pianista-1/ 
De una u otra forma, creo que quienes colaboran o son jefes de redacción o están a cargo de alguna revista cultural o de algún suplemento cultural en los medios de comunicación deberían leer ambos y evitar seguir incurriendo en prácticas que a la postre resultan ilícitos e ilegítimos y le hacen un daño terrible a esta actividad que es tan importante para cualquier sociedad.

*Director de Tardes amarillas.