Ildiko Nassr

 

 

                                                 

 

 

                         Mi experiencia con los mandalas

 
Ildiko Nassr*


Algunos antepasados desconocidos me hablan a través de símbolos que llegan de las maneras más inusuales. Vivir en las emociones, y desde las emociones, nos pone alerta a esas voces, a esos símbolos, que son resignificados mediante la experiencia. En este caso, hablamos de pintar mandalas. 

Cuando mi hija era pequeña, dedicábamos largas tardes a pintar libritos editados para tal fin. Nos gustaban los de dinosaurios. A ella siempre le gustaron las colecciones, y conseguimos algunas de esos libros en blanco y negro con textos muy breves que nos invitaban a imaginar colores y nuevas historias. Eran jornadas de placer absoluto, sin porqués, ni mayor objetivo que pasar tiempo juntas. Los lápices de múltiples colores sobre la gran mesa de la cocina eran una invitación que no dejábamos pasar. Como todo placer, esa actividad fue creciendo y, mágicamente, conocimos los mandalas. En uno de nuestros recorridos por las librerías, encontramos unos libros de mandalas y nos encantaron. Pronto llenamos nuestra casa con ellos y los dinosaurios fueron dando paso a esos círculos mágicos.
Como todo placer, también, quisimos compartirlo con la familia y los amigos y contagiar la energía que surge cuando compartimos algo que nos gusta. Mandala 1
Los lápices fueron dando paso a otros materiales: primero fueron los lápices acuarelables, tan versátiles, marcadores de todo tipo, lapiceras con brillitos, acuarelas, témperas, lentejuelas... Y el papel fue mutando hacia otros soportes: cartulina, cartón, madera, vidrio, papel mache...
Y seguimos en el camino. La pasión se fue incrementando y empecé a estudiar sobre los mandalas. Así, descubrí que ayudan a desarrollar el hemisferio derecho del cerebro, el ligado a las emociones, la creatividad, los sentimientos, y las habilidades artísticas y musicales.
La palabra "mandala" significa "círculo o rueda" y proviene del sánscrito, el idioma sagrado de la India, donde "mand" significa trazar y "la", "centro sagrado". Esta palabra se encuentra asociada a procesos de búsqueda, donde lo más importante es el camino, no la meta. Dicen que uno pinta mandalas como es en la vida: podés comenzar de afuera hacia adentro, o viceversa; podés dejarlos inconclusos, seguir instrucciones, crear los propios...
Se utilizan con diferentes fines, que trascienden lo artístico. Nos ayudan a centrarnos y conectarnos tanto con la naturaleza como con nuestro interior. Ya el poeta Rumi nos alertaba: "El universo entero está dentro tuyo: búscalo allí".
Se analizan los mandalas. Dicen que esconden nuestras emociones. Esconden y muestran. Pero son las emociones que tuvimos en el momento de trabajar con ellos. Analizan los colores, las formas, los trazos, el abordaje, el simbolismo... Todo se puede analizar y, como se trata de una forma perfecta, porque no tiene principio ni final, casi todo lo que nos rodea puede ser (o es) un mandala: la célula, el cuerpo humano, el universo, los átomos, el ciclo vital, el sistema solar, algunas comunidades, la arquitectura... todo lo que nos rodea (y somos) puede ser visto como un mandala.
Mandala 2Algunos los usan para la práctica de la meditación y de la contemplación; otros, con fines de terapia y sanación. Les dan diferentes significados, de acuerdo a sus funciones y criterios: psicológicos, artísticos, alternativos...
Pero ¿qué significan los mandalas para mí? No solo me permitieron conectarme con mi hija, sino con mi padre. Le habían diagnosticado Alzheimer. Según un electroencefalograma, la actividad del hemisferio derecho de su cerebro había disminuido demasiado. La enfermedad se estaba llevando todo ese hombre poderoso había sido. Sin embargo, la vida es más fuerte en esos estados de dolor y le compré un libro de mandalas. No perdíamos nada con probar... Mi hija le regaló una cartuchera con lápices y marcadores, que él combinaba de manera diferente cada día. Todos los días buscaba un lugar en la mesa de la cocina. Ordenaba los materiales. Y pintaba. Algunas veces, tarareaba una canción que solo él conocía. En el siguiente electroencefalograma, la actividad de su cerebro era mucho mayor. Pero la enfermedad no paraba de avanzar. El objetivo era aplazar la muerte, tratando de asir un momento de felicidad cada día. Muchas veces, ese momento llegaba con los mandalas. ¿Cómo no hacer de estos círculos una parte importante de mi vida?

 

 

Mandala 3

  Mandala 4

 

                                                

                                                                                                     

   

*Ildiko Valeria Nassr nació en Río Blanco, Jujuy, en 1976. Ha publicado libros de poemas (Reunidos al azar, 1999; La niña y el mendigo, 2002; y en coautoría Ser poeta, 2007), de cuentos (Vida de perro, 1998) y de microrrelatos (Placeres cotidianos, 2007 y 2011, Animales feroces, 2011). Sus microrrelatos han sido incluídos en recopilaciones como la de Laura Pollastri, El límite de la palabra. Antología del microrrelato argentino contemporáneo (Menoscuarto, Barcelona, 2007); 1001 cuentos de una línea (Thule),Monoambientes. Microrrelatos del Noroeste Argentino, 4 voces de la microficciòn argentina (Buenos Aires, 2009), Bagliori estremi (Turín, 2012), entre otras. Sus poemas fueron seleccionados para integrar la Antologìa de la poesía joven del NOA, por Santiago Sylvester. En 2011, dio una conferencia sobre la microficción en "Lettretage", Berlín.