FERIA I 

              AMPLIANDO EL CAMPO DE LA INDEPENDENCIA

 

Por Adrián Bonilla*
(Especial para Tardes Amarillas)

 

Alejado del neón y la publicidad de los grandes festivales literarios, el Festival Internacional de Literatura en Tucumán se convirtió en un espacio para confraternizar con editores y escritores jóvenes que producen e innovan de manera independiente.
Son casi las dos de la tarde cuando llego al Museo de la Universidad Nacional de Tucumán (MUNT). Aquí se realizará, en el marco del Julio Cultural UNT (Universidad Nacional de Tucumán), el Festival Internacional de Literatura en Tucumán (FILT). El festival se inauguró por la mañana en el Centro Cultural Eugenio Flavio Virla, pero cuestiones inherentes a transporte y hospedaje impidieron que pudiera asistir a la presentación. 


Todavía es temprano para las actividades programadas en el MUNT. Soy como un invitado que llegó demasiado temprano a la fiesta. Pero la incomodidad dura poco. Por fortuna, desde un taxi, porque aquí, en la capital tucumana, no existen los remises, baja un muchacho que con esfuerzo carga varios bolsos. Después sabré que contienen libros de trece editoriales. El flaco usa anteojos, tiene tonada porteña, se llama Juan Alberto Crasci y es editor de Años Luz Editora. Como un efecto dominó, comienzan a llegar organizadores (entre los que se destacan Ezequiel Nacuse, Blas Rivadeneira y Julián Miana), editores, escritores y público en general.
Le comento a Juan, mientras comemos una milanesa bien tucumana, que me perdí la inauguración, que mi crónica corre el peligro de quedar incompleta. Dice que no me preocupe, que él la presenció y con gusto me pasa la data. Me cuenta que comenzó pasada las nueve de la mañana con "Martín Khoan dando una conferencia sobre el desamor. Hizo como un análisis del desamor mientras iba intercalando tangos y boleros. Escuchaban las canciones y después él hacia un análisis de las letras, y en base a ese análisis hablaba del desamor. Luego hubo un breve recital de poesía a cargo de Osvaldo Bossi, Arturo Carrera, Denise León y Ezequiel Nacuse, que es uno de los organizadores. Luego Mario Bellatín presentó una proyección sin diálogos mientras él iba leyendo textos referidos a esa película. Fue como una especie de subtexto de su libro Salón de belleza. La proyección está basada en el libro, pero sólo se proyecta cuando él está presente. El tipo lee textos sobre la película, pero nunca son los mismos en cada presentación, por eso no permite que la pasen sin su presencia. Es una experiencia experimental, pero muy interesante".
El MUNT, además de preservar gran parte del patrimonio arqueológico de la región, promueve distintas manifestaciones artísticas del medio. Es un edificio estilo francés, rectangular, con un gran patio o plaza interior, que incluye una arboleda, una pequeña glorieta, y, preparado especialmente para la ocasión, un sistema de altavoces que hace las veces de canal informativo de las actividades programadas, de micrófono abierto para poetas y narradores, y de sala de concierto virtual; sucesivamente escucharemos exquisiteces asordinadas de un tal Miles Davis, el fraseo desbocado del saxo de Charlie Parker, o el lirismo folk de Neil Young. Las mesas donde editores y escritores exhiben sus novedades están dispuestas en el patio. Lo cual convierte al acontecimiento no sólo en un festival literario donde desfilarán narradores y poetas leyendo su producción: esto, de hecho, es también una feria del libro independiente. Ajena a las inalcanzables vanidades de repetidos figurones y repetidas editoriales que suelen pulular por las grandes ferias, el FILT emana cierto estado de comunión y camaradería. FERIA II

 

Narradores y poetas

 En una sala preparada mobiliaria y acústicamente para las lecturas, comienza el primer recital de narrativa. Leen sus textos Alfredo Aráoz, Fabián Dorigo, entre muchos más. Hay narradores que hacen su mejor esfuerzo, pero los cuentos son demasiado extensos o demasiado mal leídos como para impedir que nuestra atención se disperse. El que, entre otros, salva la parada es Pablo Katchadjian, autor del Aleph engordado, libro del que todos hablan. Sus textos son cortos, su dicción transparente y su registro de tenor ahuyentan cualquier desatención. Más tarde intentaré entrevistarlo, preguntar por el engorde de su escritura, pero su amabilidad y su cintura maradoniana le son suficientes para escabullirse. La faceta poética es con mucho más interesante y más gratificante que la prosaica. Se entiende, es poesía. Un poema funciona en ocasiones como microrelato o como haiku. Ejemplo, "Risas en el pasillo", de Mariano Blatt: "Irrumpen en mi casa las risas del pasillo". Pero no es sólo eso, hay de todo y para todos: poemas que abrevan en el coloquialismo, en lo simbólico, en el humor, en lo erótico (aquí se lucen los poetas Claudio Rojo Cesca, con "Máquina del amor oral", y Pilar Carranza, con "No sé escribir poemas, pero...") y en ese realismo bardero que Ariel Bermani cita como categoría poética en su novela Leer y escribir. El auditorio colma de risas la sala cuando Blatt lee sus poemas. Son más de diez, muy cortos, y están cargados de un humor lúdico y en apariencia sencillo. ¿Cómo concebís la poesía?, le pregunto, apenas se aleja del asecho de algunos fans. Él me mira a través de sus anteojos oscuros, dibuja una leve sonrisa y responde que "es como algo que va variando, que tiene que ver con un trabajo y una sorpresa con el lenguaje. Descubrir el lenguaje y descubrir que se puede hacer algo que sorprende, que corre un poquito de lugar algo, viste, siempre pensé que era algo que va por ahí, digamos, ¿no? No es ni expresarse uno mismo, ni contar lo que está pasando. Puede ser cualquier otra cosa, pero lo que es la esencia de la poesía es la sorpresa con el lenguaje".

 

Editores, a editar

 Alejo Carbonel es poeta, fundador y editor de la editorial Caballo Negro (Córdoba). Acaba de intervenir en la mesa panel sobre el mundo editorial. Charlamos sobre el oficio de editor y sobre sus preferencias a la hora de publicar. Aclara, entre otros asuntos, que no publican novelas policiales. Me la deja picando y yo aprovecho la oportunidad: ¿Qué cualidades literarias debería poseer el autor que aspire a publicar en tu editorial? Carbonel se toma su tiempo: "No hay una cualidad específica. Son muchísimas cosas distintas y ningún autor cumpliría con todos los requisitos a priori. Vos publicás por cosas distintas, parecería un acto de fe. Hay mucha intuición también. Te tiene que interesar a vos como editor, que vas a trabajar con ese material y que vas a tener que defender. Después hay libros que son súper orgánicos, formalmente impecables, y ahí le creemos mucho al trabajo del autor. Y después hay libros que son caóticos, que te pasan por arriba como un camión sin frenos, que formalmente son reflojos pero que tienen un montón de otras virtudes, y ahí también le crees al autor. Son libros que nos gustan y los imaginamos funcionando en el catálogo, eso sería. Nosotros publicamos a tres autores jóvenes de Córdoba que escriben totalmente diferente. Juntos, ¿son un corpus de narrativa cordobesa?: totalmente. No los podés vincular a una misma estética, pero funcionan".

Uno se pregunta cómo hace un editor para gestionar la economía y la distribución de lo que publica una editorial independiente. El editor Juan Alberto Crasci podría ensayar trece respuestas diferentes, ya que viajó catorce horas en bondi desde Buenos Aires con un cargamento que contiene libros de trece editoriales. En realidad no hay tantas respuestas, sólo hay una y Crasci la condensa así: "Al principio lo que hicimos fue hacer una inversión inicial nuestra y sacamos los primeros títulos, y con lo que se va generando de las ventas sacamos nuevos títulos. El autor no pone un peso. Nosotros hacemos todo: distribuimos los libros, los vendemos, vamos a ferias, hacemos los diseños, la maquetación, nos encargamos de todo. El autor se lleva una cantidad de libros de cortesía, un diez por ciento de la tirada, y además le pagamos un porcentaje de venta del diez por ciento del precio de tapa. Básicamente nos basamos en un sistema de rotación de ventas: más libros vendemos, más libros sacamos" ¿Cómo los distribuyen? "Juntar trece editoriales tiene como finalidad matar al intermediario, en el sentido de hacernos cargo nosotros de eso y así abaratar los costos. Por eso podemos viajar a ferias de todo el país dividiendo el gasto entre las editoriales. Lo que antes gastaba cada editorial por su cuenta, ahora lo dividimos por trece. Y eso incluye pasajes y estadía. Así podemos estar en todos lados y los libros se venden", enfatiza.
La delegación santiagueña se vino con todo y la mesa estuvo servida. Representantes de las revistas Los inquilinos, Umas, Topos bajo la lluvia, Moscas en el aire y de las editoriales Larvas Marcianas y El Enchufe, coparon el festival. Andrés Navarro, editor de El enchufe, hace de su apreciación sobre el oficio de editar una declaración de principios: "Mi editorial publica sólo poesía y está pensada para libros de pocas páginas, de entre veinte o treinta. De modo que son libros de fácil edición y bajo costo". Su catálogo contiene tres títulos: Ingresos brutos o bruto el que ingresa y El Perro Pata y el Mono cornejo, del propio Navarro (2013), y Yarará, de Néstor Mendoza (2014). A su turno, Claudio Rojo Cesca, editor de Larvas marcianas, asegura que lo suyo "es un proyecto editorial que aspira a generar un encuentro lúdico con la literatura, a partir de la idea de que en un libro trae un plus respecto a lo puramente literario: nuevas concepciones de lo visual y de diagramación, por ejemplo. La cuestión de lo marciano, proviene, en parte, de la fascinación por el cine y la literatura bizarra, las viejas revistas pulp y las series televisivas clásicas. Esto nos sirve como imaginario para problematizar los soportes de la literatura, y para coquetear con un universo donde el extrañamiento del mundo regular es la costumbre".

 FERIA III

Escritores en primera persona

 Mientras el público husmea libros de editoriales como Nudista, Alto Pogo, Paisanita Editora, Nova, Años Luz Traducciones, Larvas Marcianas y El Enchufe, entre otras tantas, Osvaldo Bossi (autor de las novelas Adoro y Yo soy aquel) camina solitario por el área parquizada del patio estilo plaza. Va despacio, la vista perdida, como pensando en algo harto importante. Mi repentino abordaje lo sorprende y lo desconecta de quién sabe qué soliloquio. Propongo hacerle unas preguntas y accede muy gentil. ¿Ves rasgos comunes en esta literatura emergente? "Sí, muchos rasgos en común. Entre ellos una capacidad de improvisar, de libertad dentro de la escritura. Que no se manejan ya con ciertos criterios tan preestablecidos, y eso me parece muy bueno para toda producción literaria". ¿Podría hablarse de una Nueva Literatura Argentina? "En realidad, no. La novedad siempre está presente dentro de la literatura, es un moviendo de recambio donde nunca sabemos bien dónde está lo novedoso, si en lo que pasó ayer o en lo que está pasando hoy, que se van produciendo pequeños cortocircuitos. Pero la novedad no necesariamente pasa por los más jóvenes. A veces pasa por un poeta que ha hecho una obra interesante que puede de alguna manera reinventar la escritura poética, pero es algo que se da como muy dinámico". ¿Pensaste en la posibilidad de un parricidio? "Espero que no. Y esto se da en que lo nuevo pueda aparecer en un poeta de setenta años, y sería un horror porque perderíamos lo nuevo".

Es noche cerrada y la gente comienza a retirarse. Mario Bellatín, entreverado entre el público, acompaña el repliegue. Vestido con sobretodo y pantalones negros camina acompañado por el poeta Arturo Carrera. Apuro el paso y lo único que se me ocurre decir es ¡¿Mario?! Bellatín voltea con cara de pocos amigos. Me presento como periodista y le aseguro que sólo quiero hacerle una pregunta, sólo una. De inmediato su sonrisa bonachona se convierte en mi mejor salvoconducto. Bellatín dirigió por diez años en el Distrito Federal de Méjico una escuela dinámica de escritores. Dice que "no se trataba de ni de un taller de escritura ni de una clínica para escritores. La escuela dinámica de escritores era otra cosa". Era algo raro, se me ocurre, pues él mismo es un escritor que puede considerárselo raro. De hecho en Pájaro transparente, una novela en cuatro actos, o cuatro cuentos dispersos que intentan estructurar una novela, Bellatín titula uno de los textos "Lo raro de ser un escritor raro". Por supuesto que mi pregunta no podía ser otra: ¿Qué es lo raro de ser un escritor raro? "Considero que lo raro de ser un escritor raro es ser un escritor como debe de ser. Justamente esa extrañeza es necesaria para que alguien pueda considerarse ser un escritor. Es como una vuelta completa, ¿no? Si no hay esa... Primero habría que entender qué cosa es rareza. Podríamos pensar la rareza como unicidad, ¿no? Tiene que haber una voz única para que exista un escritor. Entonces es justamente esa rareza lo que lo define. Si un escritor no es único, no es escritor", responde Bellatín, a pura contundencia.

 

*Adrián Bonilla: Periodista Cultural. Estudió comunicación social. Tiene una novela inédita.