Tonio 3

 

   Heinrich Böll y "El honor perdido de Katharina Blum". (A treinta años de la muerte de Heinrich Böll)

                                               Por Antonio Cruz*

«Las personas que se citan y los hechos que se relatan son producto de la fantasía del autor. Si ciertos procedimientos periodísticos recuerdan los del Bild-Zeitung, el paralelismo no es intencionado ni casual, sino inevitable.» (Advertencia del autor al comienzo de la novela)


La tarde era gris, fría y destemplada; La mojaba una lluvia oblicua y lánguida que solamente la hacía más melancólica. Veinticinco años atrás era más romántico y disfrutaba de esa garúa casi tanto como de la sana costumbre de alimentar mi biblioteca visitando ese rosario de librerías que se extiende a lo largo de muchas cuadras de la mítica Avenida Corrientes de Buenos Aires (la calle que "nunca duerme" y que, cual columna vertebral, atraviesa la capital argentina). Ya casi llegaba la noche cuando decidí realizar mi última visita antes de refugiarme en el hotel, transitorio hogar de esa excursión por la Reina del Plata. 


Mientras husmeaba sin demasiadas expectativas, descubrí un pequeño libro de apenas poco más de cien páginas y tapa dura que asemejaba a una edición de bolsillo pero que no lo era. La presentación era muy buena y anunciaba que esa obra pertenecía a una colección que había publicado un diario español bajo el sugerente título "Las cien joyas del milenio". El paso siguiente fue leer la contratapa y enseguida, como habitualmente hago, comencé a hojearlo para formarme al menos una primera opinión y saber si lo compraba o no. Abrí el libro y me di con la nota que precede al texto (sí, la misma que incluyo al comienzo de la nota).
Durante aquellos años, como funcionario de gobierno de una provincia argentina, me había tocado lidiar con el acoso periodístico (estaba a cargo de una dirección sensible) y tuve que padecer los ataques injustificados hacia mi persona por parte de un periodista inescrupuloso (que poco tiempo más tarde abandonó el matutino y del cual nunca más supe nada). Por desgracia, esa actitud patoteril del periodista había calado hondo en mi espíritu pues me había traído no pocos problemas personales, así que imagine el lector la revolución que desató en mi mente la frase de referencia. Esa sola advertencia que incluía el autor bastó para que cerrara la compra del día adquiriendo el pequeño libro a precio de risa. Cuando llegué al hotel, abrí con ansiedad el paquete de libros y lo tomé primero que ninguno para olerlo, sopesarlo y establecer un primer vínculo con él. No era otro la célebre novela El honor perdido de Katharina Blum de Heinrich Böll. Aquella noche lo leí de un tirón; lo terminé cuando el alba comenzaba a despuntar. El día me encontró con la satisfacción de haber descubierto una obra que, ya imaginaba, me habría de marcar profundamente como lector.
Heinrich Böll (Colonia, 1917- Langenbroich-Eifel, 1985) es, sin duda, uno de los más prestigiosos escritores en lengua alemana del siglo XX y quizás el más emblemático de la literatura alemana de posguerra. No le faltaron adversarios. Inquebrantable crítico del partido democristiano (CDU) debió sufrir el escarnio a que lo expuso la prensa del consorcio Springer. El Bild Zeitung y Die Welt lo hostigaron de manera espantosa, mientras era investigado por las fuerzas de seguridad en busca de posibles conexiones con la Fracción del Ejército Rojo. Por supuesto, no faltó quien lo tildara de terrorista. Con el paso de los años, Böll compensó tanta infamia con la publicación de El honor perdido de Katharina Blum.
Su obra literaria incluye El tren llegó puntual (1949), ¿Dónde estabas, Adam? (1951), La casa sin amo (1954), Opiniones de un payaso (1963), Retrato de grupo con señora (1971), todas ellas, obras caracterizados por un alto grado de veracidad testimonial. En el año 1972 fue laureado con el Premio Nobel de Literatura y dos años más tarde (apenas el año anterior a su muerte) publicó El honor perdido de Katharina Blum.
Cuando en ese 1974, Böll publicó esta novela controvertida como pocas, se ganó muchos enemigos pero eso parecía tenerlo sin cuidado. Según el periodista español José Comas, citado por Fernando Aramburu en el diario español EL PAÍS, Böll «era un hombre bueno, generoso hasta decir basta, que concebía la tarea del escritor como una forma de responsabilidad civil, a menudo a costa de su dedicación a la tarea propiamente literaria. Y en lugar de quedarse en casa, disfrutando de su justa celebridad que rebasaba fronteras, se lanzó sin más armas que su inconformismo y su honradez a mil y una batallas enderezadas a mejorar el mundo, en sus últimos años con la salud quebrantada por el excesivo consumo de cigarrillos... Detestaba que lo considerasen la conciencia moral de Alemania. Él repelía el calificativo alegando que se lo aplicaban porque había poca conciencia.»
"El honor..." Está basada en un caso policial real y, a pesar de que muchos críticos sostienen que es una novela de tesis, tengo la convicción de que es mucho más que eso. Es una extraordinaria y, hasta ese momento, inédita forma de criticar y denunciar las prácticas del periodismo amarillo y su inmoralidad; una acusación desembozada a la prensa sensacionalista por su falta de escrúpulos y la manía de tergiversar y deformar la verdad no solo para lograr un mayor número de lectores sino con la intención de denostar a hombres que desde el punto de vista moral no resultan para nada cuestionables pero que son una "amenaza" para el sistema con su discurso en contra de la corrupción. En este caso, el periódico criticado es el Bild-Zeitung, a quien Böll durante el desarrollo de la trama denomina inespecíficamente "el periódico" (de manera tal que, la única referencia concreta al Bild-Zeitung es la que realiza antes de la novela) y el que, curiosamente, salió fortalecido de la crítica de Böll ya que llegó a ocupar el primer puesto en cuanto a tirada diaria en Europa y el tercero en el mundo y que, en la actualidad, ha mudado su nombre a Bild.
La novela, como ya dijimos más arriba, es el relato de un caso real y se basa en los datos obtenidos por haber leído los expedientes policiales y aquellos que se lograron merced a testimonios tomados por el autor pero cuyas fuente Böll mantuvo siempre a buen resguardo. TAPA LIBRO Large
Katharina Blum es una chica sensata y trabajadora que, a pesar de su vida extremadamente difícil, ha sabido forjarse una vida merced a su laboriosidad y que atraviesa una situación sin mayores necesidades trabajando como empleada doméstica.
Durante un baile de carnaval conoce un hombre del que se enamora de inmediato y con quien pasa la noche; a la mañana siguiente, cuando la policía llama a su puerta descubre que el individuo es un ladrón buscado por un delito. El hombre ya no se encuentra con Katharina y ha logrado zafar del cerco que le ha tendido la policía por lo que las fuerzas del orden acusan a la joven de ser su cómplice y la detienen para interrogarla. Al momento de la detención y durante el tiempo que ella está bajo custodia, un periodista que trabaja para "el periódico" recurre a una y mil estratagemas, mentiras, deformaciones con el fin de atacar la honorabilidad de la mujer inventando una historia que ensucia a otras personas (entre ellos los patrones de Katharina, quienes enseguida son acusados de filo-comunistas). Estas acciones reñidas con la ética periodística llegan a un clímax por el ensañamiento del "periodista", no solamente con Katharina sino con aquellos a quienes ella recurre. Inventa entrevistas con la madre, una historia degradante con el padre y aprovecha el resentimiento del ex‒esposo de la joven para generar aún más rechazo por parte de los lectores de las crónicas.
Las circunstancias empujan a Katharina a llevar a cabo un acto cuyo desenlace es casi una moraleja. Lo más relevante de este desenlace es que Böll, sin apelar a maniqueísmos acerca del bien o el mal, nos induce a reflexionar en las causalidades y casualidades de los hechos que rodean nuestra vida. «Debería estar permitido preguntar por qué una mujer joven y con buen humor, casi alegre, que ha asistido a un baile inofensivo [...] se convierte en asesina por causa, si queremos ser exactos, de unos artículos periodísticos» dice y realmente, este planteo nos lleva a repensar cada hecho que vivimos, los que, según las circunstancias pueden ser intrascendentes o turbadores.
La tensión narrativa crece rápidamente cuando se relatan los métodos inmorales y hasta crueles con los que la prensa amarilla tergiversa los hechos de manera impune, consiguiendo de esta forma transformar en delincuentes a gente honorable y decente.
Heinrich Böll que se identificó siempre con los humillados, (en este caso, con quienes resultan perjudicados por la libertad de expresión mal entendida y corrompida) pretende (y lo logra) con esta breve novela desenmascarar una clase de periodismo inescrupuloso y de quienes lo avalan con su lectura. Un periodismo al que no le importa mentir, inventar, imaginar historias aunque estas aniquilen a personas inocentes, con el único interés de satisfacer a los ávidos lectores que solamente anhelan tener un nombre para destruir y lapidar.
Hoy se habla poco en Alemania (mucho menos en otras partes del mund)o de Böll y "su" Katharina y hasta quizás resulte anticuado referirse a su literatura pero en estos tiempos en que la información circula por las anchas carreteras de Internet y, donde es tan difícil separar la paja del trigo y en el que esta clase de periodismo (en el que no hay piedad para con aquellas personas cuyos nombres deshonran y hace de la mentira una parte esencial de su trabajo, sin importar las consecuencias) El honor perdido de Katharina Blum se transforma en un libro de lectura o re-lectura obligatoria; un libro que todos deberíamos leer para poder evaluar con prudencia las noticias cotidianas que construyen el relato de los diarios, la televisión e Internet.


*Director de Tardes Amarillas