JOSÉ MANUEL ORTIZ SOTO

 

 

   "La medicina es mi esposa legal; la literatura, sólo mi amante": Anton Chejov


Por José Manuel Ortiz Soto*

Especial para Tardes Amarillas


No importa por cuál médico literato se empiece a hablar, más temprano que tarde la conversación tiene que llegar a Chejov y detenerse ahí un buen rato, pues se trata nada menos que del más grande exponente de este particular gremio, así como del creador del relato moderno. Anton Pávlovich Chejov (1860-1904) nació en Tagonrog, sur de Rusia, donde vivió hasta su adolescencia. Tras la bancarrota del padre, la familia debió partir hacia Moscú, donde Anton los alcanzaría después de concluir el bachillerato. 


Hay un dicho popular que sentencia que la novia del estudiante no será jamás la esposa del profesionista. Anton Chejov podría ser la excepción al dicho, o quizás no. Mientras Chejov estudiaba en la Universidad de Moscú para diplomarse como médico, solventaba sus gastos personales y los de su familia con el dinero que obtenía de sus colaboraciones constantes en algunos diarios y revistas de la capital. Se trataba de relatos breves de carácter humorístico que no tardaron en ganar la atención de los lectores. Lejos aún de las obras maestras que Anton Chejov escribiría después, las colaboraciones de Antosha Chejonte, eterónimo con el que las firmaba, ya "destacaban ventajosamente entre el cúmulo de historias grises y chistes baratos que llenaban las páginas [de los diarios, por su]: parquedad, concentración, claridad [y] sencillez", a decir de Heino Zernask. Así, mientras su empeño principal era su formación de médico, sin proponérselo todavía, Chejov se encontraba ya en el camino que lo habría de llevar a ser un prolífico narrador de talla universal.
"La medicina es mi esposa legal; la literatura, sólo mi amante", escribió Chejov en una carta a su amigo Alexéi Suvorin, consciente de su doble vida. Por ese entonces, Chejov ya era un joven médico y un escritor reconocidos: atrás habían quedado las penurias estudiantiles, ejercía la profesión de médico y sus relatos, que habían conmutado de lo jocoso a la ironía y la reflexión, se publicaban en diarios y revistas de mayor renombre y trascendencia, como Novoe vremja y Severny Vestnik. Esta dualidad (médico-escritor, escritor-médico) acompañaría a Chejov siempre, aunque, como era posible suponer, mientras mayor era su reconocimiento como escritor, más relegaba su actividad de médico. A este respecto escribió: "soy médico y siento una gran pasión por la medicina de modo que el proverbio sobre las dos liebres ["El que sigue dos liebres, tal vez cace una, y muchas veces, ninguna"] nunca quitó tanto el sueño a nadie como a mí". De alguna manera, el destino o Chejov mismo, lo había llevado a ser, con todo y sus conflictos existenciales, otro personaje de los más de 600 cuentos que escribió. Chéjov
En los cuentos, novelas y dramas de Chejov no se busca dar cátedra moral, tampoco se pretende ser pedagógico, como era la costumbre entonces, se permite en cambio que la sicología de los personajes recree la atmósfera en que se desarrolla la trama. En las historias de Chejov, dicen sus estudiosos, no suceden grandes cosas, lo que en su momento sirvió de pretexto para que otros escritores ("de profesión") los denostaran o los consideraran textos menores: No olvidemos que su obra La gaviota no fue bien recibida sino hasta que la puso en escena el Teatro de Arte de Moscú, bajo la dirección de Kostantín Stanislavski. De esta relación de trabajo, nacieron Tío Vania, Las tres hermanas y El jardín de los cerezos, obras que, junto con La gaviota, se representan en la actualidad en todo el mundo. Pero sus piezas teatrales no sólo le trajeron fama como dramaturgo a Anton Chejov, sino también el amor de la actriz Olga Knipper: Arkádina (La gaviota), Masha (Tres hermanas) y Madame Ranévskaya (El jardín de los cerezos).
Al revisar la obra de Chejov, ésta se podría dividir en tres etapas: una de juventud, en la que escribía para los diarios y revistas y donde lo humorístico era característica preponderante; otra en la que aún quedan reminiscencias o atisbos de humorismo, en forma de ironía; y aquella de madurez donde, ya sea como resultado de la observación de la cruda realidad social de entonces, así como el avance su propia enfermedad, la tuberculosis, se perciben a través del desencanto, la melancolía, la tristeza, el escepticismo. Como si el escritor fuera Yona, el anciano conductor de trineo de "La tristeza":
—¡Se diría que todo el mundo ha organizado una conspiración contra ti! —dice con tono irónico el militar—. Todos procuran fastidiarte, meterse entre las patas de tu caballo. ¡Una verdadera conspiración!
Para terminar, dejo a continuación unos fragmentos de una carta que Chejov escribiera a Dmitri Grigoróvich*, en 1886, en los cuales confronta la dualidad de ser médico y escritor, así como la decisión de dejar escribir por necesidad.
Todas las personas cercanas a mí siempre han menospreciado mi actividad de escritor y no han cesado de aconsejarme amistosamente que no cambiara mi ocupación actual por la de escritor. Tengo en Moscú cientos de conocidos, entre ellos dos decenas que escriben, y no puedo recordar ni a uno sólo que haya visto en mí a un artista. En Moscú existe el llamado "círculo literario". Talentos y mediocridades de cualquier pelaje y edad se reúnen una vez por semana en el reservado de un restaurante y dan rienda suelta a sus lenguas. Si fuera allí y les leyera una parte de su carta, se reirían de mí. Tras cinco años de deambular por los periódicos he logrado compenetrarme con esa opinión general de mi insignificancia literaria. En seguida me acostumbré a mirar mis trabajos con indulgencia y a escribir de manera trivial. Esa es la primera razón. La segunda es que soy médico y siento una gran pasión por la medicina de modo que el proverbio sobre las dos liebres ["El que sigue dos liebres, tal vez cace una, y muchas veces, ninguna"] nunca quitó tanto el sueño a nadie como a mí. Le escribo todo esto sólo para justificar un poco ante usted mi gran pecado. Hasta ahora he mantenido, respecto a mi labor literaria, una actitud superficial, negligente y gratuita. No recuerdo ni un solo cuento mío en el que haya trabajado más de un día. "El cazador", que a usted le gusta, lo escribí en una casa de baños. He escrito mis cuentos como los reporteros que informan de un incendio: mecánicamente, medio inconsciente, sin preocuparme para nada del lector ni de mí mismo. [...]
Disculpe la comparación, pero ha actuado en mí como la orden gubernamental de "abandonar la ciudad en 24 horas", esto es, de pronto he sentido la imperiosa necesidad de darme prisa, de salir lo antes posible del lugar donde me hallo empantanado... Estoy de acuerdo en todo con usted. El cinismo que me señala, lo sentí al ver publicado "La bruja". Si hubiera escrito ese cuento no en un día, sino en tres o cuatro, no lo tendría... Me libraré de los trabajos urgentes, pero me llevará tiempo... No es posible abandonar el carril en el que me encuentro. No me importa pasar hambre, como ya pasé antes, pero no se trata de mí. Dedico a escribir mis horas de ocio, dos o tres por día y un poco de la noche, esto es, un tiempo apenas suficiente para pequeños trabajos. En verano, cuando tenga más tiempo libre y menos obligaciones, me ocuparé de asuntos serios.
No puedo poner mi verdadero nombre en el libro, porque ya es tarde: la viñeta ya está preparada y el libro, impreso. Mucha gente de Petersburgo me ha aconsejado, antes que usted, no echar a perder el libro con un pseudónimo, pero no les he hecho caso, probablemente por amor propio. No me gusta nada mi libro. Es una vinagreta, un batiburrillo de trabajos estudiantiles, desplumados por la censura y por los editores de las publicaciones humorísticas. Creo que, después de leerlo, muchos se sentirán decepcionados. Si hubiera sabido que usted me lee y sigue mis pasos, no lo habría publicado. La esperanza está en el futuro. Sólo tengo 26 años. Quizás me dé tiempo a hacer algo, aunque el tiempo pasa deprisa. [...]

*Texto tomado de la red.

 

Manolo Pensativo*José Manuel Ortiz Soto (Jerécuaro, Guanajuato, 1965) Médico y escritor. Especializado en Pediatría, en el terreno literario ha incursionado en los principales géneros literarios. Ha publicado entre otros Réplica de viaje, poemario, 2006, Ángeles de barro, 2010. En el género narrativo ha escrito textos sobre todo relacionados con el mcrorrelato. Forma parte de varias antologías; Antología de cuento fantástico Penumbria, Año I (2013), Breve antología de microrrelatos navideños (2010), Cien fictimínimos. Microrrelatario de Ficticia (2012), I Antología Triple C (2012) y Deantología. La logia del microrrelato (2013). Es antólogo de El libro de los seres no imaginarios. Minibichario (Ficticia Editorial, 2012) y, con Fernando Sánchez Clelo, de Alebrije de palabras: Escritores mexicanos en breve (BUAP, 2013). Escritor e investigador autodidacta ha tomado talleres de narrativa con Agustín Cadena y Alberto Chimal, de poesía con Marco Fonz y de minificción en la Marina de Ficticia. Algunos de sus textos han sido premiados en convocatorias del género. Otros textos suyos pueden ser leídos en Arca Ficticia, Círculo de Poesía, en la revista A contrapalabra (septiembre y diciembre 2010), La Jornada Semanal y Extra de La Laguna. También es autor de letra y música de canciones y administra los blogs Ángeles de barro (poesía), Antología virtual de minificción mexicana, Cuervos para tus ojos (minificción), Un pingüino rojo (narrativa y poesía para niños) y Médicos mexicanos por la cultura y el arte.