2006-04-A

 

    Pessoa: misterio inagotable

 

Guillermo Bustamante Zamudio

 

1.
Explicar al escritor a partir de su época y/o de su biografía es una tentación constante. De un lado, esperando que se entienda la obra de Pessoa como determinada por una época de renovación artística, Sylvye Le Poulichet dice que el autor fue contemporáneo de Kafka, Rilke, Apollinaire, Pirandello, Joyce, Valéry, y de los surrealistas. Y, de otro lado, esperando que se entienda dicha obra como determinada por la biografía de Pessoa, Miguel Ángel Flores dice que en esa obra influyen los ascendentes prestigiosos, heroicos y judíos del autor. 


Sin embargo, tal recurso fracasa cuando, de un lado, maneras excluyentes de entender lo social hacen explicaciones igualmente excluyentes de las obras; y, de otro, cuando un mismo autor produce obras de distintísimos talantes. Ahora bien, que todas las manifestaciones que competen a la comprensión humana tengan un componente social, y que toda obra humana sea emprendida por sujetos, no es suficiente para dar cuenta de la singularidad del trabajo del autor (no de su historia), ni de la singularidad de la obra, producto único e irreductible al contexto al que pertenece (dado su efecto de universalidad).

2.
Los humanos estamos en lo simbólico, pero no todo se agota en lo simbólico. Así, Pessoa no tiene por qué dialogar del todo con la época:

     - ¿qué tienen que ver los otros con el universo que hay en mí?;
     - desperdiciamos nuestra personalidad en orgías de coexistencia;
     - La única realidad para cada uno es su propia alma, y el resto —el mundo exterior y los otros— una pesadilla antiestética.

¿No parece como si él estuviera aparte, como si se ubicara, al menos parcialmente, fuera de lo simbólico? El Libro del desasosiego —fuente de las citas— es considerado el texto más "autobiográfico" de Pessoa, al cual le agregó hojas durante toda la vida. Atribuyéndolo a un tal Bernardo Soares y extrañado de sí mismo, hace un Prefacio, como si el libro fuera de otro autor. Explica que Soares le entregó el manuscrito que él dio a la imprenta. El personaje obedece a la descripción y hábitos de Pessoa: hábitos de toda la vida, un trabajo marginal, un salario elemental, nada de emblemas, sin amigos, sin tener dónde ir, sin querer leer... O sea, ¿sin lazo social? ¿Con quién se identifica Pessoa?, ¿qué le interesa? Dice que sólo la escritura lo ata a la vida. Tal como explica en el Prefacio, un encuentro casual permitió publicar la obra de Soares... ¡Y todo esto contando con que Pessoa nunca dio a la imprenta el texto! Entonces, ¿cómo la escritura de un hombre así dependería de haber sido contemporáneo de los surrealistas, o de tener ascendencia judía?
En los fragmentos citados, se reconoce un tema recurrente. Ejemplo: Pessoa comentaba que era una multitud; pues bien, de un tiempo para acá, cualquiera afirma eso; por ejemplo, es el lema de la dupla Deleuze/Guattari: «Hemos escrito el Anti-Edipo entre dos. Como cada uno de nosotros era varios, eso hacía ya mucha gente». Pero, ¿hay diferencia entre la escritura de Pessoa y tal proceder? Creo que sí, que podemos distinguir entre las declaraciones de soledad o de dolor, hallables en infinidad de escritores, y la insistencia de Pessoa en su dispersión unificada.
Ahora bien, no somos multiplicidad por determinación o convención, sino por la necesidad que los efectos de la contingencia del lenguaje nos impone. Hegel lo explicó de forma brillante en La fenomenología del espíritu. Así, no es un asunto exclusivo de la excentricidad de algunos artistas; otra cosa es que ellos lo tematicen, quizá porque les duele la condición humana... Ahora bien, ¿podemos diferenciar entre arreglárselas con eso (pensar la multiplicidad) y, de otro lado, encarnar la multiplicidad? Es distinto padecerlo desde un lugar de sujeto (parecer múltiple) que identificarse con el objeto (ser múltiple), como tal vez sea el caso de Pessoa. Pessoa
Se puede jugar a eso, como Durrell en El cuarteto de Alejandría: «¿Cómo se defiende usted de la soledad?»; y el interpelado contesta: «He llegado a ser la soledad misma». En un intento de arreglárselas con su propia falta de ser, los poetas juegan a la multiplicidad: Yo, que tantos hombre he sido, no he sido nunca / aquel en cuyo abrazo desfallecía Matilde Urbach (Borges: "Le regret d'Heraclite"). «Yo, que tantos hombre he sido [...]» es la declaración seria, sorprendente, de multiplicidad; y «[...] no he sido nunca / aquel en cuyo abrazo desfallecía Matilde Urbach» es el humor sutil del yo poético, que quisiera ser cierto hombre... ¡o sea que se identifica con alguien! Y la identificación con el semejante es una ficción que pesa en el devenir del sujeto. ¿Se identificaba Pessoa con alguien?
Podríamos buscar el lazo que detenta cada escritor con el otro. Pessoa, en cambio, se hizo unos otros a su medida: tenía heterónimos, pese a sí mismo. Y no es el caso de un juego de seudónimos, a la manera de León de Greiff, «apoderado general de un consorcio cosmopolita de poetas», como dice Jorge Zalamea en el prólogo a la obra completa del autor, haciendo el listado de seudónimos: «Leo le Gris, Matías Aldecoa, Gaspar von der Nacht, Erik Fjordson, Sergio Stepansky, Claudio Monteflavo, Ramón Antigua, Gunar Fromhold, Proclo, Diego de Estúñiga, Hárald el Obscuro, Lope de Aguinaga, Guillaume de Lorges, Miguel Zulaibar, Beremundo el Lelo, el Skalde y otros». No es tampoco el asunto de los ejercicios de estilo de Sábato, que escribe A la manera de... Borges, Proust y Platón, tal como un pintor copia cuadros de diversas épocas para «soltar la mano».
Y no se necesita ser "real" para influir en un humano: Odiseo, Quijote o Hamlet pueden haber influido más en las vidas de muchas personas, que personas reales que los rodearon. Los heterónimos de Pessoa no son como los pseudónimos o los ejercicios de estilo. La impresión que da leerlo es que la extrañeza frente a sí mismo no es en él un semblante (como el seudónimo), sino que es constitutivo (de ahí la idea de heterónimo):

     - los que verdaderamente sufren no hacen plebe, no forman un conjunto. Quien sufre, sufre en soledad;
    - Entonces me pregunto a mí mismo, cómo es que me sobrevivo, cómo es que me atrevo a tener la cobardía de estar aquí, entre esta gente, con esta igualdad exacta a ellos, con esta configuración verdadera con la ilusión de basura de todos ellos.

Como dice Pierre Naveau (La psicosis y el vínculo social), la posición de ciertos sujetos en relación con la estructura del lenguaje es estar dentro de la sociedad y, a la vez, fuera del vínculo social.

 

  

 Guillermo Bustamante 3Guillermo Bustamante Zamudio nació en Cali, Colombia, en 1958. Es licenciado en Literatura e Idiomas y Magíster en Lingüística y Español. En 2002, obtuvo el Premio Isaacs con su libro Convicciones y otras debilidades mentales y en 2007, su libro Rolesganó el Tercer Concurso Nacional de Cuento de La Universidad Industrial de Santander.Junto a Harold Kremer, ha sido un cultor del minicuento en Colombia a través de la fundación y dirección de la revista Ekuóreo y las antologías Antología del cuento corto colombiano, Los minicuentos de Ekuóreo y Segunda Antología del cuento corto colombiano. Ha publicado los libros de microrrelatos, Oficios de Noé, en 2005; Libro sobre microcuento, en 2008; escrito a dos manos con Harold Kremer y Ekuóreo: un capítulo del minicuento en Colombia, en 2008. Varios de sus cuentos componen antologías de microrrelatos en Colombia e Hispanoamérica.