Lorena Portada de libro  

Nos apasiona lo que hacemos

 

Por Lorena Díaz Meza*

Especial para Tardes Amarillas


Del sueño a la realidad


El café está listo, sobre la mesa las hojas sueltas se apilan por número de página y las herramientas para encuadernar están ordenadas en los puestos de trabajo. Así comienza el armado de libros; así comenzó la editorial. 


Ediciones Sherezade es una pequeña editorial chilena, independiente, que nació en febrero del 2013, dedicada, principalmente la microficción y otros géneros narrativos. A la fecha cuenta con diez título publicados; nueve de ellos de microficción.
La idea de formar una editorial partió en el año 2008 cuando yo era monitora de talleres literarios en la cárcel y me di cuenta que hay muchos escritores nuevos que no tienen una oportunidad real dentro de la industria editorial. Pero fue recién en el 2011 que se concretó el sueño, con la autopublicación de un libro de mí autoría. Resultó bien. Era un libro de papel reciclado, con tapas de kraft y corchetes. Así partió el libro a Lima.
Cuando nos dimos cuenta (con Adrian Aravena, quien es parte fundamental de la editorial, ya que maneja todo el asunto administrativo, impensado, muchas veces, por mí o el equipo 'literario') que hacer libros había funcionado bien, nos decidimos a crear la editorial de manera seria, formal, como correspondía. Entonces hicimos los trámites legales y comenzamos a reunir personas para los distintos roles que se debían cumplir.
Catalina Bustos creyó en el proyecto (o en mí, quizás) y comenzó a ilustrarnos las portadas. Luego se sumó Alex Olivares y Pamela González Millacura. No teníamos para pagar en dinero sus trabajos, entonces pagamos con libros o con materiales que los mismos ilustradores nos comentan que necesitan para trabajar. Actualmente contamos con seis ilustradores que nos ayudan. Vamos destinándoles en trabajo de las portadas de acuerdo a sus tiempos, el estilo del libro, etc. Ahí confirmamos que nuestra idea de que todas las portadas fueran realizadas por ilustradores chilenos emergentes, era doblemente buena; promovíamos el trabajo artísticos de los nuestros y le dábamos un estilo propio a nuestros libros.
Trabajo similar fue el de reunir a nuestro Comité Editorial. También adoptamos, de editorial Micrópolis, a Diego Eguiguren, nuestro editor. Y así ya teníamos un equipo que nos enorgullecía (enorgullece) por su calidad y compromiso.
Con Adrian debimos aprender encuadernación, pues nuestra idea siempre ha sido hacer libros conscientes; libros que no se hacen en altos tirajes, sino libros que cargan con un sentido más profundo que solo contenido, libros que se creen en base a la pasión; pasión del autor, pasión de la editorial, pasión de quienes colaboran (editor, corrector, diseñador), porque estamos convencidos de que eso se palpa, que aunque sea en pequeñísimas dosis, llega también al lector.
Es así como armamos nuestros libros; a mano, uno por uno, lo que no le quita al objeto libro, su calidad; son libros cosidos, con terminaciones que no envidian en absoluto a los hechos en grandes imprentas. Por lo mismo, realizamos tirajes cortos, numerados.
Actualmente tenemos dos títulos de autores extranjeros que están por salir a la luz, proyectos de papelería y libros objeto (como las postales ilustradas) y varios proyectos en carpeta, entre los cuáles hemos integrado, a jóvenes con necesidades educativas especiales.
Como editorial creemos en lo que hacemos. Creemos también en la idea de que todos tenemos capacidades distintas y en las letras es un espacio donde muchas de estas capacidades pueden mostrar lo bellas que son cuando las personas hacemos lo que nos apasiona. EDITORIAL. Logo. 1

 

Editoriales independientes en Chile
Es cierto, a mí juicio, eso que se dice de que "los chilenos leemos poco", "en Chile no se lee" o la idea de que "el libro es caro". Sí, a todas las anteriores. Pero no por eso las editoriales nos damos por vencidas. Aparte de las grandes industrias de libros que existen en Chile (Random House, Grupo Planeta, Ediciones B, entre otros) existe un grupo considerable de editoriales más pequeñas que han sabido sobrevivir, reponerse, disfrutar de lo que hacen y unir fuerzas para demostrarle a Chile que puede dejar de catalogarse como malos lectores y acercarse al libro con valores razonables, con un sentido que va más allá del 'aprender' o del 'volverse intelectual': el disfrutar de la lectura.
Con ésta premisa y otras de tipo ideológico, político y cultural es que se formó la Cooperativa de la Furia del Libro, a la cual pertenecemos. Esta unión de editoriales independientes ha generado un movimiento cultural potente, del que estamos orgullosos de ser parte. Éste grupo se ha encargado de dar una lucha para que existan más ferias de libros, para que se acabe la descentralización y los libros lleguen a más lectores (distintas regiones, al extranjero, a sectores vulnerables), para que los autores emergentes tengan su espacio y podamos conocer y reconocer las voces literarias actuales.
Entre las editoriales que componen la cooperativa están Ceibo, Pehuén, Cuadro de tiza, Cuneta, Asterión (de quien nos sentimos profundamente agradecidos, ya que tanto la editorial como sus integrantes nos han enseñado sobre el mundo editorial de manera desinteresada y generosa. Otro ejemplo de que el trabajo colectivo y con una mirada sociocultural genera fuerzas positivas que ayudan indudablemente al crecimiento de las letras), por nombrar algunas.

 

La lectura y el rol de las editoriales
La tarea del gobierno (de turno) es fundamental para que los hábitos lectores se instalen en las nuevas generaciones y podamos salir de la lista negra de los que no leen (tanto como debieran), de los que aún no tienen el libro como una necesidad básica, esencial para el ser humano, pero también es muy importante, por no decir imprescindible, el rol de los adultos en función de nuestros hijos; el trabajo constante de pequeños hábitos que ayuden a que leer no sea un acto de castigo (que se elimine de las escuelas, por ejemplo, la idea de enviar al niño que no hizo la tarea, castigado a la biblioteca), no sea un espacio de aburrimiento (que al niño que no portó mal, a leer el libro de la escuela, castigado, en el dormitorio), sino, todo lo contrario.
Si bien el libro es caro en Chile y el impuesto es altísimo, es bueno notar que un libro cuesta lo mismo o menos que una botella de vino en un buen restorán o que una pizza familiar. Quien quiere leer, lee. Si el impuesto al libro bajara, quienes compran libros, podrían comprar más, pero eso, a mí parecer, no aumentaría el número de lectores de una manera tan considerable. Hoy las bibliotecas públicas tienen un catálogo amplio, abierto a todo público, existen los bibliometros, el bibliomóvil, las cajas viajeras, entre otras buenas iniciativas de la Dibam, que abren la posibilidad de acceder a la lectura.
El libro debe mostrar sus encantos y los lectores, una vez que se saquen los prejuicios, deben dejarse encantar. Y es en ese lugar donde las editoriales tienen un rol importante. Debemos mostrar al público libros atractivos, tanto en su contenido como en su forma. Y las editoriales independientes han sabido ir dando pasos firmes en eso.

La tarea es ardua y falta mucho aún, pero somos porfiados. Por eso insistiremos, porque creemos en el libro como un arma de culturización masiva, porque nos apasiona lo que hacemos.

 

 

Lorena Díaz Meza (Santiago, 1985) Licenciada en Letras y profesora de lenguaje. Ha publicado "Existe" (cuentos, 2004), "Bajo llave" (cuentos, 2011) y "Príncipe busca princesa" (microficción, 2012). Ha participado en varias antologías entre ellas "¡Basta! Cien mujeres contra la violencia de género" y los libros objeto de los talleres Ergo Sum, dirigidos por la escritora Pía Barros. Pertenece al colectivo Ergo Sum. Desde el 2011 a la fecha es monitora de talleres literarios en la Municipalidad de Maipú. Actualmente se desempeña como Editora y Directora de Ediciones Sherezade.