LOS TEXTOS DE PIOLÍN DE MACRAMÉ. 

Por Antonio Cruz*

 

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 Nadie puede dudar que la medicina y la literatura, como disciplinas de profunda raigambre humanística, que mantienen una estrecha relación ya que en ambas, el centro de la escena es el hombre. Entonces, en el afán de trasmitir a los demás nuestras zozobras, nuestras tribulaciones y los miedos que generan en cualquier ser humano la enfermedad y la muerte, resulta casi natural que la medicina y la literatura se presenten, en alguna medida como disciplinas complementarias y coadyuvantes.

. Hay quienes sostienen la teoría de que el ejercicio de la medicina actúa como disparador para generar textos (relatos, anécdotas, situaciones que nos toca atravesar ) lo que termina siendo por un lado un acto catártico para paliar la angustia que nos genera el dolor de los demás y por el otro una aceptación de la posibilidad de narrar hechos de manera tal que escribir se convierte en el refugio de más de un médico cuando no está al lado de sus enfermos. 


Dentro de ese marco de referencia, en nuestro país hubo, hay y, seguramente, habrá muchos galenos que se lleven de maravillas con la dura y solitaria tarea del escritor. Sus acciones profesionales están abarrotadas de un sinfín de situaciones que una vez trasladadas al papel se transforman en poesías, cuentos y novelas .
En nuestro país, no han sido pocos los médicos escritores que han jalonado la historia de ambas disciplinas. Como para muestra solamente hace falta un botón (o dos o tres) quiero recordar en este momento, entre muchos otros a Eduardo Wilde, Baldomero Fernández Moreno y el santiagueño Orestes Di Lullo. escardo2
Dentro de este marco referencial, queremos en esta oportunidad recordar, a ciento once años de su nacimiento y veintitrés años de su fallecimiento a uno de los grandes escritores que dio la medicina nacional, Florencio Escardó (13 de agosto de 1904- 31 de agosto de 1992) quien, entre muchas otras cosas, escribió bajo el seudónimo de "Piolín de Macramé", esa serie de maravillosos textos brevísimos que se conocieron como "Oh", originalmente publicados en los diarios Crítica, La Razón y La Nación. En el año 1940 salió una primera compilación de los mencionados textos publicada por Editorial Ercilla (Chile), en 1943 La editorial argentina El Ateneo publicó "Nuevos ¡Oh!" y en 1957 se reeditaron sus "¡Oh!" de manera más completa recopilados por el editor Santiago Rueda. Su vasta obra literaria incluye numerosas publicaciones, en los que ha incursionado en la poesía, la narrativa, los textos científicos y hasta el ensayo. Entre sus libros, se destacan El alma del médico, El médico y las gentes, Carta abierta a los pacientes y Elogio de la Pediatría que escribió en colaboración con Norberto Baranchuk. 

 

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A modo de sencillo homenaje, publicamos en Tardes Amarillas textos sobre los médicos que fueron extractados de la edición de ¡OH! que realizara Santiago Rueda en 1957.                                       

 

¡OH, NUESTRO MÉDICO!

«De médico, poeta y loco, todos tenemos un poco». Todo refrán es la consagración de una tontería consuetudinaria. Como el noviazgo. A este proverbio debemos que haya tantos poetas laureados y tantos locos gobernando. Pero lo peor es que también le debemos la creencia de conocer nuestro organismo. Que es como creer que un pejerrey debe conocer las reglas de la navegación. Porque sabe nadar. Y de nuestra experiencia como enfermos deducimos que tenemos experiencia como médicos. Cuando llamamos un doctor en realidad buscamos que haga una consulta con nosotros mismos. 


I

 La medicina es una de las más clásicas fuentes del humorismo. Porque los humoristas han sido casi siempre enfermos. La gente con buena salud se dedica al comercio. Cuando los médicos se han burlado de la medicina ha sido a costa de sus propios colegas. En este caso el humorismo ha sido una faz de la rivalidad. Se llama rivalidad el desentendimiento de dos vanidades. Yo, enfermo en el grado que soy humorista, voy a hacer sátira a costa de los enfermos. Humor paradojal. Una paradoja es una verdad con el traje al revés. Si el traje tiene agujeros al dar vuelta la ropa lo roto queda a la misma altura. De modo que de un lado o de otro la intención queda inmóvil. Habría un tercer punto de vista. El de la Muerte. Pero eso no se sabrá nunca. Porque la muerte es antihumorista. A pesar de su sonrisa incurable. Porque es conservadora. Si no no iría a la guerra. La guerra es el patrimonio de los conservadores de la destrucción. 

II 

El médico es el profesional que llamamos para que confirme el diagnóstico que previamente nos hemos hecho. Si coincide con nosotros, nos preguntamos para qué lo hemos llamado. Si no coincide, dudamos de su valor. Si nos receta, pensamos que es mejor que el organismo se defienda solo. Si no nos receta, pensamos cómo es que se nos va a pasar la enfermedad.
Cuando nos curamos, nos orgullecemos de nuestra naturaleza. Cuando nos empeoramos, maldecimos de la torpeza del médico.
Si el doctor es joven, decimos que no puede tener experiencia. Si es viejo, que no debe estar "a la page". Si sabemos que va al teatro, que no se da tiempo para estudiar. Si no sabe nada de teatro, que es un unilateral que desconoce la vida. Si se viste bien, que quiere nuestro dinero para lujos. Si se viste mal, que no trabaja porque no sabe nada.
Si viene varias veces, pensamos que aumenta las visitas para acrecer los honorarios. Si viene discretamente, que abandona el enfermo. Si nos explica lo que tenemos, que quiere sugestionarnos. Si no nos explica, que no nos considera suficientemente inteligentes para entenderlo.
Si nos atiende enseguida, creemos que no tiene clientes. Si nos hace esperar, que no tiene método. Si nos da el diagnóstico de inmediato, que nuestro caso es fácil. Si tarda en dárnoslo, que carece de ojo clínico. Se llama ojo clínico la creencia que convierte a Galeno en Calíbar.
El médico es el máximo pretexto de nuestro disconformismo.

  

III

El médico es el objeto de toda desconfianza. Y de toda confianza. Se llama tener confianza a un médico, llamarlo a las tres de la madrugada. Y no pagarle la cuenta. Nop se pueden dar mejores muestras de confianza.
Para garantizarnos, pedimos una consulta. Así tenemos derecho a desconfiar de dos médicos. Si el diagnóstico se confirma, decimos que la consulta fue inútil. Si no se confirma, aseguramos que empezamos a no estar seguros. Si los consultantes están de acuerdo, pensamos que se han combinado contra nosotros. Si no lo están, que quieren llamar a un tercero para sacarnos plata. También se suele recurrir a un médico amigo. En ese caso, podemos no respetarlo como técnico. Y no pagarle nada. Porque para eso es amigo. Él tiene que conseguirnos los remedios. Y venir a la hora que a nosotros nos sea cómoda. Porque para eso es médico. La amistad y la medicina son las actividades humanas más difíciles de ejercitar. Practicarlas juntas es el primer grado de la santidad. Que es el último de la infelicidad.

 

 

La  fotografía de Florencio Escardó fue tomada de la siguiente página Web:

http://www.ibr.com.ar/fervorxbuenosaires/?option=com_content&view=article&id=182&Itemid=9999

La fotografía del libro Oh es del autor de la nota

La fotografía del libro el alma del médico fue tomada del sitio Web: 

http://desdeelmanicomio.blogspot.com.ar/2014/03/el-alma-del-medico.html