TOMAR CAFÉ CON DARWISH

 
Umberto Senegal*

                                              darwish

                                                             Mahmud Darwish, filosofando desde su taza de café

 

En cualquier pueblo del mundo donde usted viva, si le gustan el café y la poesía y en el recíproco acto de leer el café y beberse la poesía, decide acompañarlos con la presencia del poeta palestino Mahmud Darwish, tendrá que leer obligatoriamente su libro, Memoria para el olvido. Tiempo: Beirut. Lugar: un día de agosto de 1982. Prosa poética autobiográfica donde se describe la perplejidad del poeta entre el bombardeo al que la aviación israelí somete a Beirut, durante la Operación Paz para Galilea, llamada también Operación Sheleg, cuyo objetivo era destruir las estructuras y bases de la OLP en el sur del Líbano. La narración comienza a las tres de la mañana, "un amanecer que estalla en los sentidos antes de romper la aurora", ensordeciendo a Mahmud. Es un amanecer de enfebrecidos metales donde el poeta lo único que anhela, bajo el bombardeo de los Phantom RF-4E, los cazas F15 y F16, los Kfirs y los misiles Sparrow AIM-7F teleguiados por radar, es un breve lapso de "cinco minutos para preparar lo único que quiero y después morir o seguir viviendo. Solo cinco minutos para que la madrugada –o mi parte de ella- eche a andar. Solo cinco minutos para disponerme a comenzar este día nacido de un lamento. ¿Estamos en agosto? Sí. Estamos en agosto. La guerra ha terminado acorralándonos".

1.«El café, para quien lo conoce como yo, es prepararlo uno con sus manos, no que te lo traigan en una bandeja. Porque quien trae la bandeja trae también las palabras, y las palabras ensucian el primer café. El café es la virgen de las mañanas silenciosas», dice Mahmud

Traducida del árabe por Manuel C. Feria, esta obra hace parte de la colección dirigida por Gonzalo Fernández Parrilla, Memorias del Mediterráneo, atrayente catálogo de libros y autores árabes con los cuales la Fundación Europea de la Cultura se propuso "ofrecer al lector europeo textos autobiográficos de reciente aparición, que desde distintos rincones del mundo árabe aporten una visión literaria de la historia de las últimas décadas. Mediante la traducción de literatura y, específicamente, de textos de carácter autobiográfico, se pretende acercar al lector europeo la vida cotidiana de los habitantes árabes de la cuenca mediterránea huyendo de folclorismos y de planteamientos reduccionistas, mostrándoles la vida cotidiana de una región de la que se conocen más los avatares políticos que la producción intelectual y literaria". Gracias a este consolidado proyecto, junto a nombres y obras de itinerario internacional por el estilo de Darwish, se tuvo la oportunidad de conocer autores de reconocida identidad árabe como Salim Barakat, considerado en el ámbito literario kurdo el García Márquez de la literatura árabe; Sonalla Ibrahim, Edward al-Jarrat, Yabra Ibrahim Yabra, Abdelkarim Gallab, Khadija Menebhi, Bouissef Rekab, Murid Barguti, Rachid Nini, May Tilmisani, Alia Mamduh y Latifa Zayad entre muchos otros cuyas obras revalidan cuanto argumenta María Dolores López Enamorado, traductora de literatura árabe: "La literatura árabe es una de las grandes desconocidas en el panorama de las letras actuales.
2. «Porque el café es lectura pública del libro abierto del alama, hechicero que saca a la luz< los arcanos que traerá consigo la jornada», dice Mahmud.
Sin embargo, la producción literaria árabe, novela, relato breve, poesía, teatro, ensayo, crítica, es inmensa y puede medirse sin complejos con las mejores producciones del mundo contemporáneo". Tal trabajo está ahí, para la historia de la literatura árabe y para los estudiosos de las literaturas comparadas: "Aunque el proyecto Memorias del Mediterráneo ha concluido, sus frutos están ahí: más de medio centenar de obras de la literatura árabe actual, en lenguas asequibles a todos los críticos y lectores que quieran conocer una de las literaturas más fascinantes y a la vez más desconocidas de nuestro panorama cultural", dice Dolores López.
Deissem Ghanem, escribe que Memoria para el olvido es la "...historia de un grito sin eco, de una migración masiva y forzada de unos pájaros heridos. Es la historia de la hemorragia colectiva de todo un pueblo que dio lugar a la hemoptisis de sus pensadores. Es la historia de un ser mítico que debería quitar el sueño a los monstruos que provocaron el genocidio de Oriente Medio. Es la historia de la "palestinidad". Darwish da cuenta de todo lo ocurrido, se hace eco de la memoria palestina, negándole la voz al olvido". Valentin Cárdenas, a su vez, ve en este atormentado jirón autobiográfico del poeta palestino, "la semblanza de una generación nacida entre dos negaciones: la de no poder volver a un país que nunca conoció y la de ser de ningún lugar. Un pueblo que en cualquier sitio está de más, sin que por ello deje de ser dueño de una identidad más allá del instinto de supervivencia, y que nunca creyó que la derrota fuese irremediable".
3. «Conozco mi café, el café de mi madre, el de mis amigos. Soy capaz de reconocerlos a distancia, de reconocer aquello que los hace diferentes. No hay dos cafés iguales. Mi defensa del café es la defensa de lo singular: no existe un sabor al que en puridad pueda llamarse el sabor del café. El café no es un concepto, no es una sustancia única, un absoluto», dice Mahmud.
Sus vivencias de exiliado en sistemático éxodo, llevándole a lamentarse con justo juicio, "mi nación es una maleta", "hace años mi nación es solo lenguaje", igual que su definida posición política de ciudadano palestino zambullido en la guerra, preparado en este momento histórico para dejar el testimonio de un día de espanto, hace parte de un conjunto de libros y autores poco conocidos en nuestro medio literario donde tenemos la ocasión de familiarizarnos con autores libaneses, egipcios, marroquíes, iraquíes y argelinos.
Soy franco. Si algún color voy a darle a mis serenas hipérboles, será el matiz del grano de café maduro. Café verde o tostado. Ulterior a la lectura de este conmovedor, poético, confidente, fustigador e indomable libro de Darwish, el poeta árabe más difundido en nuestro medio, aún por encima de Adonis y uno de los más publicados en el mundo por sus temas, su lenguaje y sus compromisos humanísticos. Y luego de encontrarme con la apología que hace del café, entre la guerra, el miedo, las explosiones de los misiles y la sangre, hablando de sí mismo y de su pueblo mientras se prepara un café, que se vuelve café existencial y metafísico, nunca volví a beberme un café de la manera como lo hacía antes. No.

4. «El café no debe beberse con prisas. El café es hermano del tiempo. Debe degustarse sorbo a sorbo...Lentamente. El café es la voz del gusto, la melodía del aroma. Es reflexionar, adentrarse en el alma, en los recuerdos», dice Mahmud.

Y a usted puede sucederle lo mismo. Y ese café, conducirlo a leer la poesía de Darwish, a encontrarse con una de las mayores voces poéticas del siglo XX. Pero sobre todo a tomarse el café de manera diferente, luego de las reflexiones terribles de Mahmud para quien tomarse una taza de café y prepararlo entre el fragor de la guerra, se le convierte en metáfora de la vida. Por eso el valor literario de sus apreciaciones sobre el café. Nadie había escrito algo semejante, tan bello, tan cotidiano y trascendente por el sitio desde donde ocurre.

Tomarse un café se le convertirá en un ritual de vida porque no habrá sido vana la iniciación que sumergido entre el dolor le dará el poeta palestino para que disfrute esta bebida en su propia tierra, con su familia al lado, con el paisaje sin herir, con el cuerpo sin torturar. Es en Beirut. Mahmud reside en un octavo piso y quiere ir hasta la cocina de su apartamento a prepararse un café. Debe hacerlo no tanto por el café, que le es indispensable, sino también como un reto contra esa invasión que los israelíes hacen.

5. «Por eso es el café ese silencio de la mañana, ese silencio primero, sosegado; ese silencio único en que te detienes frente al agua elegida por ti en retirada pereza y paz renacida con tu alma y con el mundo», dice Mahmud.

Que hierva el café mientras afuera y por encima los aviones rugen. Comienza entonces el cotidiano drama: "Quiero sentir el aroma del café. Solo eso. Solo quiero el aroma del café. El aroma del café para controlarme, para erguirme, para dejar de arrastrarme y ser; para que mi madrugada dé sus primeros pasos, y salgamos a la calle juntos, este día y yo, a buscar otro lugar". Así comienza la que será una de las más hermosas y conmovedoras apologías del café. Sus reflexiones seguirán a lo largo del autobiográfico libro más páginas adelante. Es una íntima obsesión de vida. Deseo y rabia. Nunca antes, en la literatura o en la poesía, un café se había convertido en bandera de identidad. Ir hasta la cocina a prepararlo, entre los bombardeos cercanos, es un acto de valentía, de heroísmo solitario para quien cuestiona su oficio, su trayectoria, cuanto ha hecho por su país y decide afrontar otras acciones para recuperar esa identidad que quieren quitarle.

En pocos libros suyos Darwish ha sido tan humano, tan palestino, tan árabe. Tan del dolor del mundo que no tiene límites cuando se lucha por unos límites y un espacio definido para poder tomarse un café, sin miedo, con amor a la vida. Agua y café, a lo largo del libro que es un lamento, una acusación, un señalamiento directo contra el sionismo, una acusación sin odio pero certera, que penetra los cuerpos, las ideologías, la historia contemporánea y los perfuma con el olor a café. Un café particular. Como todos los cafés. Pero es que este sucede y va a hervir entre la guerra. Este café puede convertírsele al poeta en una taza de sangre, suya o de sus vecinos.

6. «El tiempo se espesa. Se ha posado sobre mí para asfixiarme. Los aviones pasaron entre mis dedos. Me abrazaron los pulmones. ¿Cómo podré alcanzar el aroma del café? No quiero... ¡No! ¿Dónde está mi voluntad?», dice Mahmud.

Desde la página 12 a la 30 Darwish escribe, no lo dudo un momento, y cuando usted lo lea podrá comprobarlo, una de las más impresionantes elegías en prosa, al café. Al acto de desear café, pensar en el café, y prepararlo para luego salir y caminar por la ciudad bombardeada esa noche. El café como salvación. Lo grave es que no escribe sobre el café, como si elaborara una página de carácter literario en torno al tema. No. Podría haber sido otro líquido, pero en ese momento de un día de agosto de 1982, a Darwish lo asediaban fantasmas que deja ver a lo largo de sus confidencias en esta obra.

Desgarradora, sí. Prepararse él mismo su café y bebérselo como si fuera lo último de su vida. O lo primero en un acto de conciencia poética sobre el acoso enloquecedor al que le someten a él y reducen a su pueblo. Es sangrante cada frase suya, en ese tono de lamento y denuncia, de estoicismo pero también de quien reconoce su voz y su palabra, su poesía, como instrumentos de combate y solidaridad para con el pueblo palestino. El suyo. El suyo ahí, en Beirut, en Ramala o en cualquier lugar del mundo donde leyó sus poemas y con ellos señaló a los verdugos. Escribe afrontando la vida y la muerte.

El café es el camino divisorio entre estas. El aroma del café prevalece sobre el olor de la sangre. Por tal motivo, quien lo lea no podrá volver a tomarse un café como lo hacía anteriormente. No podrá. De verdad, algo estará ahí, entre taza y taza, entre café y café, en cualquier lugar del mundo recordándole el miedo y la ira de Darwish. El poeta y su sombra se sentarán junto a usted y endulzarán su café. O lo harán más amargo, más negro, más intenso. Pero ya no podremos beberlo como antes. Mahmud revive, con sus palabras y las horas de angustia que nos relata en esta obra, con cada taza de café. Y otro es el aroma.

7. «El aroma del café –descendiente de la estirpe primigenia- es un viaje inconcluso comenzado hacem iles de años, retorno que nos devuelve al origen. El café es un lugar. Poros por donde rezuma lo interior. Pausa que une lo que no puede unirse más que en su aroma. Antónimo del destete. Pecho que amamanta a los hombres desde lejos. Mañana nacida de un regusto amargo, leche de la virilidad. El café es geografía...», dice Mahmud.

Es un aspecto del poeta que debe destacarse. Sacarse a la luz. El ceremonial de este café que para él toma otros sentidos. Darwish no está escribiendo un poema en prosa al café. Ni filosofa a partir de su ansiedad por beber café entre la guerra. Tampoco piensa que está haciéndole un homenaje al café. Ni mucho menos, escribe unas páginas solicitadas por alguna revista de gastronomía que quiere saber a qué sabe el café de Beirut, entre pólvora, con olor a misiles. Estas reflexiones sobre el café, introductorias en el libro, son una parte de otras más políticas, intensas, descarnadas sobre el problema palestino.

Van a encontrarse con personajes, amigos de Mahmud. Todo cuanto relata el poeta está sucediéndole ahí, mientras el café se le convierte en comunión vital consigo mismo, su supervivencia, su resurrección, con el mundo cruel que habita. Es una ceremonia vital con el mundo. Darwish, poeta, si no se conocen estas páginas tuyas con dificultad la gente va a conocer ese otro aroma del café que descubriste entre el horror. El espíritu humano del café. Pero cuando se convierten en parte de la lectura de este libro, el café y la vida y la identidad geográfica tendrán otro sabor y otro perfume de los cuales solo la poesía puede darnos referencias humanas.

El resto del libro, sus diálogos, sus confidencias, los testimonios, retazos de un lapso crucial en la vida del poeta palestino, todo cuanto nos revela en este libro, anuncian a un poeta capaz de encontrarle a la cotidianidad una metáfora para salvar a su pueblo. Es el diario desenfrenado, sin respirar, de una monologante introspección donde toda idea parte de una imagen que la desembrida lanzándola a llenarse de preguntas, de dudas y acusaciones. Prosa de frases breves, mezclada con poesía, con diálogos que se transforman en duros microrrelatos.

En el otoño de 1982 debe abandonar Beirut a raíz de la ocupación israelí. "¿Es Beirut un espejo para que lo rompamos y penetremos en sus fragmentos o nosotros somos espejos que quiebra el aire?", escribe Darwish en su Poema de Beirut. Ya está roto en su interior. Pero lleva consigo los fragmentos, todos los segmentos están ahí, dispuestos a convertirse en millones de espejos más que reflejarían la matanza, la agresión. Operación Paz para Galilea. Un mes más tarde, ocurriría la masacre de Sabra y Chatila, matanza de refugiados palestinos en dichos campos de refugiados. Entonces, el café de Mahmud en lugar de agua se habría preparado en sangre. Más de un centenar de falangistas armados con pistolas, cuchillos y hachas masacraron ancianos, niños y mujeres palestinos, civiles indefensos. Claro, paz para algunos y guerra para otros. Por tal motivo nadie pudo exiliarlo de estas fronteras de la palabra. Que se ampliaban. Que crecían. Que se derramaban por el mundo. Que regresaban al dolor de su pueblo, transformadas en palomas de luz, transparentes, más veloces que los aviones israelíes, que sus misiles.

Dos años más tarde, a raíz del exilio, publica su extenso Poema de Beirut. En este texto resalta su realismo metafísico, ese tono y esas ideas, esa forma de expresar la angustia y las incertidumbres más cotidianas que caracterizan a escritores como Seamus Heaney, Derek Walcott, Miloszy Zymborska dentro de la misma denominación. Este largo texto complementa el libro que hemos citado y que es un testimonio en prosa, y a veces surge el poema y se combina porque es necesario otro tono para tener mesura y no gritar, o no odiar al enemigo. De dolor como no se ha escrito para señalar la persecución de que fue objeto. Un hombre y un pueblo y una historia. Muerte del principio al final. Pero vida del principio al final, porque hay esperanzas que se beben como café. Las metáforas de este libro son las cronistas del horror, ese día en Beirut.

Luego, Mahmud tuvo que irse. Lo echaron. Lo empujaron. Siguieron empujándole sin piedad. El café se le convierte en reto para vivir y enseñar a vivir, para afrontar sus dudas. Es símbolo líquido de fortaleza y sobre todo de identidad. ¿Memoria para el olvido? Jamás se olvidará este libro. Sus palabras están más vivas que cuando Darwish vivía. Las heridas incurables de la historia. Su desarraigo perpetuo. Juan Goytisolo debió probar algunos sorbos del café que preparó Mahmud, al escribir de este: "Su estrategia defensiva se ha enriquecido paulatinamente, desde la publicación juvenil de sus poemas de cárcel en su patria ocupada por Israel hasta el admirable Es una canción es una canción con una intensidad humana y poética que ha transformado su obra militante en algo que trasciende la militancia revolucionaria y la arrima a esa misteriosa carga profética que impregna la obra de Mutanabbi: paso a paso su rigor ha alcanzado una incuestionable dimensión estética". De remansadas emociones que no dejan de gritar el desencanto de esa sociedad indiferente hacia el drama del pueblo palestino.

8. «Apaga el fuego, sin hacerle caso a los misiles. Llévate el café al pasillo. Viértelo con mimo en una taza blanca: las de color coartan la libertad del café. Observa los trazos del vapor, la tienda ascendente de su aroma», dijo Mahmud.

 

 

*UMBERTO SENEGALUmberto Senegal nació en Calarcá, Quindío, Colombia. Poeta, cuentista, ensayista, educador y editor. Director del Centro de Estudios Robert Walser (Calarcá, Quindío, Colombia). Licenciado en Español y Literatura. Colaborador en múltiples periódicos y revistas de Colombia y otros lugares del mundo. Sus haikus han sido traducidos a 12 idiomas. Algunos de sus textos en prosa y verso, figuran en antologías dentro y fuera del país. Fundador y Presidente de la Asociación Colombiana de Haiku. Coordinador del Centro de Estudios Bizantinos y Neohelénicos, Miguel Castillo Didier. Codirector del Centro de Investigación y Difusión del Minicuento, Lauro Zavala. Vicepresidente de la Fundación Pundarika. Asesor literario y coordinador de Cuadernos Negros Editorial, de Calarcá, Quindío. Ha editado y dirigido varias revistas y periódicos literarios entre ellas la Revista de arte y literatura, Kanora. Ganador de varios concursos regionales de cuento y poesía. Ha publicado 24 libros de poesía, minificción, cuento, haiku y ensayo. Tiene varios libros inéditos sobre Robert Walser.