EDITORIAL

 

En estos tiempos del tercer milenio, probablemente ningún otro tipo de publicación haya crecido de manera exponencial de la manera en que se han multiplicado las revistas virtuales de literatura. Cuando se concibió Tardes Amarillas, se pensó en ella como una revista dedicada en exclusiva a la literatura y en especial a un género: El microrrelato. Con el paso de los días y ante la enormidad de material con qué contábamos nos dimos cuenta de que, a pesar de que el microrrelato (o minificción, minicuento, microcuento, relato ultrabreve o, como quiera llamársele) es una de las tendencias con más adeptos en las redes (a través de las cuales, cualquier publicación literaria se asegura un buen número de lectores) restringirla a ese género era un verdadero desperdicio. Para ese entonces, contábamos ya con numerosas colaboraciones de reseñas de libros, artículos de opinión y una gran variedad de temas y aspectos del arte de las letras, pero bastó que cierto pintor "amigo de la casa" nos ofreciera sus cuadros para ilustrar portadas y notas y (casi contemporáneamente) un fotógrafo nos hiciese similar ofrecimiento, para que, Tardes Amarillas se transforme en una publicación mucho más amplia.
Nos ha costado mucho llegar a este momento pero, a esta altura de la vida de nuestra revista, nos sentimos satisfechos del camino recorrido.

Ya dijimos varias veces los problemas que se presentan a la hora de subir a Internet una revista de cultura como esta, sobre todo, cuando la misma es absolutamente independiente y carece de patrocinadores lo que trae aparejado que, el trabajo que significa su actualización sea más pesado, no solamente por lo reducido del equipo sino por aquellas cargas emocionales como, por ejemplo, pensar si se podrá financiar su próximo número. Eso sin contar con los cargos de conciencia por no poder publicar a todos quienes nos envían sus colaboraciones o los debates que se generan en el grupo a la hora de "bajar" una nota o artículo para dar espacio a otra publicación o el sentimiento de culpa por no poder cumplir con todos.
Comprendemos a los autores y colaboradores que nos ayudan esporádicamente y que a veces no pueden enviarnos sus trabajos ya que, lamentablemente, no podemos pagar honorarios pero, en este sentido queremos poner nuestro énfasis en el agradecimiento a todos aquellos que, robando tiempo a sus actividades habituales (aquellas que realizan para sobrevivir en este mundo cargado de exigencias) se hacen un espacio para escribir regularmente para nuestra revista. Y no son pocos. Por supuesto, no caeré en la imprudencia de mencionar a cada uno por sus nombres no solamente porque corro el riego de ser injusto y olvidarme de alguno sino también porque valoramos de igual medida aquellos que nos acercan trabajos ocasionalmente (que en su inmensa mayoría resultan valiosos) y que lo hacen sin reclamar pago alguno. Muchas gracias a todos los que, de una forma u otra formamos parte de la revista.
Por otro lado, es necesario mencionar que, precisamente, debido a la cantidad de material que recibimos, para el staff de tardes Amarillas (un pequeño grupo de apenas cuatro personas, incluido el ingeniero que nos ayuda en la tarea informática, que son quienes administran el sitio), resulta una tarea agobiante todo lo relacionado a la selección de notas y la tarea propia de publicación en la red ya que nos exige un conocimiento mayor, cada vez, no solamente del arte sino también de los mecanismos informáticos correspondientes lo que no resulta sencillo. Afortunadamente, si bien la santa madre Internet, así como acarrea múltiples peligros, tiene muchas ventajas... por ejemplo, uno se puede pasar una noche entera navegando en buscadores para aprender sobre fotografía o leer sobre cine para, al día siguiente, dar argumentos irrebatibles a quienes trabajan a tu lado, tarea que, curiosamente es mucho más fácil para un jovato insomne que para jóvenes que regulan religiosamente sus horas, lo que no deja de tener un sabor dulcemente maligno.
Ahora sí, hablemos de este número.
Por fin, podemos ir normalizando nuestra publicación. Por primera vez en varios meses podemos anunciar que, junto con la edición quincenal de la revista, se han actualizado los blogs Asociados La poesía de Tardes Amarillas y En los esteros. Como recordarán nuestros lectores a ambos sitios se puede acceder, directamente haciendo click en la imagen de la portada o, si el interés es más personalizado hacia los autores, clickeando en el enlace del índice. En este número se podrán leer poemas de la salteña Fernanda Álvarez Chamale y microrrelatos de la tucumana Ana María Mopty de Kiocheff.
En cuanto a la revista, anunciamos que en este número continuamos con las entregas de nuestra Antología de Poesía Santiagueña que en esta oportunidad viene de la mano de Rubén Aníbal Costilla, poeta del interior de Santiago del Estero. En el rubro Microrrelato, también tenemos un invitado de lujo. Raúl Jorge Lima, Escritor de vasta trayectoria en casi todos los géneros literarios quien nos regala una serie de microrrelatos que sirven para demostrar su enorme talento a la hora de ejercer el oficio de escritor.
Además se incluyen otra de las valiosas entregas de Guillermo Bustamante Zamudio, nuestro colaborador colombiano y el aporte siempre inestimable que llega desde México de manos de Jaime Muñoz Vargas. También tenemos en este número el siempre calificado artículo de cine de Alejandro Bentivoglio. (En este caso es una reseña de la película The Atticus Institute) y una colección imperdible de imágenes a través de las cuales el artista cordobés Nicolás Zuriaga nos muestra como imagina él la ciudad de sus orígenes después del apocalipsis.
También ofrecemos un artículo acerca de los aforismos del escritor tucumano Ivo Marrochi y una reseña muy interesante del libro Inés se turba sola de Ricardo Bugarín que realizó nuestro joven colaborador Hugo Soria.
La mesa está servida... Ojalá los comensales (es decir los lectores, obvio) paladeen cada manjar con la fruición con la que, el equipo de Tardes Amarillas, pudo hacerlo a la hora de seleccionar el contenido.

 

Antonio Cruz