2006-04-A

 

 

       Literatura y filosofía (punto x de ∞)

 

Guillermo Bustamante Zamudio*

Especial para Tardes Amarillas

 

En casi todos sus diálogos, Platón hace una introducción narrativa. Tal vez el único que entra directamente al tema sea el diálogo sobre la virtud, que abre con una pregunta de Menón a Sócrates sobre el tópico. De resto, desde unas pocas líneas hasta un extenso comentario, materializan una introducción. Cratilo ilustra el caso de un par de líneas: Hermógenes le dice a su interlocutor "Aquí tenemos a Sócrates. ¿Quieres que le admitamos como tercero, dándole parte en nuestra discusión?", y, tras la lacónica aceptación de Cratilo, se pasa al diálogo. El banquete ilustra el caso de una introducción extensa: Apolodoro —que no estuvo presente en el simposio sobre el amor— les cuenta a unos amigos lo que recientemente le había contado a Glaucón, al cual le había contado otro (que fue quien le contó a Apolodoro), pero no fue muy claro, y a ese otro le había contado Fénix, al cual, a su vez, le había contado Aristodemo, ¡único de todos los mencionados que sí estuvo presente!... aunque "colado".
Esta parte parece un intento de hacer verosímiles los diálogos, pues luego de la introducción queda dicho que una situación social (encuentro casual, celebración, entrenamiento, etc.) se altera —o que se alteró antaño— para dar paso al diálogo y que, a continuación, se deja constancia de lo hablado. Supuestamente, el lector conocerá la reproducción fiel de un diálogo real. Y muchos ensayistas lo asumen así, al punto de citar frases de los personajes como si fueran de los filósofos homónimos (alguien de la talla del lingüista John Lyons, por ejemplo, cae en esa trampa).
En cambio, si Platón iniciara diciendo: "Había una vez...", el lector se pondría en posición de leer una ficción (y, entonces, no confundiría personajes con filósofos). Con todo, el mecanismo de Platón es como el del narrador que persuade al lector de la realidad de lo contado: el mundo del relato tiene leyes propias (naturales y/o sociales) que se sostendrán de manera consistente. Pero, ¿tiene sentido que Platón aplique un mecanismo literario —al menos en apariencia— para hacer verosímil un texto de naturaleza filosófica? ¿Necesita eso la filosofía? ¿Por qué no empezar con el diálogo filosófico mismo?, ¿por qué no omitir la parte narrativa y empezar cuando los personajes asumen el tema? 
Acá se nos confunden un poco los géneros, pues, en apariencia, los enunciados que se refieren a la realidad estarían legitimados de antemano y sólo cuando se transgrede esa realidad (con la ficción, por ejemplo) parecería necesario hacer verosímil el texto. De ahí que haya un modo verbal llamado "indicativo", de ahí que se hable de denotación y connotación. Pero, de un lado, tenemos literatura que no se quiere diferenciar de una descripción de la realidad (como en Marcel Schwob); y, de otro lado, los enunciados que supuestamente hablan de la realidad, también son objeto de procedimientos para hacerlos ver como verosímiles; otra cosa es que tales procedimientos nos resulten invisibles cuando ya estamos en la posición que ellos buscan producir. Por supuesto, este "punto débil" de todo enunciado es aprovechado por la literatura, que ha desplegado desde siempre —pero más intensamente a partir del siglo XX— una serie de juegos con este mecanismo... al punto que Stanislaw Lem escribe ensayos sobre novelas inexistentes.
Dado el "punto débil" —conformado nada menos que por nuestra condición de habitantes del nivel de la palabra—, el siglo XX ha promovido la idea de que la ciencia es un sistema cultural como cualquier otro (Paul Feyerabend); incluso se ha llegado al extremo de decir (Jean-François Lyotard) que la filosofía es un género literario. Ciertamente, lo verosímil está relacionado con la reiteración del discurso (según Joseph Goebbels, repetir una mentira la vuelve verdad), está relacionado con lo deseable, con convenciones y comparaciones (Christian Metz)... Pero esto sólo serviría para decir que los diálogos de Platón son ficciones, en la misma medida en que todo enunciado lo es. Ahora bien, una caracterización tan general no habla de la especificidad de tipo discursivo alguno, ni de enunciado alguno. Según parece, deberíamos aceptar esa condición para todo enunciado y volver a hacer vigentes las tipologías antiguas; o sea: todo enunciado pertenece a la cultura, pero no todos son iguales. SÓCRATES
Así, cuando se decía "Érase que se era..." tal vez no bastaba para proponer un cierto contrato de lectura. Quizá era una redundancia, tomada por el todo del asunto, cuando había muchos más elementos en juego. Entonces, la clave no estaría en lo anunciado (Odiseo dice que va a decir verdad sólo cuando miente), sino en la textura del mensaje, en la cual, por supuesto entra el anuncio de lo que se va a hacer, pero subordinado al conjunto. Un ejemplo: las fábulas son abiertamente ficción, pues en ellas las zorras hablan, pero la moraleja reinterpreta todo el mensaje para sacarlo de la dimensión ficticia y reubicarlo en la modalidad de la descripción objetiva; en el caso de la fábula sobre la zorra y las uvas la idea es: los humanos decimos despreciar lo que nos luce inalcanzable. Pero, si se trataba meramente de decir esto último, ¿para qué inventar la historieta de la raposa? Hay algo más en juego.
Volvamos al filósofo griego. Podrían enlazarse las siguientes razones: los diálogos platónicos no son reconocidos como literatura; intentan constatar conversaciones pero, como no lo son, como son creaciones, tratan de hacerse verosímiles en tanto constataciones; así, el ensayo filosófico hace verosímil el diálogo, y hacer verosímil el diálogo contribuye a inscribirlo en el género filosófico: "como es filosofía, es verdad; como es un diálogo verdadero, puede ser filosofía". Pero hasta allí, como hemos dicho, tendríamos un panorama para todos los textos.
Volvemos a la pregunta del comienzo: ¿para qué hace Platón —o "el narrador", si quieren— la introducción narrativa a los diálogos? Diré sólo un par de palabras para El banquete, pues la explicación de esta dimensión del texto es singular, se encuentra sólo caso por caso. En dicho diálogo, se habla del amor y se empieza diciendo que el diálogo pasó por muchas versiones. Entiendo con ello que la verdad sobre el amor (ubicada en el drama de la escena de celos de Alcibíades y no en los contenidos de los discursos de los participantes) es susceptible de ser transmitida en tanto pasa de una versión a otra (como el mito), sin ver alterados los elementos que pone en relación.

 

La imagen que ilustra esta nota fue tomada del siguiente sitio Web: http://www.taringa.net/posts/ciencia-educacion/18687172/Socrates-yo-te-banco.html

 

Guillermo BustamanteGuillermo Bustamante Zamudio nació en Cali, Colombia, en 1958. Es licenciado en Literatura e Idiomas y Magíster en Lingüística y Español. En 2002, obtuvo el Premio Isaacs con su libro Convicciones y otras debilidades mentales y en 2007, su libro Rolesganó el Tercer Concurso Nacional de Cuento de La Universidad Industrial de Santander.Junto a Harold Kremer, ha sido un cultor del minicuento en Colombia a través de la fundación y dirección de la revista Ekuóreo y las antologías Antología del cuento corto colombiano, Los minicuentos de Ekuóreo y Segunda Antología del cuento corto colombiano. Ha publicado los libros de microrrelatos, Oficios de Noé, en 2005; Libro sobre microcuento, en 2008; escrito a dos manos con Harold Kremer y Ekuóreo: un capítulo del minicuento en Colombia, en 2008. Varios de sus cuentos componen antologías de microrrelatos en Colombia e Hispanoamérica.