MARÍA ADELA AGUDO

 

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   BIENVENIDA
La vez que llegues a mi tierra, hermano,
no atiendas no al aroma que sencillo
envíe a tu alma rústico un tornillo
o las maderas del vagón cercano.

No mires no, tampoco, al cielo aldeano
con leves lunas y pausado grillo.
Atiende al canto, atiende al estribillo
que con amor te brinde algún paisano.

Porque sólo en el campo te reciben
con esa loa de silencio y vida
sin conocerte, sin pensar quién eres,

sabiendo que en tus voces se aperciben
ocultos ritmos, vibración florida,
que nos dirán lo mucho que nos quieres.

 

LAS CIGARRAS
Se adueñan del verano
Cual miríadas de pequeños meteoros
Que cavaran el aire.
Y no oís
ni las suaves epifitas respondiendo al insecto
ni las lianas techando el mediodía.
No quieren la salud
de sus buenos cantores,
les barrenan las células suaves.
Cigarrales del bosque,
Micas arrobadoras, perversos milagros.
Rapsodas de la tierra:
por cada vocinglera una hoja muriendo
un silencio en el pasto.
Si al menos cortase mi ventana
vuestro continuo rezo.
Mas ni chales espesos ni vidriados azules
han de cubrir los élitros.
Amanecer de otoño:
volved a los rapsodas
el descanso perenne.

 

EL INDESTINO I
Tú me viste
descubierto
la hondura de mis ojos
y mis lentas sonrisas
y recibiste
mi mensaje de rimas.
Sin embargo
impíamente
construiste otra ciudad
de mil rosales.

El indestino
era un instante,
lazo entre los ángeles
anillo de palomas.
Porque no adivinaste
ni azoraste mi sueño
echando a volar pasos.

 

 

PRESENCIA DE LA CARNE
Sube en mí tu presencia
como la luna llena.
Mujer de clara sangre
y de palabra lenta.
Se enciende en el silencio
la lealtad de tu carne.
Tu perfil gravemente
va invadiendo la tarde.
Nada es tuyo en tu cuerpo
toda eres del aire.
Eres toda del tiempo
y toda del paisaje.
Pura lección del ala
liviana flor del trino.

 

 

EN LA DANZA
Estoy danzando alrededor del día
en un césped de júbilo sonante,
mujer sin cuerpo, mito alucinante
que visita la tierra de armonía.

Y no soy tuya, soy la fantasía
del tobillo más leve y más flotante
que vuela al aire lúcido y brillante
con la imagen fatal de la alegría.

Bailo inmóvil y siento presurosa
que bajan por mi brazo los maizales
de la lluvia infinita y vaporosa,

que corren las canciones a raudales
besando la llanura cadenciosa
que por mí, gira llena de zorzales.

 

 

María Adela Agudo (La Banda, Santiago del Estero, 13 de febrero de 1912 – Tucumán 27 de enero de 1952). Se graduó de maestra normal en la Escuela Normal Manuel Belgrano y se tituló posteriormente de Profesora de Letras. Aunque tuvo efímera pertenencia al grupo La Brasa, estuvo más comprometida con el grupo Vertical donde publicó sus primeros poemas. En Tucumán dictó clases en el Instituto Juan Bautista Alberdi, dirigido por el escritor Ardiles Gray. Publicó poesías en diarios y revistas e integró el grupo La Carpa, Tucumán, que nucleó a escritores representativos del Noroeste del país. Dirigió la revista literaria Zizayan, Publicó en revistas literarias como: Cántico, El Correo de Santiago, Vertical, Tuco, etc. Es considerada por algunos estudiosos como cultora de la poesía vanguardista. Muchos de sus poemas inéditos se publicaron posteriormente a su muerte en los Cuadernos de Cultura de Santiago del Estero. A partir del año 1961, funciona la Asociación literaria "María Adela Agudo.

 

La imagen que ilustra la nota fue obtenida del sitio http://bibliotecajwa.com.ar/santiago/doku.php/maria-agudo