MINIFICCIONES ILUSTRADAS

(Umberto Senegal) 

Comentario y Selección de textos Mariano Cuevas.

 

 

                                                      tapa historias en la ventana

 

Ya hemos dicho en numerosas oportunidades (y no nos cansaremos de repetirlo) que el microrrelato (o minificción o microcuento o minicuento o como prefiera ser llamado) se ha transformado en la forma literaria preferida por los escritores en el tercer milenio. Es menester reconocer que Internet ha tenido una influencia enorme en su difusión, ya que a través de la Web 2.0 permite la lectura rápida por cientos de lectores a través de blogs, bitácoras y diferentes tipos de páginas Web.
Dentro del género, no faltan, como en este caso, el colombiano Umberto Senegal, quienes no solamente escriben textos de minificción sino además ilustran sus textos con imágenes que hacen mucho más placentera la lectura.
Umberto Senegal (Calarcá, Quindio, Colombia, 1961) sorprende con su nuevo libro Historias en la ventana, primer volumen de la colección Cuento Atómico (Editorial Cuadernos Negros) en la que, a cada cuento le corresponde una determinada imagen.
El libro en formato digital, tiene una presentación impecable y los cuentos ilustrados de manera original, transforman al libro en una obra valiosa y que, según nuestro criterio, debe ser difundida por lo que en esta edición publicamos los cinco primeros textos con sus correspondientes ilustraciones que, no abrigamos ninguna duda, serán del gusto de todos los lectores.

 

 

 

EL PASO DE LOS AÑOS

 

                                               EL PASO DE LOS AÑOS

 

Míreme bien. Viejo tan viejo no soy, como para no darme cuenta del paso de los años por este pueblo y este barrio. Esa niña por quien usted pregunta, era la más hermosa destos lados. Y para qué, no son exageraciones, también la más sensual del pueblo y de su edad. Las mayorcitas le cargaban envidia. Unos la deseaban de frente y la mayor parte a escondidas. De 13 años recién cumplidos, la vi salir por esa puerta del frente, la de madera verde donde está durmiendo el perro. Le dijo a su mamá y a sus cuatro hermanitos cuando regrese volveré rica para sacarlos deste barrio y ponerlos a vivir bien. Cómo no iba a escucharla si a mí también me hizo promesas parecidas. La silla de ruedas. Se fue sin despedirse de nadie más. No le digan nada a mi perro, recomendó, en serio. Con un morralito donde llevaba la única ropa que tenía. Y esa belleza que todos volteaban a mirarle.
Regresó a los siete años, transformada en una mujer de 40. Trajo esta niña de cinco. Es el paso de los años, mijo. Solo faltan ocho para que ella también se vaya. Tal vez ella sí consiga con qué comprarme la silla de ruedas. Mijo, hay que tener paciencia y yo, viejo tan viejo no soy.

 

 

LA ALCOBA

 

                                                 LA ALCOBA

 

 

A mi abuela se le han muerto casi todos sus hijos y nietos. Quedamos mi hermano y yo, turnándonos durante las noches cuando ella exige que llevemos a su alcoba los retratos. Primero eso. Y luego la ropa. Y por último algunos objetos familiares que ponemos alrededor de su cama. Acompañada por fotografías, a mi abuela no la hiere su soledad. Para entretenerla mientras ella balbucea con cada fotografía, mi hermano habla como lo hacían ellos. Ríe igual que reían ellos o relata cuanto les sucedió ese día. Entonces mi abuela ríe hasta llorar.
Son muchos. Gran parte de la familia se reúne en la alcoba y parece que hubiera fiesta. Les ofrezco vino pero no entro porque no hay espacio para mí. Cuando se fatigan de hablar mi abuela prende la grabadora y escucha a Ofra Haza hasta el amanecer. Sólo Ofra en la habitación y esto es lo más conmovedor para ambos: En la alcoba sólo Ofra. Por la mañana mi hermano devuelve las fotografías, la ropa húmeda de sudor y los objetos. Él es más apegado a la abuela porque la acompaña lunes, martes, miércoles, jueves, viernes y sábados. Los domingos se reservan para mí. Ella espera impaciente aunque sabe que no le llevo su carga de fotografías ni imito la voz de ninguno de sus muertos. Entro en la alcoba de la abuela, me pongo su piyama, me acuesto en su cama, me cobijo con sus mantas y entonces espero que sea lunes. Se me han muerto casi todos mis hijos y mis nietos.

 

 

 LOS PUTOS

 

                                                 LOS PUTOS


Esa noche los travestis esperaron en los andenes sin desplazarse de sus sitios habituales. Lucían su indumentaria más ostentosa y no aceptaban ninguna invitación. Por tácito acuerdo ninguno habló. Nadie preguntó quién subiría al carruaje. Tercera vez que anunciaban la visita del extraño vehículo por el sector de los travestis. La curiosidad predominaba sobre el temor y la prudencia. La primera en montarse fue Loly. Después invitaron a la Tigrilla y a la Bardot. La tercera vez, se subió cantando a gritos una ranchera de Cuco Sánchez, la Mejicanita.
No regresaron. Ninguna noticia de ellas, vivas o muertas. Sus lugares fueron ocupados por otras. Nadie las extraña. Las cuatro se fueron encantadas. Princesas de la madrugada o cadáveres quién sabe dónde. Esa noche el blanco resaltaba en los vestidos porque había sido el color de la ropa que llevaban Loly, Tigrilla, Bardot y la Mejicanita. Zapatos blancos y bolsos blancos. Ninguno habría adivinado que todos tenían también calzones blancos, supersticiosos y dispuestos a obedecer tan pronto los llamara el hombre que ocupaba el carruaje tirado por cuatro caballos blancos. Lánguidos cisnes de la noche, a lo largo de la avenida los travestis miraban la luna llena.
A las dos de la mañana apareció el carruaje, desplazándose lento con el Conde visible en la ventanilla. Se detuvo en el parque y con leve movimiento de la mano las llamó a todas. Rodearon el carruaje en total silencio, hipnotizadas por la subyugante presencia del Conde, dispuestas a cumplir cualquier solicitud y prontas para precipitarse en los abismos de la carne. Seducidas por el atractivo filo de la daga sarracena, una tras otra extendieron el brazo izquierdo para recibir la marca. Mayo 5 de 2003: Esa noche no se llevaron a nadie a pesar de las suplicantes miradas. En ellas, sólo esa marca. Y para ellas, una mirada directo a sus ojos. El acostumbrado beso en la boca y un billete de 10.000 pesos para cada uno.
Tristes, vieron alejarse el carruaje. Regresaron a sus hogares con el labio superior herido y saboreando su propia sangre mezclada con el pintalabios.

 

 

MARQUESITA QUESALDE

 

                                              MARQUESITA QUESALDE


Como cargaba ese rostro equino y algo más desde cuando nació y nada pudo hacerse, eligió la profesión de bruja. Yerbatera de las buenas. Ojeadora de las buenas para males y también para virtudes cuando sabían darle trato. En el pueblo la temían unos, y otros la respetaban pero, de amores, nunca. Desde niña su cara determinó su futuro y el del pueblo. La consultaban para sacar daños del cuerpo y dolencias de los sentimientos. Marquesita Quesalde especializó sus brujerías en curar o matar animales: cerdos, vacas, caballos, ovejas. Una mirada suya desplomaba una mula, volvía estéril una marrana, secaba la leche a las cabras, ponía tristes a los canarios o anudaba a las ovejas su vellón. Con esa cara, las miradas le mejoraban cada año su profesión.
Un día, de la noche a la mañana, la bruja desapareció dejando todo lo de su casa. Hasta un pedazo de sombra suya sobre la pared de la alcoba, bajo un cuadro grandísimo de José Gregorio Hernández. Ese mismo día, también desapareció el mejor caballo del viejo Rubiroso Amaya. Nadie roba un caballo a Rubiroso y se queda así. Dos preocupaciones grandes para el pueblo: Marquesita y el caballo. Yo no lo vi pero varios trabajadores que madrugan para las fincas, aseguran que lo vieron a todo trote, como hechizado, detrás de una hermosa yegua blanca que les era familiar pero que jamás habían visto en la región.

 

 

LA PORDIOSERA

 

                                                  LA PORDIOSERA


En el andén, antes de subirme al bus, le di la limosna que sólo a mí suplicaba la insistente anciana. Varias personas esperaban y ninguna le prestaba atención. Tampoco ella a estas. Agradecida, la vieja me reveló que era un hada. Subí al vehículo y ella subió tras de mí, acomodándose en un lado del puesto donde me senté. Buscando mis ojos, porfió: "Señor, míreme bien que soy un hada". "Un trol, tal vez", pensé, porque estaba sucia y olía fétido. Sus ojos eran lo único limpio para la edad que debía tener: setenta y cinco o más.
Cuando me aproximé al sitio donde debía bajarme, por cortesía le dije: "Aquí me quedo, señora, que pase buen día". Bajó tras de mí. Aunque no experimenté la sensación de ser perseguido, la anciana caminó tras de mí, repitiendo: "Un hada, señor, soy un hada". Me tocó el hombro. Su mano llena de pecas. "No lo dudo, amiga", le dije, deteniéndome un momento, "pero con esta prisa que mantenemos... Hombres, hadas, la muerte. Tan rápido todo, que uno no se da cuenta ni de uno mismo". Le dije, sin saber si comprendía.
Al llegar a mi casa, la anciana ya no me seguía. Por algún lugar de la calle, debió entrar a cualquier sitio, Eso creo. Aunque mi hija no cesa de preguntarme: "Papá, ¿por qué la niña que venía a tu lado salió volando cuando abrí la puerta?".

 

UMBERTO SENEGALUmberto Senegal nació en Calarcá, Quindío, Colombia. Poeta, cuentista, ensayista, educador y editor. Director del Centro de Estudios Robert Walser (Calarcá, Quindío, Colombia). Licenciado en Español y Literatura. Colaborado en múltiples periódicos y revistas de Colombia y otros lugares del mundo. Sus haikus han sido traducidos a 12 idiomas. Algunos de sus textos en prosa y verso, figuran en antologías dentro y fuera del país. Fundador y Presidente de la Asociación Colombiana de Haiku. Coordinador del Centro de Estudios Bizantinos y Neohelénicos, Miguel Castillo Didier. Codirector del Centro de Investigación y Difusión del Minicuento, Lauro Zavala. Vicepresidente de la Fundación Pundarika. Asesor literario y coordinador de Cuadernos Negros Editorial, de Calarcá, Quindío. Ha editado y dirigido varias revistas y periódicos literarios entre ellas la Revista de arte y literatura, Kanora. Ganador de varios concursos regionales de cuento y poesía. Ha publicado 24 libros de poesía, minificción, cuento, haiku y ensayo. Tiene varios libros inéditos sobre Robert Walser.