Carlos Enrique Saldivar 2

 

 

 

ALGUNAS DISQUISICIONES SOBRE LA CIENCIA FICCIÓN*

Carlos Enrique Saldivar

 

Entre los géneros literarios más fascinantes surgidos en nuestra historia universal tenemos a la ciencia ficción. Corriente no solo literaria sino también artística, que ha sido explotada arduamente por los narradores, poetas, pintores, dramaturgos, autores de cómics, directores de cine, etc. Sin embargo, a pesar de su inmensa popularidad (acompañada algunas veces de una escasa calidad), la ciencia ficción es una vertiente que aún no goza de estatutos que la definan como tal, lo cual provoca que haya muchos textos que no puedan encajar por completo en dicha taxonomía. A lo que me refiero con esta aseveración es que los límites de la ficción científica son todavía nebulosos e indefinibles y dudo mucho que, en los próximos años, algún estudioso sesudo pueda decirnos por qué una novela es o no del género que nos ocupa. Norman Spinrad, brillante escritor estadounidense, decía (con un pragmatismo humorístico que resulta acertado) que la ciencia ficción es todo aquello que se publica en las revistas y colecciones de libros de ciencia ficción, comentario que nos remite a lo siguiente: hubo y hay libertad entre los editores, lectores y los propios autores para incluir un texto dentro de dicha corriente. He analizado muchos casos dentro de mi país y en el extranjero, y he comprobado que, generalmente, cuando una obra es catalogada como ciencia ficción por una de estas tres personas (editor, lector o autor), resulta siendo de tal género; esto a modo de observación personal. Abundan más los casos en los cuales a las obras de ficción científica no se les reconoce como tales y se les brindan otros rótulos, mayormente inventados, mal manejados o torpes. Esto es fastidioso, porque estoy seguro de que la gente que habla mal de dicho género nunca lo ha leído o no lo ha absorbido como debe ser, es decir: consumiendo buena ciencia ficción literaria. Hay quien me dijo que La carretera de Cormac McCarthy no es ciencia ficción, porque el tema no es la ficción científica sino la relación entre un padre y su hijo; bueno, el tema puede ser cualquiera, la amistad entre un hombre y una bestia, por ejemplo, pero si la ambientación corresponde a la ciencia ficción, entonces estamos ante una ficción científica. Y si el autor de dicha obra dice que no es así, no le creamos. El escritor es el menos indicado para juzgar una obra suya, ya lo dijo el maestro Stephen King. Tengo la impresión de que la ciencia ficción es uno de los géneros que más se consume y, al mismo tiempo, resulta ser el menos conocido (en sus entrañas) por el ciudadano de a pie. Ello resulta curioso porque ésta podría ser una de las vertientes de la literatura más rica en subgéneros que existe. Tenemos las utopías, las distopías, las ucronías, la space ópera, los mundos paralelos, alternativos, apocalípticos, post-apocalípticos, etc. Demos un pequeño vistazo a la ucronía, esta categoría puede, incluso, contener a dos subgéneros muy trascendentales: el steampunk y el cyberpunk. Subgéneros dentro de otros subgéneros. No olvidemos además las combinaciones de géneros: la ciencia ficción de terror (It de Stephen King, Watchers de Dean R. Koontz), la ciencia ficción policial (Las bóvedas de acero y El sol desnudo de Isaac Asimov). La ciencia ficción política, sociológica, antropológica, teológica, etc. Estas disquisiciones nada más pretenden mostrar las múltiples posibilidades de la ciencia ficción como vertiente literaria, arte y medio de expresión.
Ahora, me gustaría hablar de una cosa muy interesante de la cual usted, lector, tal vez no esté enterado: la relación entre ficción científica e imaginación.
Veamos, la ciencia ficción es el género de la imaginación. La imaginación es parte de un proceso. Al imaginar se inventa o se recrea. Dependiendo de si se escribe o se lee. O si de solo se piensa. Cuando uno escribe, crea y/o construye. Cuando uno lee, recrea o articula, de acuerdo a las señales o piezas que le brinda el escritor. De esta manera, podemos dilucidar que en el proceso de escritura, que es lo que nos ocupa, pueden existir dos tipos de imaginación: la constructiva y la creativa. Lo que menciono no forma parte de ninguna teoría ni estoy citando a ningún estudioso, solo es parte de mi visión personal. Para ser mejor entendido, procedo a explicar cada una de estas manifestaciones del proceso de imaginar. Los escritores realistas construyen, cimientan (imaginación constructiva), toman como base la realidad y, de esta manera, edifican una construcción compleja y elaborada que comprenderá personajes, diálogos, situaciones que se escribirán en pos de dar a luz un discurso. Los escritores fantásticos crean, inventan. En especial, los de ciencia ficción. No se valen de la realidad para construir sus edificios. Conciben otra realidad y, a partir de esta, sostienen el mundo, los seres y los sucesos que derivan de su imaginación. Muchos autores de ciencia ficción no solo crean sino que también construyen sobre los mundos que han creado. Realizan una doble labor. Deben edificar universos que no puedan desmoronarse. Por eso los escritores de ficción científica siempre me han fascinado.
A lo que voy es lo siguiente: creo que la ciencia ficción es el género más completo que existe, lo cual no significa que sea el mejor; cada vertiente de la literatura es valiosa siempre en manos de un escritor hábil. No hay géneros mejores que otros. No obstante, la metodología en el arte de contar varía de una corriente literaria a otra. Pero hay que dejar algo en claro: creo que existen dos tipos de literatura (y no voy a caer en el cliché de decir buena y mala literatura, lo ideal es que la literatura sea siempre buena; existen sí los buenos y malos discursos); disculpen la divagación, existe la literatura construida a partir de la realidad y la literatura construida a partir de la irrealidad. Literatura escrita a partir de la realidad que conocemos y literatura escrita a partir de una realidad nacida de la mente de un autor. Piensen en una novela donde se invente todo, hasta el más mínimo detalle. Se tratará de un proceso imaginativo llevado al límite. En resumen, si el autor crea una civilización ubicada en otro planeta, con costumbres extravagantes, con formas físicas estrambóticas, estará creando una realidad a partir de una irrealidad. Esto ya lo mencionó el genial Philip K. Dick alguna vez. La escritura de tal discurso, en mi opinión, requiere de una enorme imaginación, herramienta clave de todo escritor, y de una mente ciento por ciento arquitectónica. Ejemplos: Dune de Frank Herbert, la trilogía de El señor de los anillos de J. R. R. Tolkien, El hombre cubista de Alberto Hidalgo. ¿Se dan cuenta de que solo una de estas tres obras es de ciencia ficción? Porque no es una cuestión de géneros sino de una construcción discursiva a partir de una realidad preconcebida. Esto solicita que brindemos una breve mirada a la relación entre imaginación y proceso de escritura. No deseo expandirme mucho en este tema, de modo que lo dejaré para otra oportunidad; por eso, concluyo este punto diciendo que existe una ciencia ficción escrita a partir de un asombroso proceso imaginativo. A veces me pregunto: ¿qué escritor es capaz de realizar tan magnánima labor? Pues muchos. Las novelas con mundos creados se han escrito desde siempre y, de seguro, se seguirán escribiendo hasta que se acabe el verdadero mundo.
En nuestro país, el género de la imaginación se ha ido consolidando a paso lento, aunque seguro. Desde la época en que ese brillante autor llamado Clemente Palma publicaba, hasta los tiempos de José B. Adolph, escritor muy respetado en el extranjero, sobre todo en Estados Unidos y Alemania, pero que lamentablemente es poco conocido en nuestra patria. La ficción científica ha estado siempre, de algún modo, rezagada a un segundo plano por la crítica literaria. Sin embargo, siempre hemos tenido escritores que han incursionado en la ciencia ficción: Eugenio Alarco, J. M. Estremadoyro, Juan Rivera Saavedra, que son solo algunos de los referentes más importantes. En la última década han ido sonando algunos nombres relevantes dentro del circuito literario nacional, tenemos a José Güich Rodríguez, Alexis Iparraguirre, Daniel Salvo, Luis Bolaños De la Cruz, Adriana Alarco de Zadra, Tanya Tynjälä, Pedro Félix Novoa, Yelinna Pulliti, Paul Muro Lozada, Pablo Nicoli Segura, y tantos otros cuyos maravillosos escritos demuestran que sí existe una ciencia ficción nacional. No hablo de un grupo de autores que se reunieron y decidieron que escribirían ficción científica, hablo de escritores que consumieron este género como debía ser y decidieron, de modo individual, expresar su arte a través de dicha corriente. Lo cual tampoco indica que todo lo que escriban sea ciencia ficción sino que gran parte de lo que han escrito se circunscribe a esta categoría y, en definitiva, está muy bien escrito. Lo cual indica nuevamente que en la literatura peruana el género no es ningún problema, siempre y cuando el escritor sea efectivo. ¿En qué radica esa efectividad? En que se cautive al lector.

Lima, agosto de 2010

 

* Este artículo fue leído en el evento Noche de Ciencia Ficción Volumen 2, el 24 de junio de 2015 en el Koca Kinto Restobar Cultural.

  

*Carlos Enrique Saldivar (Lima, 1982). Es director de la revista impresa Argonautas y del fanzine físico El Horla. Es miembro del comité editorial del fanzine virtual Agujero Negro, publicaciones que están dedicadas a la Literatura Fantástica. Es director del fanzine impreso Minúsculo al Cubo, dedicado a la ficción brevísima. Ha sido finalista de los Premios Andrómeda de Ficción Especulativa 2011, en la categoría: relato. Ha sido finalista del I Concurso de Microficciones, organizado por el grupo Abducidores de Textos. Ha sido finalista del Primer concurso de cuento de terror de la Sociedad Histórica Peruana Lovecraft. Ha publicado los libros de cuentos Historias de ciencia ficción (2008), Horizontes de fantasía (2010) y el relato El otro engendro (2012). Compiló la selección Nido de cuervos: cuentos peruanos de terror y suspenso (2011).