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UNA VENTANA ABIERTA

 

Tendida sobre la cama articulada, que tiene la elemental capacidad de erguirte o de tenderte por cualquiera de sus puntos medios o extremos, alcancé a ver el amanecer gris a través de la ventana abierta en la pared opuesta.
Sujeta al colchón por cables, electrodos, tubos plásticos, sueros, sedantes y consignas más o menos dulces, más o menos severas de mis guardianes, sentí la necesidad de la suprema libertad. Entonces, dejé mis huesos abandonados allí y salí a buscarla, sola y desnuda, más allá de las fronteras.

 

 

LA LLUVIA

 

Extrañada observó sus manos entrelazadas sobre el regazo. Pequeñas gotas salpicaban lunares transparentes en la pálida piel.
Por un instante sacó su mirada afuera y la dirigió al cielo. Lo vio diáfano y azul.
Entonces comprendió que las nubes habían encontrado refugio en sus pupilas una vez más.

 

 

EL GATO NEGRO

 

Apenas lo vio en el estante del negocio supo que ese gato negro de madera debía ser suyo.
Lo contempló largo rato sin tocarlo; el cuerpo estilizado (parecía pensado por Modigliani), sentado en los cuartos traseros, las patitas juntas, las orejas erectas, los ojos dorados, chispeantes, misteriosos y seductores.
Cuando amorosamente lo tomó entre sus manos para observarlo en detalle, la talla comenzó a ronronear.

 

 

La cesta de higos verdes


Si prólogo, sin palabras preliminares para que la trama se desenvolviera en el marco predeterminado dentro de la escena de la vida... ¡Alguien recibió mi travesía con una cesta de higos verdes entre las manos.

 

 

Con sabor a cerezas


Tras larga espera, ayer, cuando me dio el primer beso, se me llenó la boca con el inolvidable sabor de las cerezas al pie de la planta.

 

 

Decontracción


Antes la realidad milenaria sintió una fuerte opresión craneana.
Entonces soltó los hilos para tomarse la cabeza con las manos.
En ese lapso, las marionetas se imaginaron dioses.

 

 

Vino tinto


Frente a la mesa de aquel bar de poca categoría, el hombre solitariosolitariollevó la copa de vino tinto hasta sus labios.
Cuando el líquido tocó el paladar saturado, su existencia danzó una vez más con sus fantasmas antes los ojos nostálgicos.
Lástima... La lágrima de siempre arrastró los recuerdos cuesta abajo.

 

 

Milenaria historia de amor y traición

 

Él, que se había enamorado perdidamente de la extranjera como suelen hacerlo los hombres, muy hombres, le abrió su corazón.
Ella, que evidentemente no lo amaba, con total perfidia vendió su cabellera.
Por un puñado de monedas había dictado la sentencia del juez.

 

 

El encuentro


Nos encontramos de pura casualidad en una esquina, digamos que accidentalmente.
Superada la sorpresa, me atreví a mirarla y la noté un poco más demacrada de lo que se comentaba por ahí.
No se lo dije, pero supongo que lo habrá percibido en mi expresión porque después de contemplarme unos minutos, algo indecisa todavía, con un gesto de desprecio tomó su guadaña y se fue.

 

 

Alicia Fernández de Polido, poeta narradora. Nació en Felicia (Santa Fe) aunque es considerada santiagueña. Maestra, profesora de idioma, poeta y narradora, pertenece a la promoción literaria del setenta. Ha participado en varias antologías y ha obtenido diferentes distinciones en concursos provinciales. Además fue distinguida en la Fiesta de la Poesía Latinoamericana (Buenos Aires, 1990) y por el Ateneo Riocuartense de Escritores (1994). Ha publicado en revistas especializadas. Entre sus publicaciones podemos mencionar "Vehemencias" (1994), "La cola del viento", "Poesía para niños" (1992). Preside la Asociación Literaria María Adela Agudo. Los textos que se han tomado en cuenta han sido extractados de su libro "La señal"

 

La fotografía fue extractada de la siguiente página Web: http://www.culturadelestero.com.ar/