EDITORIAL 25

 

Después de atravesar numeroso inconvenientes (las dificultades parecen ser el albur de Tardes Amarillas) por fin podemos poner a disposición un nuevo número de nuestra revista. Esta vez nos ha resultado más complicado de lo que suele ser habitualmente pero no obstante, poniendo lo mejor de nosotros, este pequeño grupo de personas que hacemos esta publicación, podemos volver a la red. En todo este tiempo de ausencia no todas han sido pálidas. Cuando Tardes Amarillas no podía editarse y ser subida a Internet, los lectores, preguntan por ella y, al enterarse de los avatares que nos tenían atrasados, nos enviaban, de manera permanente palabras de aliento lo que nos obligó a redoblar esfuerzos y seguir soñando con la posibilidad de que Tardes Amarillas se consolide y se transforme en algún futuro (que esperamos no esté demasiado lejos) en una publicación que ocupe un lugar importante en el mundo de la literatura virtual.
Pues bien, como dice el viejo refrán «El show debe continuar» y acá estamos nuevamente en el ruedo.
Como ha ocurrido en los últimos números no haré una referencia a sus contenidos (que, puedo asegurarles, han sido seleccionados de manera cuidadosa) sino que es mi intención seguir desgranando reflexiones acerca de la importancia de este tipo de publicaciones con las que, quienes nos sentimos comprometidos con la cultura en general y con el arte en particular, pretendemos aportar nuestro pequeño granito de arena en esta inmensa lucha que se está dando por estos días entre la civilización de la farándula (o el Show bussines y el Showbiz de los anglosajones) y este modelo cultural que defendemos los que hemos abrazado el arte como compañero de vida.
Es un debate interminable y que desgasta ya que, en muchos casos, debido a las posiciones intransigentes de ambos bandos, las discusiones terminan por ser bizantinas y no conducen a ninguna parte. Y en esta pelea desigual, terminan por ser beneficiados justamente los que tienen poder y pueden imponernos un modelo social y cultural reñido con nuestros principios y nuestros compromisos.
Siempre insisto, que la tarea de mantener una revista de cultura general, aunque sea una publicación virtual, no es tarea sencilla. No deben olvidar nuestros lectores que Tardes Amarillas no tiene auspicios de ninguna naturaleza y tampoco incluye márquetin de ningún tipo. Esto no es una falencia sino una decisión del equipo ya que de esta manera mantenemos nuestra independencia y podemos publicar artículos de autores de cualquier origen sin preocuparnos demasiado por sus convicciones políticas, sociales o religiosas. Nunca me cansaré de repetirlo. El único requisito para aparecer en sus páginas es que el texto (o la nota, artículo o lo que sea) esté relacionado exclusivamente con el arte y que tenga la calidad que nuestro comité de lectura considere adecuado para cierto margen de excelencia.
No es el único inconveniente a superar. En los últimos años, según he notado, se han multiplicado publicaciones hermanas que también van encontrando su propio lugar en este inmenso espacio llamado Internet pero es menester aclarar que muchas de ellas son más específicas y abarcan temas determinados. Algunas, se especializan en literatura y, dentro de ellas las hay que abarcan todos los géneros pero hay otras dedicadas en exclusiva a la poesía o la minificción. En este sentido, Tardes Amarillas tiene como objetivo principal en ser una publicación diversificada que ponga a disposición de los lectores el más amplio abanico de opciones y que, a pesar de ser la literatura su razón de nacimiento y la columna vertebral que la sostiene, no es la única posibilidad de lectura y disfrute que ofrece nuestra revista.
Basado en estas consideraciones previas y ante la cantidad de artículos que ponemos a disposición en este número especial, tengo la convicción de que Tardes Amarillas, habrá de constituir una de las opciones más deseables a la hora de la lectura relajada en estos últimos días del año y las lánguidas jornadas que suelen vivirse durante los primeros días de enero y que permiten una lectura profunda y detallada.


Antonio Cruz