Get Adobe Flash player

 

 

 

 

                                                        madelaagudo

 

 

 

AMOR
Creo que tienes celestial el vaso
Amor. Que vives dulcemente
en los luceros blancos del naciente
y en los otros azules del ocaso.

Jazmines de claror prende en el raso
de su ilusión, la noche refulgente
por cada rosa que en la tierra siente
unir al vaso del amor su vaso.

Aquí, cuna de rimas, la palabra
como a un niño pulido, dulce y terso
mece la flor de música que labra.

Y las estrellas caen en el verso
hasta que el sol con sus fulgores abra
la corola total del universo.

 

BIENVENIDA
La vez que llegues a mi tierra, hermano,
no atiendas no al aroma que sencillo
envíe a tu alma rústico un tornillo
o las maderas del vagón cercano.

No mires no, tampoco, al cielo aldeano
con leves lunas y pausado grillo.
Atiende al canto, atiende al estribillo
que con amor te brinde algún paisano.

Porque sólo en el campo te reciben
con esa loa de silencio y vida
sin conocerte, sin pensar quién eres,

sabiendo que en tus voces se aperciben
ocultos ritmos, vibración florida,
que nos dirán lo mucho que nos quieres.


EN LA DANZA
Estoy danzando alrededor del día
en un césped de júbilo sonante,
mujer sin cuerpo, mito alucinante
que visita la tierra de armonía.

Y no soy tuya, soy la fantasía
del tobillo más leve y más flotante
que vuela al aire lúcido y brillante
con la imagen fatal de la alegría.

Bailo inmóvil y siento presurosa
que bajan por mi brazo los maizales
de la lluvia infinita y vaporosa,

que corren las canciones a raudales
besando la llanura cadenciosa
que por mí, gira llena de zorzales.

 

LAS CIGARRAS
Se adueñan del verano
Cual miríadas de pequeños meteoros
Que cavaran el aire.
Y no oís
ni las suaves epifitas respondiendo al insecto
ni las lianas techando el mediodía.
No quieren la salud
de sus buenos cantores,
les barrenan las células suaves.
Cigarrales del bosque,
Micas arrobadoras, perversos milagros.
Rapsodas de la tierra:
por cada vocinglera una hoja muriendo
un silencio en el pasto.
Si al menos cortase mi ventana
vuestro continuo rezo.
Mas ni chales espesos ni vidriados azules
han de cubrir los élitros.
Amanecer de otoño:
volved a los rapsodas
el descanso perenne.


POEMA
Tiene esta plaza distante, misteriosa
mi noche como nunca
llorada bajo el siglo

Bajo la soledad hermana de la tierra
bajo el amor de las acacias
y la angustia del mirto.

He llorado esta noche sobre el mar.

Por esto
que es todo lo que llevo y no está,
por lo que cada vez y siempre
me ahuecaba en este banco desierto.

bajo la comba augusta
se inclina mi cabeza,
entre el vitral humeante de la niebla.

Su ola tenue ahoga las luces despiertas
las palmeras se esfuman
en abanico de ceniza eterna.

Espíritu de agua.
Piel húmeda y lenta.
Catedral de sendosos pilares
sobre mi sangre ciega.

 

María Adela Agudo (La Banda, Santiago del Estero, 1912 – Tucumán, 1952) Fue maestra Profesora de Letras. Perteneció al grupo "La Brasa" y, cuando se trasladó a vivir a Tucumán, integró el grupo "La Carpa" que reunió en su seno a lo más granado de la literatura del NOA (noroeste argentino). Sus poemas se publicaron en diferentes diarios y revistas como "Cántico" y "El correo de Santiago" entre otros. También dirigió la revista Zizayan. Sus poemas fueron reunidos en un libro que le dedicaron sus amigos Agón, el que incluía 32 poemas de su autoría y que fuera ilustrado, entre otros, por Lino Eneas Spilimbrergo y Juanita Briones. La publicación Cuadernos de Cultura de Santiago del Estero recogió parte de su obra ensayística y poética. En 1961, se fundó la Asociación Literaria María Adela Agudo que actualmente continúa en actividad.
*La mayoría de los datos de esta biografía fueron obtenidos del libro de Alfonso Nassiff Antología de poetas santiagueños.
La fotografía que ilustra esta nota fue recuperada de la página web Cultura Santiagueña

http://bibliotecajwa.com.ar/santiago/doku.php/maria-agudo