Gloria Carmen Quispe

 

   

Naturaleza, cuerpo y memoria en la poética de Alcira Fidalgo 

Por Gloria Carmen Quispe*

 

                            Con las armas de trabajo cotidiano:

                            el lápiz, el papel, la lapicera,

                            estoy haciendo un collar

                            de poemas

                                 Alcira Fidalgo

 

El poema anterior es uno de los que compone Oficio de aurora[1], de Alcira Fidalgo, una joven poeta desaparecida durante la última dictadura.

 El libro reúne poemas que habrían sido escritos entre 1967 y 1977, año en el que ella desaparece en la entrada de un cine de la calle Lavalle de Buenos Aires, y dibujos, algunos de ellos realizados durante su infancia en el Taller de Medardo Pantoja, pintor reconocido de Jujuy. Los poemas, antes de la publicación de 2002, sólo habrían tenido difusión en el círculo íntimo y familiar de Alcira.                        

La empresa de reunir los poemas en un libro fue asumida por el escritor jujeño Reynaldo Castro, a quien Nélida Pizarro y Andrés Fidalgo confiaron los textos de su  hija. En una conversación con el editor manifestó que la tarea no fue para nada sencilla puesto que muchos de los textos no tenían fecha o estaban escritos inclusive en servilletas. Reynaldo en la nota preliminar del libro destaca que “La totalidad de los poemas seleccionados corresponden al conjunto de papeles conservados por su madre, sin ella- y su incesante memoria- este libro no hubiera sido posible” (Fidalgo, 2002: 7). 

Como mencionamos el libro también contiene fotografías (que son parte del prólogo) y dibujos que complementan los poemas; ambos fueron seleccionados por Víctor Montoya, artista plástico de Jujuy.

De la totalidad de poemas, y a fin expositivo, solo seleccionamos seis. Para el análisis tendremos en cuenta las tendencias poéticas que se hicieron patentes en los años 60 y 70 en el país, y procuraremos reconocer las correspondencias y las diferencias de la poesía de Alcira con composiciones de otras regiones. Asimismo circunscribiremos sus textos al campo literario jujeño de la época. 

 Naturaleza, cuerpo y memoria I

 Oficio de aurora fue presentado el jueves 11 de abril de 2002, fue un intento de hacer escuchar la voz de una joven poeta víctima de la dictadura y de mantenerla viva en la memoria. Así en una nota del Diario Pregón[2] se enuncia:  

Madres y Familiares de Detenidos- Desaparecidos de Jujuy, organizan el acto de presentación del libro “Oficio de Aurora” de Alcira Fidalgo, detenida-desaparecida por la última dictadura militar. 

Se destaca principalmente la condición de “detenida-desaparecida”, y son las “Madres y Familiares de Detenidos- Desaparecidos de Jujuy” los que viven como un triunfo la publicación de este libro: Alcira representa a esos hijos, sobrinos y hermanos desaparecidos que fueron acallados tempranamente.

El 4 de diciembre de ese año, sus familiares sacaron un aviso[3] recordando la desaparición y la injusticia. Resultan llamativas estas palabras: 

Alcira, publicamos tu libro, tus poemas, tus relatos, tus dibujos. Tu Oficio de Aurora señala la humanidad en la defensa de valores fundamentales, frente a la infamia de los que se consideraron amos y señores de vida y bienes de los habitantes del país. (Lo resaltado es mío)  

La cualidad de ‘humana’ de la obra se contrapone a la ‘des-humanidad’, a la ‘infamia’ de aquellos que ejercieron violencia y cometieron los crímenes. Vida- muerte, bondad-maldad son los pares antitéticos que resultan. A través del libro perviven los sentimientos, los pensamientos y la voz de Alcira que fue injustamente silenciada.

El libro es, entonces, una forma de expresar memoria. Y en este caso la familia es el principal “cuadro de memoria” (Da Silva Catela, 2005). Es la que intenta mostrar otros aspectos de la vida de Alcira; mostrarla como hija, como hermana, como esposa y como escritora.

Ludmila da Silva Catela[4] habla de un proceso de ‘humanización’ que surge como respuesta a la ‘deshumanización’, fruto de la desaparición. Antes de la publicación del libro, Alcira sólo era un nombre más en la lista de los desaparecidos. Al reunir en la obra fotos, dibujos, poemas y cartas se pretende restituir la identidad a la persona, se accede al espacio ‘privado’ y con ello, se apela a la sensibilidad del lector. Los poemas -en tanto composiciones de valor estético- son relegados a un segundo plano y superados por las fotos, prólogos, cartas, etc. que ocupan el lugar principal. La identidad  es reconstruida por los familiares pero también a partir de los escritos realizados por Alcira.

En una reseña del año 2003[5], Daniel Freidemberg destaca que la obra posee un valor estético propio, desprendido del hecho de que su autora sea una desaparecida. Este es, probablemente, uno de los pocos artículos que subraya que la dictadura no sólo terminó con la vida de una joven de 28 años sino que dejó trunco el oficio de una poeta. Dice Freidemberg:  

Pero además era poeta, aunque inédita, y esta es la primera vez que aparecen en libro sus poemas, con el suficiente valor propio como para importar no sólo como un modo de recordar a su autora.  

En el prólogo biográfico, Reynaldo Castro enfatiza:  

los poemas de Alcira Fidalgo no son de una militante que alguna vez escribió versos, son textos de una poeta que fue detenida-desaparecida por la última dictadura militar argentina. La poesía escrita por los militantes de la década del setenta es de valor muy desparejo. Un texto poético es importante cuando- independiente de los temas que trata- tiene fundamentos formales (autocrítica, reflexión sobre el lenguaje y rebeldía hasta frente el hecho de ser poesía) que lo trascienden. Los poemas que integran este libro tienen esos fundamentos.  (Fidalgo, 2002: 11)  (Lo resaltado es mía)  

Ciertamente, los poemas de Alcira Fidalgo no son los de una joven que recién hubiera estado andando el camino de la escritura. Por el contrario, tanto el dibujo como poesía fueron prácticas con las que tuvo contacto desde la infancia y más aún si se piensa que tuvo como padre a uno de los poetas más reconocidos de Jujuy, Andrés Fidalgo; y que su hogar fue el espacio donde nació la revista jujeña que mayor trascendencia alcanzó a nivel nacional, Tarja (1955-1960). Si bien la aserción anterior puede no resultar válida para algunos, es indiscutible que el estar rodeada y en permanente contacto con el grupo de intelectuales más sólido de Jujuy ejerció de una u otra forma alguna influencia. Tanto es así que en enero y febrero de 1960, junto con un grupo de amigos, Alcira sacó los dos únicos números de un periódico hecho íntegramente a mano que se llamó Barcos en el horizonte. En la presentación del primer número se consignaba:  

Nos vemos en la necesidad de editar un diario mensual, en el que podamos publicar nuestras ideas, nuestras esperanzas y afanes. (…) Aquí publicamos acertijos, cuentos, reportajes…

Si bien hemos estado calladas por el largo tiempo, hoy comenzamos a abrirnos paso hacia la sociedad y la cultura, en busca de mayores y mejores “horizontes”. (Fidalgo, 2002: 17)  

En el fragmento se puede apreciar que la necesidad de expresarse y de participar en la cultura y en la sociedad empezó a gestarse tempranamente.

Naturaleza, cuerpo y memoria II

 Oficio de aurora está fragmentado en tres grandes partes. La primera, titulada “Otra voz canta”; en la que Reynaldo Castro hace recorrido por la biografía de la poeta hasta el momento de su desaparición en el año 1978. La segunda parte, se titula “Oficio de Aurora”; aquí están los 39 poemas que fueron seleccionados de una cantidad importante de escritos, sólo dos de ellos poseen título (“Boceto” y “Aráoz 642”). Y finalmente, la tercera parte está dedicada a “Voces familiares”, la  integran poemas inéditos de su padre, una carta de Alcira y un escrito de su hermana Estela.

Los poemas incluidos en el libro fueron ordenados procurando establecer una cronología. Al no contar todos con una fecha, el ordenamiento del editor fue, de alguna manera, intuitivo. Para el análisis tendremos en cuenta las fechas que fueron registradas al pie de algunos poemas, pues consideramos que son relevantes para tender redes con la situación contextual.

En la introducción habíamos manifestado que en una cantidad importante de los poemas que componen el libro se podía reconocer la recurrencia de tres elementos: naturaleza, cuerpo y memoria. La naturaleza entendida como la representación de todo aquello de carácter natural con lo que interactúa el hombre. En los poemas de Alcira cobra una participación significativa.

En cuanto al cuerpo, es interesante lo que expresa Elena Bossi: 

Resulta enriquecedor pensar el cuerpo en tanto representación como lugar que nos permite establecer las relaciones espaciales. Este cuerpo deviene umbral, punto desde el cual podemos relacionarnos con la realidad circundante y también con la interioridad. (Bossi, 2001: 128)

En los poemas seleccionados el cuerpo es el umbral a través del cual tienen contacto la exterioridad (la naturaleza) y la interioridad del sujeto lírico. Lo exterior y lo interior se contaminan y se confunden. A veces el cuerpo se asimila a la naturaleza. El cuerpo es pájaro, aire, tierra, agua y árbol. Otras la dinamicidad y la vida de la naturaleza se proyectan en el cuerpo.

El primero de los poemas que analizaremos es el siguiente:  

Te parecías al silencio

 de las noches de otoño

Y te llamabas viento

en mis montañas

(trasnochadas de lunas

y bagualas)

Vos eras río serpenteando

en las distancias

(un camino que andaba

en mis nostalgias)  

El yo lírico evoca a alguien a partir de su ausencia. En ese otro tiempo (“parecías”, “llamabas”, “eras”) él era aire- viento y río- y ella, tierra-montañas-. No hay una marca gramatical que establezca quien habla y a quien. Sin embargo podemos suponer la presencia de un hombre y una mujer. Él era quien cual viento la rozaba y acariciaba; era además río que dejaba huellas que se podían desandar cuando la nostalgia invadía.

Cuerpo y naturaleza son uno. El sujeto lírico toma la armonía de la naturaleza  para  rememorar los encuentros con el amado.

El poema  no aparece fechado, sin embargo podemos suponer que corresponde a una etapa previa a la militancia de la autora. Lo que se rememora es el pasado en compañía del sujeto amado y un espacio que era musicalizado por las bagualas.

Otro es: 

                                                      No me torturen más

Soy viento, soy llovizna, soy arena

El pequeño poema  puede ser fragmentado en dos. En el primer verso hay una demanda: se reclama el fin de una acción y hasta podríamos arriesgarnos a manifestar que hay un menosprecio de ella. Esa acción se anula con las aserciones que se hacen en el segundo verso. El yo lírico afirma su presencia a través del verbo, da cuenta de su condición: es viento, es llovizna y es arena. Ese nuevo estado es acentuado con la repetición del verbo. El yo se torna naturaleza, en él se conjugan aire, agua y tierra. A través del “soy” asume las propiedades de los elementos que nombra; como el viento puede expandirse y trasladarse, recorrer los paisajes andados y visitados en el pasado; cuan llovizna- agua- puede dar vida o tal vez, diluirse para huir de esa tortura y, ser arena para dejarse llevar y evitar el sufrimiento.

En el poema hay una fuerte presencia de la disolución. El yo lírico quiere dejar de ser  y ser otros para no sufrir. Nos resulta inevitable establecer relaciones con el contexto. Al igual que ese yo que se expresa, muchos otros debían soportar la violencia característica de los años 70. Toda manifestación política, ideológica y literaria que se percibiera como opositora era inmediatamente socavada; y los medios para propiciar el silencio eran diversos e inhumanos.

Este es uno de los poemas en donde claramente se puede suponer una referencia. La presencia del  verbo ‘torturen’ es contundente; alude a la violencia física y psicológica ejercida por los represores.

Otro de los poemas en el que aparece esta relación naturaleza- cuerpo es el siguiente:

Elegir soledad

para que te sacuda el viento

Elegir viento

para ser polvo y ser ceniza

Elegir polvo, ceniza

Elegir agua de lluvia

Hacer estatuas en los parques

y acunar en los brazos un silencio.

                          11/70

La característica más evidente es la despersonalización dada por los infinitivos; no podemos reconocer un sujeto lírico que asuma el discurso. Sin embargo, esa despersonalización encierra un doble juego, por un lado no podemos atribuir las palabras a alguien pero al mismo tiempo, en esa generalidad estamos todos. Todos podemos elegir y hacer. La cuestión está en qué se elige; y en este caso, hay una propuesta (1°y 3° verso) seguida de una consecuencia (2° y 4° verso).  La elección de la soledad  no parece ser algo que realmente se quiera sino algo que es inevitable y que luego impulsa los deseos de ser nada, ser polvo y ceniza. De allí que sea tan significativa la concatenación de los cinco primeros versos y el uso de la anáfora. Pero lo que resulta llamativo es lo que se elige: polvo, ceniza y agua de lluvia. Nuevamente tenemos aquí la necesidad de escape y dejar de ser. La soledad está ligada a la ausencia y la nostalgia por aquello que ha dejado los brazos vacíos y el doloroso silencio.

Si bien la dictadura se instauró en 1976, ya desde principios de la década la violencia era característica. Huelgas, manifestaciones estudiantiles y actividades terroristas eran comunes en el escenario nacional. En este contexto tiene lugar la escritura de Alcira. Para muchos jóvenes el presente era peligroso e inseguro y el futuro potencialmente incierto. La soledad, el vacío los atravesaba y en muchos despertaba la premura por desvanecerse o no ser nada.

Veamos ahora otro poema: 

Hoy tengo la piel fresca

y el corazón tibio

Hoy te quiero- Hoy-

Tengo la risa alegre

-todavía-

y los ojos bailando por el cielo

Hoy tengo ganas de vivir

y de ser pájaro

Mañana, tal vez,

no sea nada

                                                                  9/72

En este poema hay un claro predominio de la temporalidad como temática. La  voz lírica contrapone el hoy al mañana. El presente se reitera con insistencia, y ello es evidente en la aparición constante del deíctico temporal (cuatro veces). Espacialmente ello es visible en la cantidad de versos: ocho le corresponden al hoy y sólo dos al mañana. Podemos entonces distinguir dos estados. El presente de la juventud, del amor, de la alegría, de la vida y de la libertad. El mañana es incierto y hasta negativo. Los signos de puntuación, en esto, son de gran importancia. Los adverbios “hoy” y “todavía” aparecen enfatizados entre guiones, acentuando el presente y marcando la certeza sobre ese estado  y al mismo, la incertidumbre de lo que vendrá.

El ‘todavía’ encierra una sospecha y con el empleo de ‘tal vez’ se presume y se siente la amenaza, el advenimiento de una desgracia o de la muerte. En ese mañana la vitalidad y la alegría tienen fin. El no ser nada significa morir. Es la muerte del cuerpo lozano.

Estas son las palabras de un yo que encierra en sí las voces de otros jóvenes que igualmente  presentían la muerte. Una muerte que no merecían, a la que se resistían y que no aceptaban.

El poema que sigue corresponde a 1976:

Como todos los años

llega la primavera.

Mientras un árbol

se esfuerza con sus brotes,

aquí- sin aferrarme a nada

pero en la misma tierra-

me estoy secando.

               9/76

Esta vez el yo lírico se asimila al árbol. Pero a diferencia de los otros que se aferran a la vida con sus brotes, él se muestra resignado. Sólo acepta la acción y es consciente de lo que acarreará su falta de resistencia. El sujeto resuelve no trabajar más. Vivir, en el poema, es trabajar. El árbol lo hace, se esfuerza por vivir, afirmándose y alimentándose de la tierra. En tanto el yo elige morir, elige secarse. La entereza de otros tiempos lo ha abandonado. Mientras el resto de la naturaleza, representada por ‘un árbol’, encarna la vida; el cuerpo se entrega a la muerte.

El poema habría sido escrito cuando la dictadura ya había entrado en vigencia. Podemos percibir el tono pesimista que rodea la composición poética. Claramente el sujeto vaticina un futuro negativo.

El último de los poemas que tomaremos es:

Ríos secos transitan

el largo territorio

de mi cuerpo.

Crecen montañas,

caen piedras,

rumorea el monte aquí adentro

y florecen los tarcos en noviembre.

El huracán sacude mi arboleda.

Afuera está la piel

en calma tensa.

En el poema, el cuerpo es tierra. Es la tierra que vivencia el hacer de la naturaleza. El adentro se opone al afuera. Frente a un interior dinámico, donde se “transita”, “crece”, “cae”, “rumorea” y “florece”; está el exterior que es estático, que es calmo. Pero la calma no es total, deja entrever que hay algo latente que lucha por quedar al descubierto.

Como dijimos, en el poema podemos distinguir dos planos: el exterior y el interior. El cuerpo es el umbral, el punto de contacto entre ambos. En la interioridad tiene lugar un movimiento vital que está en relación con la revolución primaveral. Esto nos hace recordar la visión ocultista romántica en la que se consideraba al hombre como “el microcosmo en que se refleja y resume el macrocosmo” (Béguin, 1981: 102). Y efectivamente podemos reconocer una analogía entre la naturaleza y la interioridad del hombre; la dinamicidad de la primera es empleada para dar cuenta del estado del sujeto poético que sólo se manifiesta en su adentro. Todo acontece allí. En el exterior no hay manifestación evidente de la conmoción interior. Pero la presencia del oxímoron (“calma tensa”) llama la atención, nos hace presumir que en cualquier momento la convulsión oculta quedará expuesta. Y más aún si nos detenemos en el adjetivo ‘secos’ que acompaña a ‘Ríos’. El diccionario de la RAE[6] define al río como una corriente de agua continua más o menos caudalosa. En este caso la inexistencia de un caudal, denotaría la inexistencia de un río y por consiguiente la limitación de la vida y del florecimiento de un árbol (“florecen los tarcos”).

Lo realmente impactante del poema es la revolución interior causada por el presentimiento del sufrimiento, de la muerte; es el augurio de la violencia de estado ejercida durante la última dictadura.

Los poemas analizados son algunos de unos cuantos en los que se pone de manifiesto la relación de naturaleza y cuerpo. La memoria, en tanto, está presente como (re)construcción y como (re)configuración del pasado en el presente.

Párrafos atrás habíamos manifestado que Oficio de aurora había sido publicado principalmente como una forma de inscribir memoria, de mantener presente a un familiar y hasta podríamos decir, como una forma de denuncia del injusto proceder de los represores que acabaron con la vida de jóvenes que habrían tenido un futuro venturoso y en el caso particular de Alcira, una joven poeta que habría contribuido cuantiosamente a las letras de Jujuy[7]. El libro se constituye entonces en un soporte de memoria. De allí  que haya un claro predominio de elementos que contribuyen a construirla: fotografías íntimas familiares, cartas, etc. Es más, la selección de poemas de Alcira está precedida por un prólogo autobiográfico de una extensión considerable y pospuesta por las “Voces familiares”. Al respecto da Silva Catela expresa[8]:

Por otro lado, la poesía puede estar en primer plano, ganando mayor visibilidad que la tragedia de la desaparición, sin embargo, esta última será siempre uno de los motivos centrales y marcará la voluntad de memoria de aquellos que desean recordar por medio de la literatura, a los que ya no están.

Además de esta memoria tenemos la memoria del sujeto poético que con constancia, con nostalgia y cierta tristeza rememora y evoca momentos del pasado que le fueron gratos y le provocaron alegría. Así, recuerda  la infancia, la calidez hogareña, la compañía familiar, la tierra natal y el amor en contraste significativo con su presente[9].

La poética de Alcira Fidalgo en relación a la poesía del ’60 y ’70 de Jujuy y del país

 La característica distintiva pero no generalizada de los ´60 era la proximidad del discurso poético a la realidad contextual y la consecuente pérdida de la autonomía de la palabra por priorizar la comunicación ideológica[10]. Durante los ’70 la preocupación estuvo en restituir a la poesía su autonomía, acentuando el trabajo estético[11].

En Jujuy, y en particular con Ernesto Aguirre, Saúl Solano y Javier Soto, el frente interno dentro del Grupo Tiempo[12], eso se tradujo en una rebeldía que tenía por propósito atentar contra la práctica poética legitimada por aquel entonces y que tenía como representantes a los miembros del Grupo Tarja, quienes se habían ocupado de hablar del sector considerado explotado y desprotegido (el coya, el minero, etc)[13].

Los poemas de Alcira Fidalgo fueron escritos durante estas décadas y de alguna manera las distintas tendencias poéticas que tuvieron lugar influyeron en su escritura. Por un lado podemos encontrar poemas- distintos a los analizados en este trabajo- en los que se puede percibir el compromiso político e ideológico de la autora[14]. Si bien reconocemos una necesidad comunicativa, ello no impide que haya un trabajo retórico destacable.  Estos textos poéticos fueron compuestos hacia fines de la década del ´60. Por otro lado, en los poemas que pertenecen a los años ´70 es persistente el afán de atrapar el pasado a través del recuerdo nostálgico del amado. La palabra permite llenar el vacío que recrudece el estado de soledad y de cierta indefensión que tiene o atraviesa el sujeto lírico. De allí probablemente  la decepción, la impotencia y la emergencia de la disolución como forma de escapar de algo que lo desborda. Es un yo que tiene certeza sobre el acontecer y su estado presente; y es también consciente de la incertidumbre ante el futuro y de la proximidad de la muerte (“Elegir soledad…”, “Hoy tengo la piel fresca…”). Podríamos afirmar que hay una evolución de esta muerte, en algunos textos es presunción y latencia (“Ríos secos transitan…”) y en otros está en progreso (“Como todos los años…”).

El cuerpo es el umbral, el medio de contacto con lo externo, con el mundo y con la naturaleza. Ésta es la que le dispensa elementos a los que se asimila el yo para luchar por la vida (el pájaro, el árbol) o para acercarse a la muerte (el árbol, la arena, el agua).

Finalmente, es importante recordar que, por una parte, la obra llega a nosotros por medio de un filtro: el editor. Él fue quien tuvo contacto con la totalidad de los textos recuperados y realizó la selección, en la que tuvo un papel relevante la subjetividad y los conocimientos sobre el género. Por otra parte, Oficio de aurora desde su elaboración y más aún tras su publicación, se constituyó en un soporte de memoria, a través del cual se pretendía recordar las injustas e innecesarias muertes de jóvenes cuyo futuro fue cuartado, presentificar un hecho desagradable  del pasado que no debía quedar en el olvido y del cual la justicia se debía ocupar.

Sin embargo es pretensión nuestra que además de este aspecto se reconozca su valía como un objeto literario más que enriquece el campo literario jujeño.  

BIBLIOGRAFÍA  

Aguirre, Osvaldo. El margen, el centro. Notas y entrevistas sobre literatura de Jujuy. Jujuy: Perro Pila. 2006.

Angenot, Marc. “El discurso socia: problemática de conjunto”, en  El discurso social. Buenos Aires: S XXI. 2010.

Béguin, Albert. “La unidad cósmica”, en El alma romántica y el sueño. México: Fondo de Cultura Económica. 1981.

Bossi, Elena. “El cuerpo como lenguaje figurado” en Cuerpos. Jujuy: UNJu. 2001.

Castro, Reynaldo. Escepticismo Militante. Conversaciones con Ernesto Aguirre. Córdoba: Alción. 1988.

Da Silva Catela, Ludmila. “Territorios de la escritura. Similitudes y diferencias entre dos libros de memorias”, en Nadie olvida Nada. San Salvador de Jujuy, año ¿?, número 4, febrero/marzo de 2005.

Fidalgo, Alcira. Oficio de aurora. Buenos Aires: Libros de Tierra Firme. 2002.

Fidalgo, Andrés. Panorama de la Literatura jujeña. Buenos Aires: La rosa blindada. 1975

Fondebrider, Jorge (Comp.). “Treinta años de poesía argentina”, en Tres décadas de poesía argentina. 1976- 2006. Buenos Aires: Libros del Rojas. 2006.

Groppa, Néstor. Abierto por balance de la literatura en Jujuy y otras existencias. San Salvador de Jujuy: Buenamontaña. 1987 


[1]Los poemas con los que trabajaré pertenecen a la primera, y hasta la fecha- 2011-,  única edición del libro que corresponde al año 2002. Véase: Fidalgo, Alcira. Oficio de aurora. Buenos Aires: Libros de Tierra Firme

[2] Es un diario de la provincia de Jujuy.  Se trata  de una noticia bastante extensa que fue publicada el 11/04/2002.

[3] El aviso fue publicado en diciembre de 2002.

[4] La autora establece una comparación entre Desde el silencio: Escritos de jóvenes secuestrados desaparecidos durante la dictadura  y Oficio de Aurora. Véase: Da Silva Catela, Ludmila. “Territorios de la escritura. Similitudes y diferencias entre dos libros de memorias”, en Nadie olvida Nada. San Salvador de Jujuy, año ¿?, número 4, febrero/marzo de 2005.

[5] Véase: Revista ACCIÓN. 1° quincena de abril de 2003- Año 38. N° 879. p. 23

[6] DRAE, 2002.

[7] Es válido mencionar que en una conversación con el editor, Reynaldo Castro, éste manifestó que para Alcira no era prioridad la publicación de escritos y sí la militancia política.

[8] Op. Cit. Véase nota 4.

[9] Es importante mencionar que al carecer muchos de los poemas de un elemento que dé cuenta de una referencialidad precisa, el uso del deíctico temporal relativiza ese presente. Pues lo podemos pensar como el presente del enunciador pero también como un presente que se reactualiza en cada momento en el que el lector lleva a cabo la lectura.

[10] Es conveniente mencionar que la generación de los ’60 no puede ser reducida o limitada a su relación con lo social y lo político. Si bien la situación reinante influyó o condicionó cuantiosamente las producciones poéticas, es innegable que contemporáneamente otras tendencias se manifestaban solapadamente, sin ligar su escritura a la realidad. Eso sin embargo no significaba desinterés o desconocimiento de lo que acontecía, sino una separación clara de la realidad y el arte. Entre los autores que escribieron fuera de la tendencia imperante se encuentran Alejandra Pizarnik, Susana Thénon, Gianni Siccardi y otros. (Fondebrider, 2006).

[11] La necesidad de acentuar el trabajo con lenguaje en el discurso poético dio lugar a la diversificación de las formas compositivas. Los poetas, al no haber una tendencia estética imperante, tuvieron la libertad de elegir e incursionar en estéticas diversas; había un claro propósito de restaurar o recuperar el valor retórico de la palabra y abandonar el coloquialismo que había sido notorio durante la década de los ’60. Se dice que la década de los ’70 es una época de transición, con una notable incertidumbre e imprecisión.

[12] E. Aguirre es uno de los fundadores del Grupo Tiempo; debido a algunas diferencias con el resto del grupo él, Solano y Soto se separan. Los tres publican, en 1981, Espejo astillado. E. Aguirre es considerado uno de los poetas contemporáneos más representativo.

[13] En el libro El escepticismo militante. Conversaciones con Ernesto Aguirre (1988) de Reynaldo Castro, E. Aguirre expresa: “Nosotros éramos un poco los parricidas, veníamos así a romper con Galán, con Groppa, con Fidalgo, con Calvetti, con todos los poetas “viejos” de Jujuy” p. 47. Las palabras de Aguirre no dan cuenta de un pensamiento generalizado ni muy compartido. Frente a estos poetas que proponían otra forma de hacer poesía- una poesía que rompiera con lo legitimado y planteara nuevas temáticas- estaban los ‘otros’, los escritores que preferían dar continuidad a los iniciado por sus predecesores, el Grupo Tarja. Eran reticentes a los cambios y no supieron comprender las nuevas propuestas.

[14] Transcribimos a continuación uno de ellos: El viento se me pega a los zapatos/y no puedo quedarme, / No quiero que la luna me detenga/ni que unos ojos se conviertan/en la excusa necesaria. /Busco lluvia de flores, de selva, /de ramas enlazadas. /Busco hombres que no duden/ y respondan/al llamado de la sangre con su sangre/ al adiós con adioses,/a la muerte con muerte sin palabras/Hoy no puedo quedarme. /Alguna voz llama desde otra parte /y al oírla, el corazón se vuelve pájaro/y estalla…  18/4/69

 

 *Gloria Quispe (1984) es Profesora en Letras. Trabaja en la Facultad de Humanidades y Ciencias Sociales de la UNJu, en la cátedra de Literatura Argentina II. Es Becaria doctoral del Consejo Nacional de Investigaciones Científicas y Técnicas. Integra diferentes equipos de investigación cuyo objeto de estudio es la literatura del Noroeste Argentino. Ha participado como expositora en diversos Congresos, Jornadas y Simposios.

Esta nota fue cedida por la autora para su publicación en Tardes Amarillas por lo que los derechos de autor le pertenecen. Para comunicarse con Gloria Quispe:  Esta dirección electrónica esta protegida contra spam bots. Necesita activar JavaScript para visualizarla