2006-04-A

 

       Representación y pensamiento

Por Guillermo Bustamante Zamudio*

Especial para Tardes Amarillas

 

Manuel García Morente, en un ensayo llamado «Símbolos del pensador. Filo-sofía y pedagogía» [1931], habla —en la primera parte— de dos obras plásticas dedicadas al mismo tema: El pensador, de Rodin [1880], y Il pensieroso [1520-1534], de Miguel Ángel.
Dice que estas obras «se nos ofrecen con la pretensión de simbolizar la activi-dad del pensamiento». Pero, ¿es el título de las obras lo que autoriza a Morente a hablar de tal pretensión?, ¿es la titulación de esculturas un género realista? Ade-más, ¿qué importancia tiene la pretensión, cuando ahí tenemos las obras?, ¿hasta dónde es relevante lo que diga el autor sobre su obra?, ¿por qué, además de decir lo que quiere, el artista produce una obra, cuya materialidad no se resuelve en propósitos, sino —en el caso que nos ocupa— en esculturas de bronce y mármol, respectivamente? 

 Y si se tratara de propósitos derivados de los nombres, en el caso de la escul-tura de Rod in, ¿por qué no usar la idea de El poeta?... recordemos que ese fue el primer nombre que el autor dio a la obra, toda vez que iba a representar a Dante frente a Las Puertas del Infierno.
Según Morente, es injustificado creer que esas dos famosas esculturas repre-sentan la idea de 'pensador'.           Pensador 1 Veámoslas una a una:
Para el filósofo español, las líneas de El pensador de Rodin muestran un es-fuerzo mental, sí, pero de alguien que excogita, que persigue la acción. Si estuviera pensando, no exhibiría tanto músculo, tanto tendón. Ese hombre es inteligente (asunto ligado a la acción), pero no está pensando (asunto ligado a la especulación). Los animales también son inteligentes, pues actúan; y, a esta escala, la diferencia con los hombres es de grado: si añadimos cantidad a la inteligencia del chimpancé —afirma Morente—, puede llegarse a la inteligencia de Thomas Alva Edison. En cambio, el pensamiento sería completamente distinto, pues actúa sobre objetos que no presentan problemas y, por tanto, no requieren orientación pragmática hacia la consecución de un fin vital.
Sobre Il pensieroso, Morente hace notar que, a diferencia del hombre de Rodin, el de Miguel Ángel muestra un cuerpo en reposo: Lorenzo de Médicis está sentado cómodamente, no lo inquiere un problema inminente. Sin embargo, según el filósofo, tampoco está pensando; tal vez ocurre en él una asociación espontánea: «toda la fauna brillante de la selva del alma»; entonces, no es pen-sador, sino que está pensativo, estado comparable al de un animal ahíto.  
El pensamiento —según el filósofo español— no es la inteligencia que pre-cede a la acción (El pensador de Rodin), ni el ensimismamiento del ensueño (Il pensieroso de Miguel Ángel).Pensador 2
Ahora bien, esta oposición de Morente ya estaba en la idea de la composición de las tumbas mediceas (de la cual hace parte Il pensieroso): Giuliano, está sen-tado «pero con la energía contenida de quien está presto a intervenir en la acción, por lo que se ha visto en él la idea de la vida activa»; mientras que Lo-renzo, «la pose enroscada del cuerpo, relajado e introspectivo [...] exalta la vida contemplativa»(1).
El filósofo español concluye que tampoco el Lorenzo esculpido por Miguel Án-gel representaría la contemplación (y habría que preguntarse si ve representada la disposición a la acción en Giuliano).
Por otra parte, sostiene que inteligencia y ensueño se realizan en soledad, in-dependientemente de la co-presencia de otros cuerpos (las esculturas de Rodin y de Miguel Ángel están solas, nada en ellas alude al diálogo). En cambio, el pensador realiza su acto ante otro —que no necesariamente ha de estar física-mente—, pues su esencia es el contraste de visiones.
En suma, el hombre es inteligente y por eso actúa; pero, además, habla y por eso piensa. Por su parte, el animal también es inteligente, y por eso resuelve pro-blemas; pero no habla y, entonces, no piensa. Según el filósofo, pensar es la vo-luntad de ver la esencia del objeto, con los ojos íntimos del espíritu, en un contexto dialógico. No atañe a "problemas" personales sino a problemas "del objeto".
Así las cosas, ¿existe una representación plástica del pensamiento? Morente alcanza a sugerir que una Fuga de Bach, con sus planos en diálogo, sería lo que busca; sin embargo, cambiar de materialidad plástica, hace imposible la compara-ción. Entonces, sugiere El doncel de Sigüenza, escultura que forma parte de El sepulcro del doncel [1486-1504]. La escultura, atribuida a Sebastián de Almonacid, se hizo en honor a Martín Vázquez de Arce y queda en Sigüenza, un pueblo de Guadalajara (España):

En la escultura, Martín Vázquez de Arce, no reposa en su sepulcro, sino que «dialoga con el autor del libro», dice Morente. El filósofo escoge el rasgo del libro abierto para conferirle a esta escultura la capacidad de simbolizar al pensador. 

 

                                                               Pensador 3


Por creer que el arte represente algo, el filósofo español desmiente que Rodin y Miguel Ángel representen al pensador; según él, representan otra cosa y, de las tres esculturas, la que mejor lo representa sería El doncel de Sigüenza. Sin em-bargo, la mejor representación del pensador es la que hace Morente con palabras, no la que pueda hacer un artista con el material plástico: ¡ese no es su asunto! Rodin, Miguel Ángel y Sebastián de Almonacid hicieron otra cosa, en relación con la cual no se pueden hacer comparaciones como las que hace Morente. Poco dijo el filósofo del trabajo plástico de Rodin; más bien lo ató a la representación de alguien que va a actuar... ¿cómo sabemos que se trata de eso y no de una muestra de la maestría para figurar los músculos y los tendones? Nada dijo el filósofo del trabajo plástico de Miguel Ángel, cuya obra escultórica sabemos que es imborrable de la historia humana; concedámosle a Morente que la escultura para la tumba de los Médicis no representa al pensador, pero lo que efectivamente hace —porque Miguel Ángel no está obligado a hacer lo que Morente quiera cuatro siglos después—, ¿estará bien hecho? Finalmente, del Doncel sólo toma el dato intelectual de que lee un libro; despacha con ese gesto el trabajo escultórico, nada dice de él; sin embargo, de las tres esculturas es la que plásticamente tal vez tenga menos trabajo.

(1) Miguel Angel y las tumbas mediceas: http://www.artehistoria.com/v2/contextos/4394.htm

 

Guillermo Bustamante 3  *Guillermo Bustamante Zamudio nació en Cali, Colombia, en 1958. Es licenciado en Literatura e Idiomas y Magíster en Lingüística y Español. En 2002, obtuvo el Premio Isaacs con su libro Convicciones y otras debilidades mentales y en 2007, su libro Rolesganó el Tercer Concurso Nacional de Cuento de La Universidad Industrial de Santander.Junto a Harold Kremer, ha sido un cultor del minicuento en Colombia a través de la fundación y dirección de la revista Ekuóreo y las antologías Antología del cuento corto colombiano, Los minicuentos de Ekuóreo y Segunda Antología del cuento corto colombiano. Ha publicado los libros de microrrelatos, Oficios de Noé, en 2005; Libro sobre microcuento, en 2008; escrito a dos manos con Harold Kremer y Ekuóreo: un capítulo del minicuento en Colombia, en 2008. Varios de sus cuentos componen antologías de microrrelatos en Colombia e Hispanoamérica.

 

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