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Betty Alba

 

 

Betty Alba fue una poeta santiagueña de la generación del sesenta. Formó parte de la generación del 60, y su poesía abordó de manera profunda e insondable la condición humana en todas sus manifestaciones. En 1998, fundó "la Casa de la Poesía" y donó la suya para que fuera sede permanente de la misma.
Sostuvo que Afirmamos que la poesía es cuna y designio, es peregrinación y retorno, es cataclismo, tempestad y arcoíris. La poesía es la voz primera de los pueblos y es el llanto último...Es himno, es plegaria, es profecía.
Además de poeta, fue maestra normal, profesora de Educación Especial y ensayista. Publicó sus poemas en plaquetas conjuntas, libros, antologías, cuadernos de cultura, diarios y revistas literarias del país.
A pesar de que su obra ha recibido numerosas distinciones y reconocimientos y no obstante haber integrado innúmeras antologías, como por ejemplo "Santiago del Estero, Poesía 69" (de Alfonso Nassif); "Antología de Poetas Santiagueños" (Alfonso Nassif, 1978); "Panorama de las Letras Santiagueñas" (Dr. Horacio G. Rava, 1978); "Antología de Poetas Hispanoamericanos" (Fondo Editorial Bonaerense, 1978); "Quiénes son los Escritores Argentinos" (Ediciones Crisol, Buenos Aires, 1990), su obra es poco conocida por el gran público de la poesía y sus obras, en general, son poco conocidas.

 

 

Testimonio II

Ahora ya sabemos que el mapa no era cierto

la tierra era algo más que ese contorno
sobre papel de seda.

Allí estaban los ríos, los países, las islas
y de los hormigueros no nos dijeron nada
ni de los otros ríos con niños diminutos
muriéndose en silencio
ni de una espalda negra quebrada al mediodía
por una espalda blanca
ni de los bandoleros escapados del cuento
ladrones de cereal
gerentes del veneno castrador de la luz
ni del amanecer rodando hasta la boca
adentro de una lágrima
ni de vos
ni de mí.

Ahora ya sabemos aquello y lo demás
que un árbol de jazmines no dura para siempre
que el riesgo de estar vivos
nos compromete a despertar
a astillarnos los puños
a querernos detrás de un cementerio
para ahuyentar los cuervos
con un gesto de amor.
Ahora ya sabemos cómo duelen las manos
de tanto acariciar.

Ahora, amémonos.

 

Conjuro para salvar de la muerte a un niño indio

Cae lenta

          sobre la yegua blanca
                              la nube negra

En las entrañas de la cueva,

en el hueco del humo,
en las quijadas azules de la piedra,
cae lenta, lenta, lenta,
sobre la yegua blanca la nube negra.

                 La sangre es como un hilo de lágrima de estrella

                 La sangre es una mano flotando en la niebla
                 La sangre es un ejército de manos que cercan a la yegua.

La piedra negra,

la piedra seca,
el polvo de serpiente de la piedra
ha golpeado al niño indio. 

                 Muerte en forma de manos cercan la luz del alba
                 el niño es una piel de pájaro quemado
                 la madre es un quejido

y la hechicera tiembla

y la luna se parte
como el cristal de un río...
Sangre de mano oculta huye hacia la tiniebla
deja la yegua blanca
deja la luz del niño
hazte polvo de estrella
vuelve a salir la luna
corre hacia la culebra
y que la vida salte
por las venas
del niño.

                  Por el monte galopa

                 la yegua blanca
                 con una estrella.

 

 

Consagración

Aquí

Lejano
hasta donde ha llegado la memoria para guardar
                   el polvo y las piedras calientes
aquí nace un pájaro cada mañana
y muere con la llegada de la noche.
El tiempo ha trocado la voz de sus lugares
para que amor de los hombres los mantenga
para que el peso de los hombres les dé una percusión más extendida
quizá a través de la lluvia
o el agua que guarda su memoria. 

En la arena
habita un animal de azufre en cuyo corazón late
                  la respiración del universo,
habita un árbol con un silencioso pájaro de sal
                  que se alimenta de huesos apagados
esos que se dispersan con un ruido de lenta cal partida. 

Pero para vivir en medio de esos ritos altísimos,
para salvar el paso de una voz humana,
para saludar el nacimiento de una sola lágrima
tan extensa que pueda anegar los sitios atacados
por el derrumbe del sol y sus incendios,
no es suficiente el paso de las nubes que a veces
se escucha por las noches,
no es suficiente el ruido que las flores producen al morirse,
no es suficiente el olor de las mareas que acosan
el borde de la tierra como su límite más cierto y más solemne.
Es sólo necesario entregarse al amor,
penetrar en el amor como en un gran cementerio de espadas,
expulsar de sus sitios a los duendes más benignos.
Y entonces sí
taparse los ojos con arena
tapar los tallos con rocío con los más antiguos cristales de la arena
perseguir por la arena las últimas señales
y olvidarse
y morir.

 

Betty Alba fue una poeta santiagueña de la generación del sesenta. Su poesía estuvo permanentemente referida a la condición humana de manera profunda y hasta diríamos insondable. En 1998, fundó la Casa de la Poesía y donó la suya para que fuera sede permanente de la misma. Sostuvo que «La poesía es cuna y designio, es peregrinación y retorno, es cataclismo, tempestad y arcoíris. La poesía es la voz primera de los pueblos y es el llanto último...Es himno, es plegaria, es profecía». Además de poeta, fue maestra normal, profesora de Educación Especial y ensayista. Publicó sus poemas en plaquetas conjuntas, libros, antologías, cuadernos de cultura, diarios y revistas literarias del país. A pesar de que su obra ha recibido numerosas distinciones y reconocimientos y no obstante haber integrado innúmeras antologías, como por ejemplo Santiago del Estero, Poesía 69 (de Alfonso Nassif); Antología de Poetas Santiagueños (Alfonso Nassif, 1978); Panorama de las Letras Santiagueñas (Dr. Horacio G. Rava, 1978); Antología de Poetas Hispanoamericanos (Fondo Editorial Bonaerense, 1978) y Quiénes son los Escritores Argentinos (Ediciones Crisol, Buenos Aires, 1990), su obra es poco conocida por el gran público de la poesía e injustamente, poco difundidas.