UN FELINO EN EL JARDÍN (Acerca de Jardín Felino de Nanim Rekacz)

 

 
Reseña de Verónica Sotelo
Especial para Tardes Amarillas

 

 

portada Jardín felino

 

 

Jardín Felino (Microficción)

Tapa e ilustraciones de Chelo Candía

MACEDONIA EDICIONES

Buenos Aires, 2014

 

Mucho se ha discutido (y seguramente se seguirá discutiendo) acerca del microrrelato (o minificción, o microcuento, o como quiera llamársele).
Para muchos es la forma escrituraria del tercer milenio y la que mejor se adapta a ese segmento del mundo virtual que se llama Web 2.0. Lo cierto es que, si bien en los últimos tres o cuatro años se ha notado un crecimiento en la banalización de los textos mínimos, no es menos cierto que, quienes lo vienen cultivando desde hace muchos años y han puesto en él sus mejores esfuerzos mantienen viva la llama del texto ultrabreve y que probablemente, la minificción termine por conseguir los fundamentos para transformarse en un texto tradicional y respetado. 


Dentro de este universo, esta especie de cofradía que conforman los que hacen un culto del microrrelato, se conocen muchos autores. Para quienes estamos aprendiendo e investigando este nuevo género (o subgénero) literario, se ha vuelto algo cotidiano hablar de Raúl Brasca, Luisa Valenzuela, Rogelio Ramos Signes, Ana María Shúa, Ildiko Nassr, Martín Gardella entre muchos, muchísimos otros. Los autores de microrrelatos se han multiplicado de manera exponencial.
No obstante, también es necesario mencionar dos fenómenos muy interesantes: Por un lado, resulta novedoso que, por un lado los sellos más grandes han comenzado a tener en cuenta esta nueva forma de escritura y por el otro que, paralelamente al desarrollo del género, han surgido nuevas editoriales (en general, pequeñas) que han decidido apostar todo a una sola chance: la minificción, entre las que podemos destacar a Macedonia, en Argentina, Micrópolis de Perú y Ediciones Sherezade de Chile.
De la simbiosis del sello Macedonia, cuyo editor, Fabián Vique, a fuerza de trabajo constante ha logrado posicionar su sello editorial como referente del universo argentino del microrrelato y la escritora neuquina Nanim Rekacz (que ha incursionado en la minificción con mucha pericia) ha surgido en 2014 un nuevo libro que, seguramente, ocupará un lugar importante en el microrrelato argentino: Jardín Felino.
Había leído cuentos de Nanim en una pequeña publicación (artesanal) que ella le regalara a nuestro director en 2011 en el 1° Encuentro Internacional de Microrrelato de Santiago del Estero (y hasta los había escuchado leídos por ella misma en ese evento) pero tener este libro en mis manos resultó algo bien diferente.
Como le ocurre con frecuencia a muchos lectores, he re-leído Jardín felino en diferentes oportunidades y se me ocurre que con la lectura, uno advierte de que este libro es un digno representante del género. Hay buena literatura en su corpus.
Nanim apela, para la construcción de sus textos, a todos los elementos discursivos que, según los académicos, son indispensables en esta forma literaria. La intertextualidad, la brevedad, la fragmentariedad, la ironía, el absurdo y un profundo conocimiento de literatura están presentes a lo largo del libro y puedo asegurar que la autora no se sale ni en un pequeño espacio de los límites del canon (suponiendo que el microrrelato lo tuviera).
Nanim agrupa sus textos como si en realidad funcionasen como "series" en diversos segmentos: Encrucijadas, Infantilidades adulteradas, Reescrituras, Líquidos, Umbrales, Dichos, dichas y desdichas, Extinciones, Ferocidades y Pequeñas elocuencias. Dentro de esta primera estructura, se ubican las más de cien minificciones que abarcan tantos temas como la mente del lector pueda permitirlo.
En alguna oportunidad alguien dijo que la humanidad vive en constante porfía con una cotidianidad veloz y fragmentaria, y que por esa razón, el hombre actual vive tiempos de excepción; pues bien, los textos de Nanim, están escritos precisamente para ese ser humano que vive días difíciles en este tercer milenio tan descontrolado. Sus textos, breves y contundentes, son capaces de generar una o varias historias, para dada lector y sin duda alguna estimulan la re-lectura pues uno siempre leerá, en cada oportunidad, aquello que le permita su intelecto.
Otro tema a tener en cuenta en este conjunto de textos brevísimos es la austeridad del lenguaje que utiliza Nanim para sus relatos. Quizás por ello, cada microrrelato termina por ser una pieza exquisita y única donde nada está dicho al azar sino que cada palabra está ubicada de manera precisa para producir el shock que a veces nos cuesta tanto conseguir cuando escribimos este tipo de textos.
Por último, quiero hacer una referencia a un tema que se ha venido discutiendo (sobre todo en las redes sociales): la calidad literaria de los microtextos. En este sentido, tal como comenté al comienzo de esta nota, hay una creciente banalización de la minificción; sin embargo, en Jardín Felino queda demostrado que si bien resulta difícil escribir microrrelatos con auténtica estructura canónica, no resulta imposible. Nanim se adueña de todas los artificios consentidos y absolutamente honestos para escribir cada historia y generar placer estético en quien lee y eso, termina por atrapar al lector.

Un párrafo aparte para las ilustraciones de Chelo Candía que son el complemento ideal para los textos por la calidad conque fueron dibujadas. 
En síntesis, un buen libro de microrrelatos que no debería faltar en ninguna biblioteca de los apasionados del género.