ONCE MICRORRELATOS ZEN DE UMBERTO SENEGAL 

 

UMBERTO SENEGAL

1. GARDENIAS MARCHITAS

-Maestro, viniste caminando sobre los girasoles. Por mí, no era necesario tal prodigio.

-No te preocupes. Regresaré caminando sobre el fango sin lastimar tu cultivo de zanahoria.
-¿Puedo acompañarte?
-En la próxima primavera.
-Un poco tarde, maestro.
-Demasiado temprano, ¿no crees?
-Maestro, bajo las plantas de mis pies, el perfume de las gardenias.
-Y en mi nariz, el olor a humo de pino encendido.
-Entonces regresemos juntos, maestro.

Y el par de hombres se encaminó hacia el monasterio. 

 

2. EXPLICANDO LA REALIDAD

Vino el filósofo a elucidar la realidad y ella le cantó como grillo, hasta el anochecer, cuando aquel se durmió y comenzó a soñar con grillos y con otros filósofos. "¿Cuál canto? ¿Cuál grillo?", respondió por la mañana el filósofo, al preguntársele si había podido explicarla. Y llegó también el poeta a expresar la realidad. Esta se le presentó con los colores y formas de cuanto lo circundaba. El poeta permaneció todo el día escribiendo, con sus ojos adheridos al papel y, a veces, sobre la hipnótica pantalla del computador. "¿Cuál montaña?", preguntó el poeta cuando le averiguaron si había podido escalar la brizna de yerba bajo sus pies. Se presentó el teólogo, atiborrado de argumentos, pesadillas, versículos, palabras áridas, sofismas, dudas e incertidumbres para explicar la realidad, pero siguió de largo porque no había nadie que deseara escucharlo. Ninguno que deseara preguntarle algo. Desde el canto del grillo y la brizna de yerba, Bodhidharma sonrió burlón y compasivo.

 

3. LA VISIÓN

Cuando cumplió nueve días meditando en el desierto, llegó hasta él un grillo rojo y se le paró en la cabeza. Sin interrumpir su práctica, escuchó al insecto susurrarle un sosegado koan. Sintió otros grillos saltándole desde algún lugar para unirse al koan. Cerca, escuchó el balido de un camello abandonado o que tal vez escapó de alguna caravana. Quiso preguntar algo a los grillos pero su combinado coro lo contuvo. Viento y arena contra su rostro. Sin abrir los ojos, por su música dedujo que había aumentado la cantidad de grillos sobre su cabeza. De pronto, se fueron y sintió que el camello se echaba a su lado. La húmeda trompa del mamífero raspó su espalda desnuda. El camello preguntó, ¿escuchaste el concierto de los grillos? Sí. Entonces estás maduro para entender mi canto. Y el camello canturreó un mantra como nunca lo había escuchado el meditador.

 

4. LA UVA DE LOS FILÓSOFOS

Tuve una visión. Vi a los filósofos de Occidente desfilar hacia la sombra de un enorme árbol: El árbol Gulmohar. Pero este árbol era mayor que los de su especie y los filósofos caminaban silenciosos. Por primera vez en su vida no discutían. No intentaban convencer a otros de sus ideas y tampoco se atropellaban ni tenían prisa por adelantarse. Llegaron al árbol y sin que faltara espacio para ninguno, se sentaron en círculo junto a una uva madura. La miraron como si allí estuviesen los viñedos del mundo a su disposición.

Ninguno alargó la mano para coger esa uva y comérsela.

Vi sus miradas: Reflejaban tristeza. En mi visión sabía que con uno de ellos que hubiese cogido la uva y la hubiera masticado, todos se habrían embriagado y danzado jubilosos bajo el protector árbol. Pero sólo miraban y nada más. "Es la respuesta a cuanto se preguntaron", escuché una voz entre el follaje del árbol, "pronto continuarán su viaje hacia otros árboles y otras frutas", añadió la voz. Y en mi visión miré adelante y vi un bosque, un bosque sin límites y sin aves, con mucha niebla.

 

5. COMER Y BEBER

Llegan dos hombres donde el maestro. Pregunta el primero:
–¿Qué actitud asumir cuando tengo hambre?
–Come –respondió el maestro.
–¿Y cuando tengo sed?
–Bebe –precisó aquel.

Quien así preguntaba se inclinó en acción de gracias, satisfecho con la sabiduría que para él encerraban tales repuestas del maestro. El segundo de los hombres, sorprendido por la superficialidad de las preguntas y estupefacto con lo banal de las respuestas que dio el sabio, interrogó a su vez:

–Y yo... ¿qué actitud asumo cuando tengo hambre?
–Debes comer –respondió imperturbable el maestro.
–¿Y cuando tengo sed?
–Debes beber –puntualizó.

Confuso por el par de respuestas nada distintas de aquellas que minutos antes diera a su amigo, el hombre insistió:

–Señor, usted me respondió lo mismo que aconsejó a mi amigo.
–Te equivocas. A él le recomendé comer cuando tuviese hambre, mientras a ti te recomiendo comer cuando tengas hambre. Es grande la diferencia cuando comes tú y cuando come él, cuando bebes tú y bebe él. Pero si esperabas, para tu satisfacción intelectual, otra respuesta, entonces cuando tengas hambre come y bebe cuando estés sediento.

 

6. VIEJO ESTANQUE (1)

El poeta consultaba ensayos de autores que tradujeron e interpretaron el haiku escrito por Basho a principios de 1686, en el jardín de su casa en Edo: Furuike ya kawasu tabi mizo no oto. Papeles arrugados entre la canasta de bambú. Tres versos resistiendo con la vigencia de lo eterno y la delicadeza de la flor, el peso de las centurias. Al terminar de leer el tratado que Shiki escribió al respecto, se encontró más confuso que cuando leyó por primera vez el poema:

Viejo estanque;
Una rana salta;
chapoteo.

Conocía múltiples versiones al español: Las traducciones del colombiano Guillermo de Greiff; del español Alberto Manzano; del argentino Samuel Wolpin; del ecuatoriano Jorge Carrera Andrade; del peruano Javier Sologuren; de la mejicana Nuria Parés; las de Octavio Paz; la versión aumentada, de Ramón del Valle Inclán y las traducciones del español mismo, como define el escritor calarqueño Umberto Senegal sus versiones de El viejo estanque. Ninguna era definitiva. Todas tenían su encanto. Cada traductor reflejando su grado de conciencia y su sensibilidad frente a tal expresión poética. Desde la noche anterior se encontraba absorto, ya no en los complejos significados que eruditos estudiosos atribuían al citado haiku, sino en sus propias traducciones que, poco a poco, dejaron de ser palabras para transformársele en grata sensación de impersonalidad y de piel húmeda. Total olvido de sí mismo. El viejo estanque allí cerca lo invitó en silencio. Tres saltos bastaron para llegar al borde, sumergirse en él y pasar la noche croando bajo la luna llena.

 

7. LA LUNA DE TOREI

Torei, maestro del detalle sutil, encontró en su camino un elefante. Lo saludó preguntándole si en la selva de donde venía había flores como esas que él llevaba en su mano. El paquidermo nada dijo, pero regresó a su sitio mientras Torei aspiraba el perfume de las flores. Más adelante, por el camino bordeado de guayacanes rosados, Torei, maestro del detalle sutil, se encontró con una prostituta cargando en sus manos un cofrecillo con joyas. Torei saludó a la hermosa mujer, preguntándole si el cofrecillo reflejado en la sombra también le pertenecía. La prostituta sonrió. Abrió el cofre y Torei puso en él una de las flores. "Me quedaré con esta moneda", dijo Torei, haciendo el gesto de recogerla del cofrecillo que la sombra dibujaba en el suelo. No oscurecía aún, cuando Torei casi choca con un mendigo que corría en dirección suya. "Perdone, señor", se excusó el hombre, "lo confundí con uno de los guayacanes". Torei vio que sus brazos se llenaban de ramas. Vio sus ramas cargándose de hojas y una flor creciéndole en la mano derecha, entre los dedos pulgar e índice. "Amigo", interrogó el maestro del detalle sutil, al mendigo que se recostó a su lado, cerca del cálido tronco, "¿puede indicarme dónde queda la luna llena?". El hombre respondió: "Si en tu camino encuentras un elefante, regálale una flor. Si encuentras una prostituta, obséquiale una sonrisa". "¿Y si es un mendigo quien se encuentra conmigo?", preguntó Torei. Y sonrió al descubrir la luna llena a su lado. Desde entonces, el maestro del detalle sutil lleva una flor marchita en su mano y la muestra a quienes deseen mirarla.

 

8. LOS GUAYACANES

La muerte llegó sin utilizar la puertecilla del jardín, por donde el poeta entraba en su casa a invitados especiales. Eligió la ventana de la biblioteca. Los árboles eran la vida del escritor.

–Bueno...–dijo la muerte.
–¡Bueno! –respondió el poeta– pero, antes permítame despedirme de mis guayacanes.
–¿Guayacanes? –preguntó la muerte y acompañó al poeta hasta el jardín, donde tres frondosos guayacanes, cargados de flores lilas, amarillas y rosadas, eran la fiesta de aquel lugar.
–Son lo único que extrañaré –admitió el poeta. Y agregó, señalándolos:
–¿Habrá algo parecido... allí?

Varias flores cayeron sobre la muerte.

–Creo que no –respondió ella con desconsuelo –¡Son hermosos! Nunca me los mostraron.

El suelo estaba tapizado de flores y cada instante, descendiendo en espiral, caían más a su lado, llevándolas y trayéndolas el viento.
–¿Verdad que sí?...Y además de esto, espera a que se llenen de aves –advirtió el poeta.

Entonces la muerte, ya sin prisa, lo invitó a sentarse bajo uno de ellos.

 

9. INVITACIÓN

Alcman de Sardes en un recuperado texto suyo, confiesa: "Yo conozco el canto de todos los pájaros". De sus libros perdidos solo se conocen fragmentos. Esta mañana, en la finca de don Delio Arcila una benévola avecilla me reveló, con su canto, el contenido de los libros de Alcman.

 

10. CLARIDAD

Y dijo Nadananda: Antes, yo miraba la noche. Después la noche me miró. Hoy por hoy, la noche y yo nos miramos. Entonces alguien le respondió: Nadananda, por fin estás maduro para mirar el día y estás maduro para que el día te mire. Ya tienes en tu corazón y en tu cuerpo la luz necesaria para caminar de noche. Y tienes la oscuridad adecuada para que no te ciegue la intensa luz del sol.

 

11. VIEJO ESTANQUE (2)

La rana saltó al viejo estanque. Tras de ella saltó uno de los monjes, sin despojarse de su hábito. "No eres el iluminado", dijo el Roshi, secándose con el dorso de la mano el agua que lloviznó sobre su rostro. Otro de los monjes, arrodillándose en la orilla del estanque introdujo sus manos en el agua y saboreó un poco."Celébralo con las ranas que no han saltado ni saltarán jamás", ordenó el Roshi, "y tal vez comprendas qué no es la iluminación". El más joven de los discípulos, quien atrás del Maestro escuchaba alerta sus palabras, observando sus gestos y traduciendo sus silencios, de imprevisto le dio un empujón, arrojándolo al estanque. Desde allí, el sabio maestro vociferó: "Si te quedas ahí, la pierdes. Si te lanzas, también la pierdes. ¡Pronto, haz algo!". El discípulo cantó: "¡Croac, croac, croac!".

 

 

Umberto Senegal nació en Calarcá, Quindío, Colombia. Poeta, cuentista, ensayista, educador y editor. Director del Centro de Estudios Robert Walser (Calarcá, Quindío, Colombia). Licenciado en Español y Literatura. Colaborador en múltiples periódicos y revistas de Colombia y otros lugares del mundo. Sus haikus han sido traducidos a 12 idiomas. Algunos de sus textos en prosa y verso, figuran en antologías dentro y fuera del país. Fundador y Presidente de la Asociación Colombiana de Haiku. Coordinador del Centro de Estudios Bizantinos y Neohelénicos, Miguel Castillo Didier. Codirector del Centro de Investigación y Difusión del Minicuento, Lauro Zavala. Vicepresidente de la Fundación Pundarika. Asesor literario y coordinador de Cuadernos Negros Editorial, de Calarcá, Quindío. Ha editado y dirigido varias revistas y periódicos literarios entre ellas la Revista de arte y literatura, Kanora. Ganador de varios concursos regionales de cuento y poesía. Ha publicado 24 libros de poesía, minificción, cuento, haiku y ensayo. Tiene varios libros inéditos sobre Robert Walser.