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Bentivoglio 

 

   Un largo camino al infierno 

 La novela La Larga Marcha de Stephen King y una visión futurista (aunque no tanto) de la vida

 

Por Alejandro Bentivoglio*

 

Una de las novelas más interesantes que ha escrito Stephen King no es masivamente conocida, ni tampoco fue firmada con su nombre. Me refiero a La Larga Marcha (the Long Walk), que fue publicada bajo el seudónimo de Richard Bachman (al cual, jocosamente, King se refería como su "prostituta de lujo", ya que bajo este nombre se ocultaba para poder publicar lo que, para no saturar el mercado de títulos, su editor no le permitía editar)
Esta novela, sin lugar a dudas, es de las más pesimistas y violentas de Stephen King. Y también puede decirse que es una de las más claustrofóbicas. 

La historia se adelantó varios años a las novelas de futuros autoritarios donde los jóvenes ciudadanos de una nación son sometidos a diferentes pruebas, como es el caso de Los Juegos del Hambre. Aquí se trata de una carrera anual en donde no está permitido bajar cierto nivel de velocidad o, mucho menos detenerse, bajo pena de muerte y que otorga un gran premio.
La oscuridad de la novela no es sólo debido a que, los lugares y las cosas, al ser un tanto desdibujadas, cobran una fuerza inusitada, opresiva, sino la idea de lo inevitable, de un destino ineludible que engloba no solo a los personajes, sino al que lo lee. La sensación de que estamos rodando por una pendiente hacia al abismo y que, sin importar lo que hagamos, no podremos escapar. larga-marcha-stephen-king-L-UqXmmN
Al principio, se trata de una leve impresión. Luego, llega la certeza. No existe escapatoria en la larga marcha. Al igual que en las obras de Kafka, en la novela de King el hombre no puede luchar contra su destino. Es inútil y absurdo. Detenerse equivale a morir, pero tampoco existe una certeza sobre lo que existe al final, a quien llegue a la meta. La única diferencia con Kafka es que los jóvenes que participan en la carrera lo hacen voluntariamente (recordemos que los personajes kafkianos no buscan lo absurdo, lo terrible, sino que esto los alcanza a ellos). Esta diferencia radical es una de las cosas más aterradoras de la novela. Una sociedad en la cual se ha llegado a un punto de degradación humana en la cual la vida o la muerte no importan, tan solo el gran premio. King no necesita de mucho para revelarnos este mundo futuro, pero no tan lejano a nosotros. La obra es concisa y brutal. Narrada con efectividad por alguien que conoce a la perfección su oficio y que sabe qué resortes tocar en la fibra del lector. Y es que hace mucho que King ha demostrado que no es un bestsellerista que pueda ser menospreciado, sino que estamos frente a un escritor cabal que sigue la línea del terror que marcara Poe y Lovecraft.
A medida que la larga marcha avanza, conocemos a los personajes y sus distintos sufrimientos en este camino que parece absorberlo todo. La novela no es sólo una parábola de la vida misma, es una parábola atroz sobre el destino absurdo del hombre. De la profunda desesperación existencial que ha invadido al hombre del siglo XX. Las autoridades (a las que antes el hombre estaba sujeto, tanto Dios como el estado), aparecen desdibujadas.
Se hace referencia a un Comandante, pero no es más que una figura borrosa. Temible, despreciable, pero infinitamente lejana. Para los que avanzan, sólo existe la marcha. ¿Pero qué es la marcha? Un forzoso avance que se extiende a lo largo de un camino geográfico, pero también en un camino interior dentro de los participantes. Los jóvenes se vuelven adultos. Se cuentan sus experiencias y en ellos trascurre la eternidad de un momento entre lo que ahora son sus vidas y lo que se convertirá en sus muertes. En la larga marcha no importa quién sea el más apto, quién sea el más inteligente. No existe un darwinismo social. Sobrevive el que puede, no el mejor. E incluso, tampoco el ganador recibe nada en comparación a su sacrificio. El fin de la marcha está coronado por la oscuridad, por la locura. El premio es una ilusión, el premio no puede ser descifrado.
El final es sólo seguir avanzando y eso es lo más terrorífico de la novela. La espantosa conciencia de que no sólo no existe un propósito para la marcha, sino que tampoco lo existe después de ella. Porque lo real es que más allá de la marcha, más allá de ese ineludible absurdo que es el ser humano, no existe nada más.

 

*Alejandro Bentivoglio (Avellaneda, provincia de Buenos Aires, Argentina, 1979) Poeta y microficcionista argentino es un apasionado del cine y de la música. En su rol de escritor ha publicado numerosos libros de microrrelato entre los que podemos destacar Revólver Y Otras Historias Del Lado Suave (2006, Letras del Sur Editora), Dakota/Memorias de Una Muñeca Inflable (2008, Letras del Sur Editora), Mágico Histérico Tour (2011, Macedonia Ediciones), Vértigo Verbal del Suicida Reincidente (2011, Macedonia Ediciones). Además integró más de una docena de antologías relacionadas al género, entre las que se destacan: El Límite de la Palabra (Antología del microrrelato argentino contemporáneo), España, Editorial Menoscuarto, 2007 (Edición de Laura Pollastri), Grageas, 100 Cuentos Breves de Todo el Mundo, Buenos Aires, Ediciones Instituto Movilizador de fondos cooperativos C.L., 2007. (Selección de Sergio Gaut vel Hartman), Comitivas Invisibles, Buenos Aires, Ediciones Instituto Movilizador de fondos cooperativos C.L., 2008. (Selección de Raúl Brasca y Luis Chitarroni).

Los derechos de este artículo son propiedad del autor. Los datos biográficos se obtuvieron de la página de Internacional Microcuentista en el siguiente link: http://revistamicrorrelatos.blogspot.com.ar/2013/02/breve-entrevista-alejandro-bentivoglio_14.html

La imagen que ilustra la presente nota fue tomada de la página Web Paper Blog http://es.paperblog.com/