2006-04-A 

 

 

      Historias plausibles

Guillermo Bustamante Zamudio*

 

Historias plausibles es el nombre del primer libro de minicuentos de Henry Ficher. Este escritor nació en Miami en 1960, pero se educó en Colombia, donde compartió la formación literaria con Harold Kremer y Guillermo Bustamante Z., en los tiempos en que gestaban la revista Ekuóreo; incluso, antes de salir del país, alcanzó a ser del comité editorial.
Ficher es el impulsor de que la revista volviera, después de haber tenido una primera época en los años 80 y una segunda época en los años 90. Experto como es en asuntos de computación, a sus expensas la revista adquirió el sello digital: http://e-kuoreo.blogspot.com. Hoy, el blog tiene 155 entradas y 1048 relatos breves publicados.

Las siguientes palabras fueron escritas por Harold Kremer y Guillermo Bustamante Z. como Prólogo a la publicación del nuevo libro: 

Historias Plausibles

 

Hay quienes piensan que el minicuento es un chiste por escrito; o que es la buena manera de adentrarse en el cosmos literario, dada la brevedad del lado del texto y la impaciencia del lado del lector; o que es un recurso pedagógico ideal, pues se lo lee y analiza en la misma clase, sin que se reflexione con algún esfuerzo ulterior.
Efectivamente, con esos criterios se emprenden caminos, se producen libros, se fallan concursos, se urden antologías, se dictan clases, se orquestan proyectos y cofradías.
En este libro, Ficher muestra otro panorama: el humor deviene del tratamiento del lenguaje, no de las situaciones destempladas o estridentes; la brevedad no busca seducir la atención del indolente, sino que es el producto de la síntesis; el canon literario es condición de su trabajo, no el premio final a la sospechosa satisfacción de la época; la impaciencia no permite acometer su lectura, pues los textos interrogan una y otra vez y obligan a volver sobre sus aporías; y sólo una pedagogía que no intente facilitar las cosas estaría a su altura, pues —uno a uno— estos pequeños textos siempre deliberan con el lector y le exigen meditar sobre la vida.

 

A continuación, una pequeña muestra del texto de Ficher:

 

Gajes del oficio

¿Es del todo inocente la soga que rompe, con tajante restallido, el cuello de los condenados?

Isar Hasim Otazo

Algo en la naturaleza dúctil y alargada profiere una especie de voluntad maligna. Por eso los espaguetis se ensañan unos con otros en el plato y las cuerdas se enmarañan solas en sus rincones, como si quisieran estrangularse en sus propios nudos.
Más complejo es el caso de los cables. Su cubierta aislante los hace poderosos y cada vez que diferentes tipos deben compartir el mismo espacio se arma una silenciosa y tenaz batalla: el cable de electricidad, cuando siente la cercanía de un cable de red, lo ataca sin piedad, mientras que su contrincante trata de defenderse con la misma táctica ofidia de enredarse alrededor de su enemigo hasta sofocarlo.
Este conflicto, como todos, cobra víctimas inocentes: los cables del teclado y el ratón. Por ser más delgados, tratan de no tomar parte en la contienda, pero no lo pueden evitar y terminan embobinados alrededor de todos.
El resultado, por supuesto, es un embrollo atroz que los técnicos encuentran cada vez que deben meterse bajo una mesa para arreglar una computadora. Se los oye maldecir entre dientes, porque los cables no toleran que los desenreden y resisten con todas sus fuerzas.

 

Los ácaros y sus clanes guerreros

 

Los ácaros son artrópodos infinitesimales, parientes lejanos de las arañas. De las miles de especies conocidas, varias son parásitas del ser humano.
Hay ácaros que se alimentan de la harina de nuestras despensas; otros viven en nuestras sábanas, colchones y almohadas, acechando escamas de piel, pelo, caspa.
El microscopio electrónico permite observar sus movimientos: los descubre casi siempre en grupos, semejando divisiones blindadas que avanzan en formación por paisajes sinuosos y áridos, como desiertos diminutos, en busca de objetivos enemigos.
Suelen atrincherarse en zanjas que excavan en nuestra dermis, en grupos de tres o cuatro, dejando ver sólo sus ínfimas antenas mientras montan guardia. Cuando arrecian las incursiones hostiles, construyen túneles de hasta tres niveles, como hacen los grupos guerrilleros cuando se enfrentan a fuerzas superiores.
Hay dos especies en permanente guerra territorial: los ácaros negros y los rojos. Sus cruentas batallas a veces nos producen un leve escozor.

 

Tras la huella

 

Por la noche, en mis sueños, camino tanto, recorro tantos senderos pedregosos, tantos paisajes desolados y derroteros moldeados por el viento, que a media noche despierto consumido por una sed tremenda. Me levanto débil, la boca pastosa, me envuelvo en la túnica y salgo del refugio en busca de algún pozo olvidado por la arena. Camino a ciegas, fustigado por un viento inclemente y quejumbroso, que va borrando mis huellas. Con ojos entrecerrados adivino los alrededores, reconozco las siluetas que forman las dunas inconstantes, los furtivos rastros que persigo mientras duermo. Es entonces que recuerdo el titánico castigo que me depararon los dioses, poco antes de despertar consumido por una sed tremenda.

 

Guillermo Bustamante 3*Guillermo Bustamante Zamudio nació en Cali, Colombia, en 1958. Es licenciado en Literatura e Idiomas y Magíster en Lingüística y Español. En 2002, obtuvo el Premio Isaacs con su libro Convicciones y otras debilidades mentales y en 2007, su libro Rolesganó el Tercer Concurso Nacional de Cuento de La Universidad Industrial de Santander.Junto a Harold Kremer, ha sido un cultor del minicuento en Colombia a través de la fundación y dirección de la revista Ekuóreo y las antologías Antología del cuento corto colombiano, Los minicuentos de Ekuóreo y Segunda Antología del cuento corto colombiano. Ha publicado los libros de microrrelatos, Oficios de Noé, en 2005; Libro sobre microcuento, en 2008; escrito a dos manos con Harold Kremer y Ekuóreo: un capítulo del minicuento en Colombia, en 2008. Varios de sus cuentos componen antologías de microrrelatos en Colombia e Hispanoamérica.