Editorial

 

Una vez más después de haber vencido los inconvenientes que acompañan de manera inevitable toda tarea cuando se hace sin fines de lucro, Tardes Amarillas está a disposición de sus lectores.
No hablaremos de esos percances y complicaciones porque bastante hemos aburrido a nuestros lectores con la descripción de los mismos. Solamente diremos que esperamos de manera sincera que los acontecimientos que se están dando en el país no interfieran en la construcción de nuestro anhelo. Esto que digo no son palabras a tono con los "comentarios" de los grandes medios "formadores de opinión" (que en realidad son grandes actores de la deformación cultural y desinformadores para que seamos espectadores de la creación de una "democracia" para pocos) sino que me ha tocado de cerca ya que algunos de nuestros colaboradores y/o lectores argentinos, no olvidan sus diferencias a la hora de discutir con seriedad los contenidos de la revista, que en realidad no es otra cosa que discutir que modelo de cultura queremos y terminan alejándose entre sí, lo que dificulta la publicación de artículos y notas por cuestiones relacionadas más con la politiquería de turno que con la cultura en sí misma.
Sin embargo, no es el peor inconveniente. Hay problemas más profundos como por ejemplo el hecho indiscutible de que la palabra "cultural" ha terminado transformada en un calificativo sin sentido que designa no solamente hechos de cultura. Por ejemplo se aplica también a festivales y eventos que poco tienen que ver con lo estrictamente cultural y eso, aunque alguien sostenga lo contrario, no los convierte en fuente de cultura. Veamos; lo que estoy tratando de decir es que a la mayoría de los acontecimientos a los que se les añade el adjetivo cultural no promueven cultura, ni contribuyen a que la persona se cultive y llegue a ser una persona culta.
En la inmensa generalidad de esos eventos que son anunciados de manera rimbombante por políticos de turno y en los que, generalmente se invierten fuertes sumas de dinero, pues se contrata cantantes, se hace publicidad y se montan escenarios no son precisamente hechos culturales los que sustentan los mismos sino simple entretenimiento o espectáculo con fines que ni siquiera rozan la cultura.
De esta manera lo que podemos apreciar desde nuestra óptica (que puede ser diferente a la mirada de otros actores culturales) es que la cultura ha sido forzada a transformarse en una especie de "prisionero privilegiado" de intereses políticos y económicos que nada tienen que ver con la cultura en sí misma.
Por ello, desde Tardes Amarillas, reafirmamos nuestro compromiso de recobrar la esencia de la cultura como medio de cultivar al ser humano y llamamos a todos los actores de la cultura a tratar de luchar contra esta quinta columna de la cultura que va introduciendo el sistema de manera a veces solapada y a veces irreverente, cuyo único interés es construir una democracia para pocos deformando la cultura en espectáculo y entretenimiento.

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                                                                                                                                                         Antonio Cruz 

Director de Tardes Amarillas