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UMBERTO SENEGAL  

 

 

    CINCO MICRORRELATOS CON KAFKA DE FONDO 

 Umberto Senegal

"He escrito estas cosas inútiles, deficientes, en un estado como de fácil somnolencia". Franz Kafka. Diarios. Cuaderno quinto. 26.II.1912

 

LA LLAVE DE ALUMINIO


Alguien informa que Kafka es propietario de un castillo semiderruido. Debe serlo, porque en ese sitio las demás personas habitan estrechos apartamentos de grandes edificios. Comentan que allí vive un escritor. Recibo invitación de Kafka para visitarlo. Envía la llave de la puerta, por si arribo temprano y no lo encuentro. De inmediato, en la escuela donde trabajo, un cercano corregimiento de la ciudad de Calarcá, abandono el salón de clases sin dar explicaciones a mis alumnos. Corro hacia el castillo para asistir a una lectura de poesía que materializará Escher: Maurice Cornelius Escher. Por el camino alguien me aclara que los poemas son de Gödel. También leerá mi madre, encargada de asear la habitación de Kafka. Cuando llegue al castillo, para abrir la puerta debo introducir la llave antes que Franz introduzca la suya por el otro lado. Me apresuro. Aunque la noche no avance con la misma velocidad que transcurrió el día, me apresuro. He debido llegar en algún momento porque Kafka hace lo mismo desde adentro. Quiero entrar. Franz, quien me invitó y desea que yo visite el castillo, me impide abrir la puerta. Ambos intentamos abrir: Él, desde su lugar y yo, desde el mío. Ambos giramos, impotentes, las llaves, mientras en algún lugar del castillo mi madre repite monótona: "Se les va a enfriar el café, se les va a enfriar el café". 

 

GREGORIO Y KAFKA

 
Allí sentado, Franz observa la eternidad entre sus ojos, absorto en las cartas que Dora Dymant relee. Millares de ocasiones debe habérselas leído. Sin embargo, él las escucha por primera vez, emocionándose con cada frase. Son las esperanzadas respuestas a las suyas, de la niña que perdió la muñeca en el parque Steglits. Sin inmutarse, ambos ven llegar al enfermizo Kafka con un libro en la mano. Cercenando la lectura, se lo muestra a Franz, esto es suyo. Y tuyo, responde Dymant sin mirarlo, abrazando protectora a Franz quien recibe el libro y lee al azar varias páginas. La obra está compuesta por minicuentos de diversos autores, creando dramas a partir de sus personajes y su propia vida. Parece que somos ambos, reconoce Franz, moviendo su cabeza y escrutando la aprobadora mirada de su compañera. Lo grave no es eso, Franz, le explica Kafka, agregando, lo oscuro es que vamos a terminar pareciéndonos todos. Franz se levanta y devuelve el libro. Terminaremos como empezamos, admite. Dora toma de la mano a Kafka quien no recibe el libro. Y se van despacio hacia ninguna parte.
¿Se van?
¿Despacio?
¿Hacia ninguna parte?

Franz nada dice. Sabe que siempre estuvo solo. Sigue mirando la eternidad entre sus ojos y en los ingrávidos pasos de la afectuosa pareja alejándose de allí. Compasivo con quienes se desplomaron en la trampa de sus libros, asomándose por un momento a su alma o a la de Gregorio, abre el libro y comienza a leer en voz baja... A leer en voz baja.

 

EN TORNO A KAFKA

 
Para hacer más inhumano su drama, Samsa se sumó de nuevo a la nube de langostas que por allí cruzaba.


NIÑO Y ANCIANO POR LAS CALLES

 
Que el ciego es Franz Kafka y su inseparable lazarillo, Jorge Luis Borges. Así me agrada imaginarlos. Cierro mis ojos y los veo en un cortometraje. De la extensión que yo desee. La visualizo más nítida que si observara fotografías del uno y del otro. Cuando salgo a su encuentro por alguna calle, ambos me ven pasar frente a ellos. La mirada quebrantada de Kafka es más penetrante. Ni saludos ni autógrafos. En mitad del andén o cruzando una calle vacía, se detienen y me observan. Sus edades no son definidas. Varían de acuerdo con la intensidad de las sombras, ajustándose a la arquitectura de los lugares por donde deambulan noche y día. Me obligan a seguirlos por calles de Praga. Buenos Aires. Santiago del Estero o Calarcá. Que Kafka es el niño y Borges el anciano. O que Borges es el niño, lazarillo del viejo Kafka. Recorremos calles, convergiendo siempre en un castillo o un sótano donde alguien escucha un interminable tango. "No sé, pero a veces quisiera encontrarlo así frente a frente, pa'ver si es capaz de mirarme fijo al interpelarlo ya que es de coraje como lo pintás. O una conmovedora canción klezmer, con el sollozo del clarinete atormentando más las calles. Cuando voy tras ellos, estas son más largas. Si el niño Borges se distrae o abandona al anciano Franz en alguna calle que se bifurca, ninguno de los tres regresamos no sé a dónde. Ignoro por qué desearíamos regresar, si hay palomas en las calles. Grises palomas, en alféizares de las ventanas. Palomas blancas, reposando sobre los techos. La parte que me hace abrir los ojos: Escucho cuanto Borges confiesa al anciano Kafka, pero nunca las respuestas de este. Creo que lo más sensato, para mí, es abrir los ojos y desaparecer y dejarlos que caminen solos por cualquier calle de Praga, de Buenos Aires, Calarcá o Santiago del Estero.

 

KAFKA

 
Sucedió que el niño Franz se enredó en su cometa y descendió varios metros, hasta cuando la mujer que lo observaba alargó sus brazos y lo elevó de nuevo. Desde entonces, prefiere caminar.

 

 

Umberto Senegal nació en Calarcá, Quindío, Colombia. Poeta, cuentista, ensayista, educador y editor. Director del Centro de Estudios Robert Walser (Calarcá, Quindío, Colombia). Licenciado en Español y Literatura. Colaborador en múltiples periódicos y revistas de Colombia y otros lugares del mundo. Sus haikus han sido traducidos a 12 idiomas. Algunos de sus textos en prosa y verso, figuran en antologías dentro y fuera del país. Fundador y Presidente de la Asociación Colombiana de Haiku. Coordinador del Centro de Estudios Bizantinos y Neohelénicos, Miguel Castillo Didier. Codirector del Centro de Investigación y Difusión del Minicuento, Lauro Zavala. Vicepresidente de la Fundación Pundarika. Asesor literario y coordinador de Cuadernos Negros Editorial, de Calarcá, Quindío. Ha editado y dirigido varias revistas y periódicos literarios entre ellas la Revista de arte y literatura, Kanora. Ganador de varios concursos regionales de cuento y poesía. Ha publicado 24 libros de poesía, minificción, cuento, haiku y ensayo. Tiene varios libros inéditos sobre Robert Walser.