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EDITORIAL

 

Hablar de los problemas que tenemos que superar periódicamente para publicar Tardes Amarillas, ya se ha transformado en un clásico. No obstante, nos hemos propuesto seguir adelante con esta tarea que nos apasiona tratando de evitar las referencias a las dificultades y poniendo énfasis en lo que se logra.
En una época signada por lo que Mario Vargas llosa denomina "Civilización del espectáculo" y que se manifiesta fundamentalmente por la banalización de la cultura, desde Tardes Amarillas preferimos seguir apostando a la cultura como manifestación primaria de la sociedad en su conjunto.
En referencia a ello y a raíz de algunos artículos leídos en la red en las últimas semanas cuyo origen es la evidente degradación de la palabra cultura (que en la actualidad, con la complicidad de los medios de comunicación se está usando para designar una serie de eventos relacionados con el entretenimiento irreverente, el show chabacano y el espectáculo desvergonzado) quiero traer a colación algunos conceptos con la peregrina idea de aclarar un poco que cosa debería ser la cultura..
En los últimos años la excesivamente liviana información (cuya única finalidad es el negocio) que se emite a través de los medios de comunicación, (radios, diarios, revista y, fundamentalmente la TV) solamente ha servido para distorsionar conceptos culturales y subvertir la conciencia del pueblo, con la finalidad, se me ocurre, de paralizar su voluntad evolutiva.
De esta manera, aquellos medios que se arrogan la cualidad de ser mensajeros de la cultura no solamente deforman los contenidos sino que estimulan todas aquellas manifestaciones que, lejos de ser artísticas, no son otras cosa que medios de deformación de la conciencia, sobre todo, aquellos elementos relacionados con la cultura nacional. Me parece adecuado decir que este tipo de medios no hace cultura ni algo que se les parezca. Su misión es precisamente la contracultura y la idiotización de la conciencia nacional. A los poderosos, les conviene un pueblo sin cultura. No es casual que un programa chabacano tenga más rating que un canal cultural ni tampoco lo es que un libro, escrito por un pseudo periodista de chimentos, venda más ejemplares que poetas o narradores que han puesto lo mejor de su formación al servicio de la literatura. ¿Será todo nada más que una cuestión de márquetin o responde a un plan premeditado que tiene por objeto la destrucción de los valores del entramado social para favorecer su dominación?
En contraposición a ello, muchas publicaciones que circulan en la red, tratan de convertirse en el último bastión de esta cultura vapuleada que no quiere ser instrumento de la degradación neoliberal de todos los valores democráticos.
En este contexto, quienes hacemos Tardes Amarillas seguimos empeñados en construir otro modelo de cultura y de mantener vigentes los valores que llevaron al hombre a un lugar preponderante en la escala biológica.
La tarea no es fácil pero sabemos que la única misión que fracasa es aquella que no se intenta.
Bienvenidos pues a esta nueva entrega y esperemos que se haya cumplido, de la manera más certera posible, con los objetivos que nos llevaron a embarcarnos en esta ingrata pero apasionante tarea de defender la cultura y difundirla.

Antonio Cruz
Director