TAPA MEGAFON O LA GUERRA

 

 

 

 

      Los asedios y las batallas en "Megafón o la guerra" de Leopoldo Marechal

Fernanda Elisa Bravo Herrera*

Università di Siena 

De tal suerte, mi canto nunca fue
sino la espiga exacta de una
guerra.
Leopoldo Marechal, Heptamerón


Para Leopoldo Marechal la novela es el «sucedáneo de la epopeya» que recoge, como lo sugiriera Macedonio Fernández, las historias de los posibles y distintos destinos, entendidos éstos como las experiencias espirituales de sus héroes. Esta actualización de la epopeya se realiza en la traducción de la razón profunda y de las líneas internas de los simbolismos épicos. 

La última novela de Marechal, Megafón o la guerra, publicada póstumamente en 1970, se inscribe en esta concepción «clásica» de la literatura, ya que en su escritura se transpone la estructura semántica de la epopeya, en el simbolismo de la guerra, travestida con el humorismo y en diálogo con el concreto horizonte histórico. Si Adán Buenosayres (1948) se concentra en la historia individual del alma en penitencia, y la segunda novela, El Banquete de Severo Arcángelo (1965), se extiende al itinerario iniciático de un grupo de elegidos, Megafón o la guerra propone la historia del destino terrestre y celeste de la Argentina a partir de las batallas y los asedios organizados por Megafón, héroe anónimo del cual sólo se conoce su sobrenombre, que «había sintetizado en sí mismo una conciencia viva del país y sus hombres» . Megafón o la guerra puede ser interpretada, además, como una «continuación» de Adán Buenosayres, en tanto se retoman no sólo algunos «héroes» de la primera gesta marechaliana, como Samuel, Schultze y el narrador que se identifica con el autor, sino también algunos nudos narrativos de realización espiritual, como el recorrido por espacios infernales –Cacodelphia, Saavedra y la Espiral de Tifoneades– y la búsqueda de la Mujer Celeste, Aquella sin nombre de «El Cuaderno de Tapas Azules», Lucía Febrero, la Novia Olvidada, cautiva en el Château des Fleurs.
La intencional filiación épica se explicita metatextualmente en su estructuración formal en diez «Rapsodias», introducidas por un «Introito» en donde el narrador −testigo y protagonista− presenta las claves de esta «epopeya», que no pertenece a la mitología nostálgica de Buenos Aires, y expone el «método lineal y rapsódico» de la narración de la «gesta megafoniana» en sus «vicisitudes exteriores», siguiendo «la lección del gran Ludovico en su Orlando Furioso, y si hemos de quedarnos en casa, la que nos dio Hilario Ascasubi en su Santos Vega» . La incorporación explícita de estos textos actualiza en la escritura, a través del diálogo intertextual, configuraciones ideológicas y simbólicas. Este entrecruzamiento textual remite a la conformación marechaliana de la tradición cultural, que recoge en lo autóctono, a través de la dialéctica parodística de afirmación de lo propio, la herencia clásica europea. Por otra parte, la referencia a Santos Vega de Rafael Obligado reafirma la visión épica de la gauchesca, en sus simbolismos metafísicos y en sus «vigencias universales», por sobre «localismos particularizantes».
La escritura de la novela Megafón o la guerra, en tanto proceso histórico de producción y circulación textual, asume, además, un carácter épico extratextual y una función social bélico-combativa, comprometida con la realidad política inmediata de la Argentina del período 1955-1970. Esta conciencia política de la propia escritura a través de la gesta de Megafón y de sus Dos Batallas es expuesta por el narrador-autor en el «Introito», esfumando las distancias entre ficción y realidad, entre poesía e historia. La publicación de esta novela no se presenta como un hecho literario ajeno a la historia política, sino como un peligroso «cascote» arrojado «al espejo de las aguas» por la «furia del verbo y la bronca demiúrgica» del 'Poeta depuesto', sometido a un espacio/ y a sus ineludibles condiciones»6 –la Argentina de la Contrarrevolución antiperonista de 1955–; por lo que la novela permitiría la concientización de los argentinos en el conocimiento de las causas internas y externas y en la mostración del «rostro verdadero de la guerra»7 que se manifestaba «físicamente» en el país desde hacía varios años. En Megafón o la guerra, la lectura histórico-social de la realidad argentina revela la posición política del autor, comprometida con el Partido Justicialista. Desde este horizonte ideológico, la novela se estructura como la crónica de una sucesión de batallas «revisionistas» y analíticas de la
historia argentina, en sus manifestaciones exteriores, guiadas por Megafón y recogidas por el narrador-personaje, cronista, testigo y protagonista – «memoria inexorable»8 de la Historia «en la ciudad alegre de los olvidadizos»–,9 que encarna, a su vez, al narrador-autor empírico. La crónica de la gesta megafoniana, en su exterioridad, se identifica con la resistencia peronista; por ello el encuentro decisivo entre el cronista y el guerrero –ambos voceros populares– se ubica ficcionalmente en julio de 1956, un mes después de la fracasada Revolución Popular Peronista, reprimida con el fusilamiento de los organizadores, entre ellos el general Juan J. Valle, y la masacre de civiles y militares en los antiguos basurales de José L. Suárez, como se recuerda en el «Introito». La referencia inmediata y cercana a la historia contemporánea argentina, en un período en el cual la Revolución Libertadora antiperonista tenía el poder político-institucional, explica la «peligrosidad» de la novela, concebida no como «un trabajo de fantasía en prosa»,10 sino de resistencia combativa y comprometida.
La estructuración ideológica marechaliana propone la unidad del orden terrestre con el celeste, de tal modo que el arte y la política se subsumen en la concepción religiosa-metafísica, eje y soporte del mundo, lo «histórico» en lo «trascendente», el «hombre» en la «divinidad», lo «material» en lo «espiritual», lo «relativo-dinámico» en lo «absoluto-
estático».11 Esta unidad de la multiplicidad conforma la gesta megafoniana en dos niveles –uno terrestre y otro celeste–, sea en el discurso como en la historia. Desde esta doble interpelación, la guerra y las batallas de Megafón, narradas sólo en su exterioridad, cubren dos aspectos complementarios, cuya interpretación depende de los lectores «según anzuelo y carnada».12 El movimiento centrípeto y ascendente por el nivel religioso, camuflado con estrategias discursivas de carnavalización, actualiza en la novela «políticamente comprometida», la estructura tradicional del universo épico, conformada en la relación entre el héroe, la comunidad y la divinidad.
La sucesión de batallas desenmascara y confronta, a través de la parodización, diferentes discursos y horizontes socio-discursivos que constituyen proyectos opuestos de organización nacional y de universalización de las esencias físicas y metafísicas de la patria. En este programa, la guerra es justa, posible, necesaria y abierta a todos los
argentinos, porque restaura el equilibrio histórico y trascendente. La citación de algunas estrofas de la oda «A Belona» (del poemario de 1929, Odas para el hombre y la mujer) funciona como arenga bélica extendida a los lectores. Los asedios y las batallas se dirigen a la restauración de un orden perdido por el «aborto del suceder»13 de la Patria, que le impide realizar su destino trascendente –signado en su propio nombre– , que
compromete a todos los argentinos y comporta en su imagen primordial el destino colectivo y una axiología integradora:
El nombre de tu Patria viene de argentum. ¡Mira
que al recibir un nombre se recibe un destino!
En su metal simbólico la plata
es el noble reflejo del oro principal.
Hazte de plata y espejea el oro
que se da en las alturas,
y verdaderamente serás un argentino.14
Así, la guerra contribuye al ingreso en la Historia y a la búsqueda heroica de valores perdidos en una sociedad degradada, que ha traicionado su destino y ha roto la estructuración épica del mundo. Las «Dos Batallas» de Megafón se proponen desenmascarar la exterioridad fantasmal e inauténtica que impide la realización histórica y espiritual de la Argentina y de su pueblo sumergido, a través de asedios, invasiones, psicoanálisis, visitas y juicios a representantes arquetípicos de la «vieja peladura externa» de la Patria, que conforman la estructura de poder. La simbolización de la Patria con una Víbora retoma la imagen de la Argentina visible en oposición a la de la Argentina invisible15, propuesta por Eduardo Mallea: La contrarrevolución de 1955 tuvo su ectoplasma, y en él se materializaron por modo fantasmal hombres y cosas que habían muerto en el país: figurones de cartón o de lata, políticos ya desintegrados en sus tumbas, asaltantes ya históricos del poder y el dinero. [...]
Esos fantasmas reencarnados [...] constituyen ahora la exterioridad visible del país. Juran hoy en la Casa Rosada, luego dibujan su pirueta en el aire bajo los reflectores, caen al fin reventados como títeres en el suelo para ceder su lugar a otros fantasmas igualmente ilusorios que juegan el destino del país en un ajedrez tan espectral como ellos. Oiga, ese cascarón fósil es la "peladura externa" de la Víbora. 16
Las batallas megafonianas se desarrollan según una geometría y una liturgia que revelan y ocultan en la crónica externa de la gesta los dos niveles paralelos de la guerra, y determinan la unificada perspectivación de la nación, su universalización y su trascendencia. Esta geometría bélicolitúrgica se construye como un teorema poético, con «cierto paralelismo interior o en una simetría no fácil de alcanzar y rigurosamente necesaria»,17 combinando el «malevaje» con la «literatura» en un plan preciso y ordenado, con caídas en lo ridículo y en lo sublime. Las Batallas se proponen desenmascarar la «línea matriz de la nación» y «lograr una toma de conciencia en los actores o responsables del drama nacional, merced a la sorpresa y al absurdo que tanto suelen jugar en la remoción de las almas»;18 y se organizan como operaciones de comandos para «enfrentar» a los

«responsables» del «drama nacional» en el orden terrestre y en el celeste. La fase preparatoria inicia con el despertar metafísico de Megafón, héroe épico que sostiene la voluntad histórica de una comunidad y es el motor de la guerra. Sigue el «reclutamiento» de combatientes en el Manicomio de Vieytes (la «Operación Filósofo» para liberar a Samuel Tesler), la búsqueda de la «vieja sustancia del héroe»19 en Saavedra y en la Calesita (dando el golpe final a la mitología de la guapología y del
criollismo, como en la primera excursión en Adán Buenosayres) y la participación en la Asamblea Extraordinaria del Club Provincias Unidas, que representa la totalidad del país, especialmente del interior «devorado» y «universalizado» por el centro, Buenos Aires para comunicar la «Teoría de la Guerra y de la Patria».
La primera incursión metodizada fue el «Asedio al Intendente», el coronel Julio César Proserpio, «hijo aleatorio del cuartelazo» e intendente circunstancial de Buenos Aires. En esta operación se denuncia la traición a las consignas espirituales de Buenos Aires, evidente en el «delineamento físico de la ciudad»,20 en «la distribución injuriosa de los edificios»21 alrededor de la plaza del Palacio Municipal. El fantasma del conquistador
Juan de Garay –fundador de Buenos Aires, que no reconoce en la actual ciudad la que fundara–, reprocha el olvido de la vocación espiritual, recibida en la Fundación,22 y manifiesta en su nombre, «expresión de su esencia inmutable».23 A través del humorismo paródico critica, como responsables del abandono de lo sublime y de la caída en lo ridículo y en la burocracia, a los traidores y mercachifles del poder temporal –el gobierno militar vendido a los intereses de la oligarquía y de las potencias extranjeras, la organización económica injusta– y al poder religioso que ha abandonado «al pueblo castigado, sumergido y negado hasta la desesperación».24 El asedio, que culmina con los tres improperios y el desafío de Garay, cuyo guante recoge Megafón, sugiere las siguientes operaciones bélicas tendentes a identificar a los responsables de la deserción de Buenos Aires a su destino.
En la «Invasión al Gran Oligarca», don Martín Igarzábal, participan Megafón, su esposa Patricia Bell –cuyo nombre la presenta como Vestal de la patria en guerra–, el revisionista Dardo Cifuentes, y el cronista, antagonista del oligarca en su juventud; guiados por el Pampa Casiano III, último pampa de la tribu de Namuncurá, «mezcla de valet, cocinero y secretario»,25 patética manifestación de mímesis y aculturación. En esta operación se evalúa la historia argentina, con la visión de los retratos de tres antepasados de Igarzábal, fantasmas acusadores que «relatan» la frustración del Patriciado, a causa de la deserción interior o metafísica y exterior o física. La revisión histórica reconoce en la actual oligarquía argentina, «que usufructúa el poder en su beneficio»,26 el patriciado revolucionario y civilizador degenerado que, por «un olvido total de las consignas, un abandono del escenario",27 ha traicionado la patria y los valores patricios que le permitían «conducir a un pueblo según el orden terrestre y el
celeste».28
En el «Psicoanálisis del General», el grupo de Megafón, acompañado por el ex mayor Aníbal Troiani, irrumpe en el piso del general don Bruno González Cabezón, transposición del general Eugenio Aramburu, que había ejercido la Presidencia de la República, durante el «malambo de los presidentes» en el régimen militar. En esta incursión se enjuicia la transformación negativa del soldado, cuyas virtudes eran la justicia, la fortaleza, la prudencia, la templanza, en un militar o simple técnico de las armas. La traición del hombre de acción, que olvida sus virtudes, determina la degradación del concepto de patria, comprendida ya no en su dimensión concreta y humana, como el conjunto de hombres, sino sólo como una definición geográfica abstracta, sin humanidad, provocando con ello que el antiguo soldado usurpe el poder político y arremeta contra el pueblo. La acusación de la Historia es sostenida por las Plañideras Folklóricas, versión telúrica de las Furias o Euménides, «hembras infernales de la justicia y la venganza»29 que gritan que se «han deshonrado las armas»,30 mientras los fantasmas de los fusilados que resistieron al golpe militar atormentan al General en la soledad de su departamento.
En la «Biopsia del Estúpido Creso», Marechal retoma la crítica a la mentalidad material del rico «Hombre Económico» con «pasión acumulativa», que poda lo sublime y trascendente del hombre, ya presente en Adán Buenosayres, en la cuarta espira de Cacodelphia, en la figura de Midas, y en el ensayo «Autopsia de Creso» de Cuaderno de navegación. En esta operación, dirigida a descubrir si el Ministro de Economía Salsamendi Leuman es el Rico del Evangelio, las estilizaciones paródicas remiten a Álvaro Alsogaray, Ministro de Economía durante el gobierno militar postperonista.
La Biopsia, en la cual participan además el Pobre Absoluto y el contador Segura, inicia con la farsa de un reportaje y la desaprobación del manejo económico del país «en un estilo duramente climatológico»,31 como si el Ministro fuera un «Metafísico del Invierno o un Teólogo de la Estabilidad».32 Sigue un «descenso a la Caverna de Creso», en donde el loro chaqueño Nick Dólar, peronista «subversivo» prisionero, denuncia que su patrón «está matando de hambre a la República»33 y ha vendido los hidrocarburos a las potencias foráneas. En la Caverna, Isasmendi organiza la «Última Cena de Creso», parodia y rito apócrifo, ceremonia religiosa invertida de adoración al número y a las cantidades abstractas, en la cual interviene el Espectro Marxista, que finaliza con la transmutación del Ministro en el Creso abstracto e intemporal, estaqueado como mártir en sacrificio por su religión.
En la «Payada con el Embajador», la batalla de Megafón se desarrolla como un diálogo macarrónico y como un torneo lírico según el contrapunto criollo. En este «combate» se evidencia la dependencia política de Argentina al poder exterior y se denuncia la incapacidad de los EE.UU.  representados en el embajador Hunter, un «cazador» y en la figura del Tío Sam– de conocer al otro y de trascender su individualidad, que provocan la «empresa romántica de conquistar el mundo»34 a través del imperialismo y de la universalización de un estilo de vida basado en el consumismo y en la filosofía vacía del éxito.
La saga final de las Dos Batallas de Megafón –que concluyen con la muerte sacrifical del héroe– es el «Operativo Caracol», es decir, el abordaje al Château des Fleurs, edificio construido como una espiral centrípeta o un serpentín de destilación entre el río Sarmiento y Luján, que imitaba paródicamente las moradas de Santa Teresa de Jesús, las «tranqueras de la vía iniciática»,35 camufladas en un lenocinio «frecuentado por 'exquisitos'
nacionales e internacionales».36 En la «Estancia Central» del Caracol de Venus está encadenada Lucía Febrero, imagen-símbolo de la Madonna Intelligenza según la doctrina de los Fedeli d'amore, y personificación de la Patria sometida, que continúa el símbolo de la mujer cautiva del Martín Fierro de Hernández, encarnación del «ser nacional, enajenado y cautivo como ella».37
De esta forma, las Dos Batallas de Megafón –construidas en un plano concreto, histórico y simbólico– discursivizan –con estilizaciones paródicas– procesos históricos concretos, conflictos sociales e interpelaciones ideológicas opuestas, y configuran la imagen de la Patria, esa «Novia del Suceder», en sus «conos de luz y de sombra», en sus «esencias físicas y metafísicas», proponiendo una «Didáctica de la Patria», fundada en la virtud individual y colectiva que permita la realización de su destino como provincia del cielo y de la tierra.
 

 

_______________________________________________________________________

 

1 L. Marechal, Megafón o la guerra, p. 7.

2 L. Marechal, Megafón o la guerra, p. 21.

3 Entre ellas, la locura de amor del caballero Orlando y el combate en contrapunto entre el payador Santos Vega y Juan Sin Ropa, «representantes» de dos proyectos políticos de nación.

4 Cfr. L. Marechal, «Simbolismos del Martín Fierro» y «Don Segundo Sombra y el ejercicio ilegal de la crítica».

5 L. Marechal, Megafón o la guerra, p. 3.

6 L. Marechal, Heptamerón, p. 372.

7 L. Marechal, Megafón o la guerra, p. 3.

8 L. Marechal, Megafón o la guerra, p. 275.

9 L. Marechal, Megafón o la guerra, p. 279.

10 L. Marechal, Megafón o la guerra, p. 4.

11 Cfr. Cavallari, 1981.

12 L. Marechal, Megafón o la guerra, p. 21.

13 L. Marechal, Megafón o la guerra, p. 150.

14 L. Marechal, Heptamerón, p. 311.

15 Cfr. L. Marechal, «Carta a Eduardo Mallea».

16 L. Marechal, Megafón o la guerra, p. 11.

17 L. Marechal, Megafón o la guerra, p. 158.

18 L. Marechal, Megafón o la guerra, p. 103.

19 L. Marechal, Megafón o la guerra, p. 52.

20 L. Marechal, Megafón o la guerra, p. 112.

21 L. Marechal, Megafón o la guerra, p. 109.

22 Cfr. L. Marechal, «Fundación espiritual de Buenos Aires»

23 L. Marechal, «Fundación espiritual de Buenos Aires», p. 114.

24 L. Marechal, Megafón o la guerra, p. 120.

25 L. Marechal, Megafón o la guerra, p. 141.

26 L. Marechal, Megafón o la guerra, p. 151.

27 L. Marechal, Megafón o la guerra, p. 151.

28 L. Marechal, Megafón o la guerra, p. 150.

29 L. Marechal, Megafón o la guerra, p. 200.

30 L. Marechal, Megafón o la guerra, p. 199.

31 L. Marechal, Megafón o la guerra, p. 240.

32 L. Marechal, Megafón o la guerra, p. 241.

33 L. Marechal, Megafón o la guerra, p. 245.

34 L. Marechal, Megafón o la guerra, p. 266.

35 L. Marechal, Megafón o la guerra, p. 312.

36 L. Marechal, Megafón o la guerra, p. 302.

37 L. Marechal, «Simbolismos del Martín Fierro», p. 168.

 dos proyectos políticos de nación.

___________________________________________________________________________

 

BIBLIOGRAFÍA


BRAVO HERRERA, Fernanda Elisa, «La Teoría del Humor en la producción de Leopoldo Marechal», Tesis de Licenciatura, Universidad
Nacional de Salta, 1997. Inédita.
CAVALLARI, Héctor, Leopoldo Marechal: el espacio de los signos, México, Centro de Investigaciones Lingüístico-Literarias del Instituto de
Investigaciones Humanísticas de la Universidad Veracruzana, 1981.
CORRO, Gaspar Pío, «El hombre argentino y la esencia nacional en la crítica literaria. Propuesta de lectura epopéyica», Megafón, 9/10, 1979, pp. 19-30.
COULSON, Graciela, Marechal. La pasión metafísica, Buenos Aires, Fernando García Cambeiro, 1974.
MARECHAL, Leopoldo, «Don Segundo Sombra y el ejercicio ilegal de la crítica», Sur, Buenos Aires, a. V, n.° 12, septiembre de 1935, pp. 76- 80, Obras completas V, Buenos Aires: Perfil Libros, 1998, pp. 261-265.

MARECHAL, Leopoldo, «Fundación espiritual de Buenos Aires», Homenaje a Buenos Aires en el cuarto aniversario de su fundación, Conferencias, Buenos Aires, Municipalidad de la Ciudad de Buenos Aires, 1936, pp. 479-492 [Obras completas V, Buenos Aires, Perfil Libros, 1998, pp. 105-116].
MARECHAL, Leopoldo, «Carta a Eduardo Mallea», Sol y Luna, Buenos Aires, n.° 1, 1938, pp. 180-182 [Obras completas V, Buenos Aires,
Perfil Libros, 1998, pp. 289-291].
MARECHAL, Leopoldo, Cuaderno de navegación, Buenos Aires, Sudamericana, 1966 [Buenos Aires, Sudamericana, 1974].
MARECHAL, Leopoldo, Heptamerón, Buenos Aires: Sudamericana, 1966 [Obras completas I, Buenos Aires, Perfil Libros, 1998, pp. 267-403].
MARECHAL, Leopoldo, Megafón o la guerra, Buenos Aires, Sudamericana, 1970 [Buenos Aires, Planeta, 1994].
MARECHAL, Leopoldo, «Un texto desconocido de Leopoldo Marechal: "Martín Fierro o el arte de ser argentinos y americanos"», La
Opinión, Buenos Aires, Suplemento Cultural, 25 de junio de 1972, pp. 1-3 [«Simbolismos del Martín Fierro», Obras completas V, Buenos Aires: Perfil Libros, 1998, pp. 157-171].
PALERMO, Zulma, «Megafón o la conciencia del símbolo», Megafón, 2, 1975, pp. 135-157.
PALERMO, Zulma, «Los símbolos fundamentales en la narrativa de Leopoldo Marechal», 1983, Inédito.

Fernanda Elisa Bravo Herrera*Fernanda Elisa Bravo Herrera (Salta – 1971) es Licenciada en Letras por la Universidad de Salta y actualmente se desempeña como Investigadora Adjunta en CONICET (Consejo Nacional de Investigaciones Científicas y Técnicas). Trabajó como Docente a contratto en Universidad de Siena y también en la Universidad de Bolonia. Ha publicado libros de investigación en literatura y numerosos artículos entre los que se destacan Parodias y reescrituras de tradiciones literarias y culturales en Leopoldo Marechal. (Buenos Aires: Corregidor, 2015) Huellas y recorridos de una utopía. La emigración italiana en la Argentina. (Buenos Aires: Teseo, 2015) El Fondo Mercedes de Tierras y Solares (1583 – 1589) del Archivo y Biblioteca Históricos de Salta. (Salta: Fundación Capacit-Ar del NOA, 2010) Sátira política y representaciones de género en la prensa de Salta a fines del siglo XIX. La Civilización, La Revista Salteña y La Revista. Avances de Investigación CEPIHA N° 8, 2010. Entre otros numerosos.
El presente artículo fue cedido gentilmente por su autora para su publicación en Tardes Amarillas.