LITERATURA MARCIANA

Por Salvador Anselmi

Especial para Tardes Amarillas

 

Larvas marcianas

 

 A Claudio Rojo Cesca lo conocía de las columnas sobre cine que escribía para un medio local. La precisión y la solvencia con que desmenuzaba películas y directores me asombraron desde el comienzo. Fue tal mi asombro que llegué a pensar que el tipo no era el legítimo autor de aquellas escrituras. Pensé que todo se trataba de una estafa. Que el cinéfilo en cuestión se servía de Internet para engordar el fino discurso de sus apreciaciones. Después, y cuando aún cargaba con mi prejuicio, me presentaron a Claudio. Recuerdo que fue una noche, en una librería céntrica. Una charla de café entre Daniela Rafael, otra escritora local, y Claudio. Hablaron sobre la revista Los Inquilinos y sobre otras hierbas que ahora no recuerdo. En un momento de la charla, Claudio me mostró un cuento que le habían publicado en una prestigiosa revista porteña. El texto estaba bien resuelto y había reminiscencias de Carver. Antes de terminar su lectura los cimientos de mi prejuicio estaban hechos añicos. La sobriedad y la precisión estilísticas me convencieron: me había equivocado y lo agradecía. Cuando preguntó qué opinaba, sólo atiné a decir que me parecía "una escritura de calidad". Pero Claudio Rojo Cesca no sólo se dedica a escribir sapientes columnas sobre cine, relatos y poesía, también es editor. Hace aproximadamente un año, junto a un grupo de escritores locales, fundó Larvas Marcianas, una editorial independiente que busca difundir la producción literaria local y regional emergente.

 

¿Cómo surgió la idea de fundar Larvas Marcianas?

Arrancamos en Mayo de 2015 a partir de la experiencia de haber trabajado en la edición de un número de la revista Los Inquilinos. Conversamos mucho con Silvina Robato, Iñaqui Ortega y Daniela Rafael sobre la posibilidad de formar un espacio más amplio que una revista desde donde nos sea posible publicar autores que a todos nos gustaba leer. El último empujón nos lo dieron Alhena y Sofía Landsman Franzzini cuando propusieron traer a Santiago del Estero "El juguete rabioso", un taller literario de Tucumán donde ambas participaban. En todo caso, la editorial se conformó como una sumatoria de experiencias particulares de trabajo colectivo en las que sentimos que había complicidad y camaradería. Lo siguiente fue preguntarnos con quiénes nos gustaría materializar el proyecto y de ese modo fueron apareciendo los demás compañer@s: Luciana Pereyra, Adrián Bonilla, Joaquín Vega y Félix Demasi.

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Como uno de los editores de la editorial, ¿manejan algún criterio editorial a la hora de seleccionar los textos a publicar?

Por ahora, elegimos autores que nos gusta leer. Tratamos de estar muy atentos a lo que se escribe en la provincia y, en un marco más amplio, la región. Esa es la literatura en la que estábamos pensando cuando iniciamos el camino. Creo que, aunque no se trate de un criterio muy hablado entre nosotros, hay una tendencia a engancharnos con autores y autoras jóvenes, que circulan en blogs y festivales más o menos autogestivos, o autores que también han editado, pero en un circuito editorial independiente con el que nos sentimos identificados.

 

Su primera publicación en formato libro fue una antología de poesía que incluye a poetas de distintas provincias, ¿por qué eligieron editar poesía en su primer libro?

No hubo plan en eso: publicamos esa antología porque nos gusta mucho leer poesía. Fue sencillamente un salto intuitivo, guiado, más que nada, por una vocación lectora. Lo que sí elaboramos mucho fue la idea de armar un libro que representara nuestra manera de convivir con la literatura, el cine, la música y la historieta. "Marcia Larvaria: Antología Marciana de Poesía Vol. 1" es una suerte de muestrario de esta posición que compartimos dentro de la editorial y por eso el libro está plagado de referencias a la ciencia ficción y la cultura pop, ilustraciones y humoradas de corte friki.

 

¿Cómo ves la convivencia, si existe, entre la poesía santiagueña de la vieja guardia y la poesía que hoy escriben los jóvenes?

Hay gestores culturales, como Marcelo Ahumada, que han logrado espacios muy interesantes de interacción entre la poesía de ambas "guardias", así que en algo nos vamos conociendo. Pero no veo, todavía, que haya una intención genuina de encontrarnos. Tampoco sé si es necesario que eso ocurra. Hay algo hondamente heteróclito, en algunos casos hasta irreconciliable, en la experiencia con el lenguaje de estas "guardias" y esa división (sentir que pertenecemos a un círculo y no a otro) también fertiliza la creatividad, porque también decimos cosas en función de la diferencia, incluso si no somos conscientes de ella. De hecho, el significante de las "guardias" es revelador, describe autores y autoras que defienden espacios, sintagmas generacionales, emblemas, referentes y modos de permear el mundo a la poesía, cosa que es un gesto poético en sí mismo. También habría que hacer una distinción entre lo que supone la idea de juventud cronológica y el hecho de que haya autores jóvenes cuya escritura resuene más próxima a los modos de una vieja guardia y, al revés, autores que tienen muchos años pero en cuya voz hay reverberancias juveniles, sea por los temas, sea por las formas. En cualquier caso, afortunadamente, hay lectores para todo.

 

Larvas 3Su segundo libro, dedicado a la escritora salteña Fernanda Álvarez Chamale, también es de poesía, ¿tienen pensado editar prosa? ¿qué novedades tendrán en el mediano plazo?

Hasta ahora, la prosa que hemos editado se la puede encontrar en los fanzines Larvas Marcianas y en la revista Los Inquilinos. Los primeros libros de narrativa aparecerán este año, si todo sale según lo planeado: un libro ilustrado de Fabio Martínez y otro de Fabricio Jiménez Osorio; estamos avanzando en una línea de ensayos, así que pronto habrá novedades al respecto. Se vienen, también, una plaqueta de poesía de Nacho Jurao, el primer número de Estación Samurái, una revista de poesía, y un nuevo número de Los Inquilinos, así que antes de que termine el año habrá mucho para presentar y compartir en la provincia.

 

¿Qué apreciación hacés sobre el discurso literario emergente de nuestra provincia?

Nos acercamos, como sucede en otros lugares, a una literatura que mira lo cotidiano para extrañarse en algo de ello y lo traduce de manera coloquial. Eso que es cotidiano y próximo lleva marcas que nos son propias como santiagueños y resignifican, a la vez, lo familiar e inmediato. Esa es la veta que más me interesa: el movimiento ambiguo de familiaridad y extrañamiento que la literatura emergente propone. También pienso que es un tipo de discurso que promueve la conformación de comunidades, de lectores y autores, precisamente porque descubre y pone en relieve, dentro de ese territorio ambiguo, lo que nos une como hablantes.

 

¿Encontrás zonas de contacto con lo que se produce en otras provincias?

Dentro del circuito independiente, hemos desarrollado un lazo muy lindo con las editoriales Killa (Salta) y Almadegoma (Jujuy), que llevan varios años trabajando, y otras más recientes, como Minibus y Gato Gordo Ediciones, ambas de Tucumán. Parte de ese lazo surge por las afinidades estéticas y los autores que leemos. Me gusta ver en eso una especie de diálogo. Por otro lado, también compartimos posiciones éticas en la gestión editorial, cuestión que me parece fundamental. Fuera de este grupo que he mencionado, hay otras editoriales que miramos con mucho cariño y admiración, como Añosluz (Buenos Aires), Nudista y Borde Perdido (ambas de Córdoba).

 

¿Cómo sobrevive Larvas Marcianas a los embates de la economía?

La editorial no le cobra a los autores por publicarlos, así que tratamos de buscar soluciones creativas a todos los desafíos económicos que se nos presentan en el camino. El año pasado hicimos rifas y este año intensificamos el laburo hacia afuera, con ciclos de cine (Esa marciana debilidad) y lectura (Contacto Extrapedestre). En cada encuentro pedimos una colaboración a la gente que nos acompaña para sostener el costo de las impresiones de nuestros libros. Hasta ahora, eso, sumado a lo que vendemos en librerías, festivales y ferias, nos ha permitido seguir creciendo.

 

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¿Alguna reflexión sobre el oficio de editar literatura?

Es algo que estamos aprendiendo y que requiere, en cada caso, un trabajo específico con el autor. Es, como en el psicoanálisis, un traje a medida donde se ponen en juego sensibilidades y posiciones que, aunque se parezcan a otras, tienen sus propios rasgos y dinámicas. Eso es lo que más cuidamos, no sólo por sentir que se lo debemos a los autores y autoras que apuestan por nuestra editorial, sino porque también disfrutamos de esa idiosincrasia que es la gestación de un libro o una plaqueta.

 

 

Las fotografías N° 2 y N°4 que acompañan esta nota, incluyendo el logo de la editorial son autoría de Joaquín Vega y la

N° 3 de Claudio Rojo Cesca.