Ana María MoptyEL MICRRELATO EN TUCUMÁN Y EL NOROESTE ARGENTINO CONCLUSIONES (2010)

Ana María Mopty de Kiorcheff

La lectura de los microrrelatos del Noroeste argentino nos permite elaborar algunas conclusiones y considerar que, dada la creciente difusión del microrrelato en este espacio geográfico, presumiblemente en los próximos años se acentuarán algunos rasgos y aparecerán otros que conformarán una identidad literaria propia de la región.

        Observamos que el narrador del Noroeste es al mismo tiempo, creador y crítico en un juego de ahondamiento psicológico, en cuyo final se incorpora la crítica explícita o velada. Irrumpe una paradoja y el discurso toma forma de alegato o de una apología que refiere una conducta común en el campo institucional, político o social. El lugar en donde se escribe provoca una tensión que lleva al narrador a ficcionalizar y el relato se sostiene en un planteo entre el mundo que “debiera ser” y el mundo que “es” representado mediante metáforas. Se trata de sugerir que existe más de un campo semántico en un continuo que permite franquear para abrir otro significado que representa la vida social.

La lectura de microrrelatos del Noroeste argentino restablece la relación político-social-literaria a través del concepto de “ideología”, en el que se ve el vínculo entre literatura y producción literaria o social. Se ficcionaliza todo aquello que no funciona en la vida político-social o en áreas particulares. El nuevo género descubre la relación del narrador con la escritura, su vínculo con el nuevo género y con la sociedad del interior del país, donde su tarea no es reconocida.

        Las pequeñas piezas breves producidas en el Noroeste resultan, en numerosos textos, “depósitos de sentido” que, desde la voz literaria, pasan tamizados en distintas situaciones o en actitudes de personajes que representan la angustia del hombre en esa región. Lo leemos como si se buscara una voluntad organizativa, que resulta fundamentalmente moral. Surge a través de una retórica de la “carencia”, de lo que ya no se posee, de las ausencias y olvidos institucionales o políticos, de los atropellos históricos vividos en la década de 1970 de manera especial en esta parte del país.

        Se muestran distintas historias personales en un mundo dominado por el autoritarismo en el que el narrador cruza el hecho histórico con la ficción para analizar la propia identidad en una exploración de acontecimientos e instituciones. Este abordaje temático se vincula con los denominados “microrrelatos históricos” escritos en Chile, en que narradores como Pía Barros, Jaime Valdivieso, Marco Antonio de la Parra, Omar Lara y otros se refieren a los padecimientos de su país durante la represión militar. Volviendo a nuestros ejemplos regionales, diremos que no son demasiados, pero en ellos se establece un círculo de representación social según lo apreciamos en Lagmanovich, Omil, Ramos Signes en Tucumán, Alurralde en Salta, Lima en Santiago del Estero.

        Otro tema muy visitado es el de la muerte; hacemos aquí la salvedad de que difiere en el abordaje a los escritores capitalinos, en quienes lo encontramos tratado en su variante del sueño. Así lo vemos en los textos compilados en La sueñera de Ana María Shua. El mencionado tema aparece como una pulsión temática en Omil, Lagmanovich, Alurralde, Cruz, de Santiago del Estero, y en ellos la muerte implica una dualidad que comprende la desintegración física, ausencia, no pertenencia en un gesto, donde funciona un sentimiento de distancia y otredad. Lo observamos también como impotencia, donde el sujeto del enunciado se ve obligado a ser espectador y a acentuar la mirada sobre las cosas en la imposibilidad de saber, poder y hacer. Lo interpretamos en un encuentro, en el que la mirada registra mientras el cuerpo yace. 

        Relacionado también con el tema de la muerte, encontramos en los microrrelatos de la región cierto fatalismo que nos evoca la literatura anterior, una literatura más cerca de la naturaleza con una visión desesperanzada del hombre y su destino en que se da a luz un ciclo de vida, amor, fertilidad, lucha, prueba, muerte, destrucción. Ya lo advertimos en la escritura anterior a este período, como en los cuentos del salteño Dávalos, el tucumano Ardiles Gray y en un grupo importante de narradores santiagueños. En el actual período, lo reconocemos en el salteño Alurralde, en Cruz y en Omil, como una forma de congelar la historia y de defender un lugar anterior.

        Analizamos también que estos escritos breves presentan una salida fantástica con la posibilidad de reducir el problema a una cuestión de inverosimilitud semántica, lo que produce una nueva parcialización en la mirada del enunciador.

        La región territorial que ocupa el campesinado en el noroeste del país tiene su correlato literario en relación con la naturaleza que se proyecta en un espacio mental y da un fundamento epistemológico particular a los textos que se organizan con los significados de sus propias necesidades.

        La ideología social que subyace en estos escritos cumple un rasgo fundamental porque ilustra particularidades de la realidad, significados extraliterarios, como un modo de comentar la realidad circundante y su historia. Las culturas “regionales” presentan y representan rasgos de pertenencia arraigados en la tradición, frente al centro capitalino que expresa mayor evolución y actualización por su vínculo con manifestaciones literarias universales.

        Un importante corpus de microrrelatos de Tucumán, Salta, Jujuy y Santiago del Estero parte de hipotextos bíblicos o clásicos en un juego intertextual en que las construcciones sugieren una pregunta sobre la oposición que describen y conducen a interesantes reflexiones. En numerosos casos, este tipo de texto está asociado al humor, según las producciones de Omil, Nassr o Lagmanovich. Observamos que la nueva manera de ver los símbolos religiosos se da por el peso que tuvo, en las provincias del Norte, la conquista y evangelización. Una respuesta a ese sometimiento religioso, instaurado por la conquista española, son textos que cuestionan o se sublevan frente a la preceptiva canónica. Referido a estos campos, encontramos piezas breves de Nassr, Lagmanovich y Cruz.

        Otros temas son referidos a la vida cotidiana de la gente del norte, sus relaciones sociales o familiares y la mirada de sorpresa frente a hechos diarios. En numerosas composiciones breves se ponen en escena situaciones de lo que podríamos designar como la “comedia humana”, aunque también aparece la crueldad que puede tener la vida contemporánea. Así lo reconocemos en Omil, Cruz y Godoy.

        Si bien el noroeste argentino comparte los significados textuales desde tiempos de la conquista con la región del Alto Perú, más que con la capital, reconocemos que la construcción de la escritura breve se aproxima a la de esta última. Esto sucede, tal vez, porque este nuevo género necesita de cierta formación o enciclopedia de parte del narrador y del lector. Debemos agregar que la escritura de minificción, en el espacio del Noroeste argentino, significa el movimiento de una periferia para adaptarse a las modalidades de la cultura hegemónica sin renunciar a su identidad. Esto produce transformaciones fundamentales en los constructos porque se realiza un desplazamiento y una nueva configuración textual.

        David Lagmanovich (1999) propone una clasificación para los microrrelatos, resumidos en tres categorías: Reescritura y parodia, el discurso sustituido y la escritura emblemática. Después de la lectura y sin ánimo de hacer una rigurosa estadística, la reiteración de la intertextualidad bíblica y de una crítica basada en la perspectiva ética, hacen que nos inclinemos por una forma de escritura emblemática ya que numerosas piezas breves tienen como punto de partida la visión de un mundo en caos para proponer una nueva manera de adaptarse en el cosmos.

        Un libro posterior del mismo investigador, El microrrelato. Teoría e historia (2006), se refiere  nuevamente a la clasificación (p.123) y amplía a cinco la mencionada clasificación, incluyendo la fábula y el bestiario, como cuarta, y una quinta, referida al discurso mimético. Lagmanovich sostiene que fábula y bestiario hacen referencia al mundo animal como géneros antiguos recuperados por los escritores del siglo XX “especialmente por los creadores de microrrelatos” (p.135). Este concepto nos hace presente un importante número de textos breves de la tucumana Alba Omil en que los personajes pertenecen al mundo animal en relación con conductas del hombre. Ellos se encuentran compilados en el libro Con fondo de jazz (1998) y en Bestiario erótico y otras historias de animales, firmado por Alba Omil y Lucio Piérola (2006). También una publicación del mismo Lagmanovich, La hormiga escritora (2004) recrea distintas actitudes de una hormiga que es creadora y anda por el mundo con las dificultades propias de un escritor. Estas piezas nos evocan, de alguna manera, las composiciones del emblemático Monterroso, reunidas en La Oveja negra y demás fábulas (1969).  

        En cuanto a la construcción, la abundancia de escritos en primera persona, pone en acción sujetos que informan de qué modo el personaje del enunciado se ve a sí mismo y cómo ve al otro. Resulta un planteo en que el narrador reduce su operación narrativa a su punto de vista en distintos tipos de articulaciones lingüísticas, que favorecen más de una interpretación. Esta focalización determina que el personaje se haga cargo de su rol y subraye el alcance crítico para adoptar la omnisciencia del narrador tradicional.

        Las producciones textuales analizadas nos conducen a considerar un nuevo corpus a fin de que sean incorporadas  a los estudios literarios. El narrador del Noroeste argentino busca expresarse en el microrrelato para generar discursos diferentes como una indagación acerca de su propia identidad.

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