EDITORIAL

 

 Si alguien cree que publicar en la red es una tarea fácil, nosotros, los que hacemos Tardes Amarillas, somos la cabal demostración de que en este mundo contemporáneo tan tecnificado y globalizado, donde la competencia es desmesurada y hasta cruel, mantener activa una publicación de cultura en la red no tiene nada de sencillo.

La tarea de competir con publicaciones de mucha calidad y algunas, especializadas en diferentes temas inherentes a la cultura no es para nada fácil y, aunque no se diga y se respeten algunos códigos de ética no escritos pero vigentes, la pelea por los lectores pude llegar a ser descarnada.

En la red pueden encontrarse revistas dedicadas solo a la literatura, a la pintura o a la fotografía, sin contar aquellas que son hiper-especializadas y mucho más específicas que, por ejemplo, se dedican en exclusiva al microrrelato, a la crítica literaria o a la poesía dentro del gigantesco campo de la palabra escrita. Entonces, sostener en el tiempo una revista abarcativa como Tardes Amarillas que incluye una vasta gama de temas culturales es una tarea ardua y que requiere inmensa dedicación. En este punto, nos hemos preguntado desde el primer número de nuestra revista ¿Será acaso cierto el viejo refrán que reza que «el que mucho abarca poco aprieta» probablemente sea atinado?; sin embargo aquí seguimos en la brecha.
Otra de las disquisiciones que nos planteamos en cada recorrido que transitamos junto a nuestros lectores, es acerca de la vieja discusión entre el autor comprometido y el que vive encerrado en su torre de marfil. Esto, de manera indudable nos plantea el dilema que se ha discutido a lo largo de la historia del arte. ¿Debe el artista estar comprometido con la realidad que lo rodea o debe tratar de apuntar en exclusiva al goce estético?... dicho en otras palabras ¿Debe el escritor tener una ideología, adherir a ella, escribir para ella?
Como reflexión personal, puedo decir que en mi tarea médica, siempre me he sentido comprometido con los problemas sociales propios de los tiempos en que vivimos y como escritor y difusor de literatura, también he tratado de mantener coherencia entre mis opiniones y mis acciones. Sin embargo, cabe aquí el interrogante acerca de si es correcto dejar de lado a los artistas talentosos pura y exclusivamente porque no comulgamos con su ideología. Dicho de otra manera, como director de esta revista ¿debo desconocer el inmenso talento de Borges por ser de derechas o la prosa exquisita de García Márquez porque era de izquierdas? Si bien es cierto, desde el punto de vista ideológico me siento más representado por Leopoldo Marechal o por Paco Urondo que por Vargas Llosa, he tratado a lo largo de mi vida que el árbol no me impida ver el bosque. No tengo afinidad con los dictados de la gran política de la pérfida Albión pero nadie, absolutamente nadie, puede cuestionar la inmensa capacidad de creadora de John Le Carré y la profunda poesía de Dylan Thomas.
En Tardes Amarillas, este tema no nos desvela. En nuestra revista, hemos tratado de hacer lugar a todo aquel que quiera publicar con la sola exigencia de que sus artículos cumplan ciertos requisitos estéticos y que no sean insultantes, difamatorios o que inciten a la discriminación. Es por ello que hemos publicado notas, artículos y entrevistas a muchísmos artistas de diferentes ideologías políticas o confesiones religiosas tratando de mantener la revista lo más aséptica posible. El compromiso social o político de cada uno de quienes hacemos Tardes Amarillas, lo cumplimos cada quien, de manera individual y a título personal pero en esto tratamos de que nuestra línea editorial sea amplia y abarcativa.
De cualquier manera, este tema no se agota en la nota editorial de un número de una revista como la nuestra, pero mientras tanto, nosotros nos mantenemos fieles a nuestro estilo y seguimos tratando de recorrer nuestro propio camino con objetivos claros y precisos: Contribuir de manera sencilla pero eficaz a la difusión de todos aquellos artistas (escritores, fotógrafos, pintores, cineastas, etc.) que en su conjunto y más allá de cualquier apreciación parcial, forman parte de este inmenso universo que llamamos Cultura.

 

                                                                  Antonio Cruz

                                                                   Director