POEMAS DE SELVA YOLANDA "POCHA" RAMOS

Ilustración y selección de textos: Pablo Albornoz

 

POCHA RAMOS Pablo Albornoz 2

 Selva Yolanda "Pocha" Ramos por Pablo Albornoz

 

Selva Yolanda Ramos. Nació en Frias, en el Departamento de Choya, en la Provincia de Santiago Del Estero en 1935. Dedicó su vida al arte, manteniéndose solamente con su sueldo de maestra y llegó a ser una de las figuras más importantes de la literatura santiagueña. Además de su trabajo docente en las escuelas, fue mentora de numerosos poetas y además colaboró con ellos de manera absolutamente generosa.
Publicó su primer libro de poesías (Cimas y Simas) en el año 1962. Posteriormente, cuando sus poemas se conocieron en la capital provincial, fueron publicados por diarios y revistas de numerosas provincias Fue incluida en numerosas antologías como "Santiago, poesía 69", "Antología de poetas santiagueños", "Selección de poesía santiagueña actual", Argentina 24".
Como trabajadora de la cultura, creó y organizó los "Encuentros nacionales de Poetas" en Frías (1972-1973-1991); fue Presidente del Tribunal de disciplina del Consejo General de Educación. Recibió numerosos premios. El 16 de junio de 2000 el Honorable Concejo Deliberante de Frías la declaró "Ciudadana Ilustre".
Entre sus publicaciones, además de Cimas y Cimas, figuran también la plaqueta Poemas desde el incendio y el libro Sangre a la intemperie. Sus textos han sido incluidos en "numerosas antologías y ha recibido innumerables premios y reconocimientos por su obra. En su homenaje se estableció el 14 de agosto como el Día de la Cultura Friense. 

 

 

De "Cimas y Simas"- Editorial La Fedevita, Córdoba. 1969

 

VII
Mi llanto es un llanto
de lágrimas blancas, un poner en mis versos
la pena
que ahoga mis ansias, un volver por la senda
donde el agua nace
en su blanca fuente
de amor y fragancia.

Mi llanto es un río

de caudal inmenso
que moja mi vida
con sus letras rotas,
como si en su cauce
muchas, muchas piedras
rompieran mis plantas
con salitre y roca.

Las cuencas vacías

de mis lacrimales
no tienen ya fuerzas
para derramarse
y el dolor entonces
se hace verso y sale
poblando los aires
con su llanto blanco.

Oh Dios, que martirio

tan profundo y negro,
qué sola la cumbre, qué sola
qué sola;
en mi torno bullen
mil voces de angustia
que son como ésta
una angustia blanca.

 

XII

Así como esta noche quisiera verte siempre humilde y silenciosa criatura del alma con un dejo de asombro en tus ojos de abismo y con una sonrisa dibujada en tu rostro.
Así como ésta noche, amorosa y sublime, hermana del misterio, tu voz ilusionada, presintiendo en la brisa el amor que ya llega porque en cada caricia anida la esperanza.
Yo quiero verte siempre
diciéndole a la vida:
-no temas enfrentarme
porque tengo en mi misma la fuerza poderosa
que me ayuda a seguir-
No importa que te hieran las piedras del camino,
no importa que el destino
se oponga a tu derecho
de ser siempre feliz.
En tu alma ya tienes
como ésta noche hermosa,
un hálito de luna y resplandor de estrellas,
criatura hecha sueños
en la noche sin fin.

 

De "Sangre a la intemperie"- Ediciones Grafonauta, Córdoba 1994

 

De la sangre y el ángel

Te pedí, sin darme cuenta,

me dejaras de nuevo acariciarte
y recorrí tu geografía de cobres
y extraño sortilegio
de tu piel estremecida entre mis manos
y fue solo un instante
y otra vez el espasmo
y mil flechas encendidas en el centro
de mi sangre.
Entonces comprendí.
El grito, también,
pero lo fundamental es el silencio
después de la contienda
y la danza de los soles
celebrando el rito de la entrega
y éste afán de perdurar
en el sueño que se engendra.
Entonces sucede
el eterno milagro
de contemplar la antigua madrugada
con la mirada nueva
del asombro.

Amor mío y del tiempo

de pie en la ternura y en el jadeo
en un país de alondra estremecida
amor de luna nueva
te contemplo.
Necesito de ti para sentirme libre
para saber que existen las lunas
y los pájaros
para decir amor y no morirme
en éste duro oficio de ejercer los vientos
y el alba inaugural
y los caminos ciertos
en el cierto misterio
de amarnos cada día.
Entonces sabrás que no es martirio
el pensar tus besos y los míos,
entonces sabrás en qué lugar
del cielo
se alojan los silencios compartidos
y estas ansias sin pausa de tu río.
Amor mío y del tiempo
más allá de la ternura y del jadeo
conjuguemos el verbo elemental
de compartirnos
y el mundo callará
ebrio de asombro
ante el milagro
de la vid y el racimo.

Hoy se encendió una lámpara en mi sangre

cuando tu cuerpo entero rozó mi propio cuerpo
e hicimos el amor
–como al comienzo–
sin otra pretensión que fundirnos
en el vértigo azul
de una playa dorada y cristalina.

Y nos dijimos las cosas que se dicen

en el íntimo diálogo asombrado
de ser los dueños del latido
a la hora de la piel enloquecida.

Y fuimos dos

en el profundo socavón de las miradas
en los faunos sin bridas de la entrega
en el beso del alba.

Y el sol nos inundó con su ternura

y se encendió una lámpara en mis manos.

 

Dicotomía

Nos tomamos las manos
simplemente
y el aire quedó inmóvil
Entonces
el amor
se estremeció de hombros.

Te amé

como los dioses
a distancia
Ahora lo comprendo
lo nuestro
fue un duelo
entre fantasmas.

 

Perspectiva
Decir sencillamente
Amor
y estrenar la esperanza.
Rescatar el silencio
desde el fondo del siglo
y esta tristeza enorme
tan tristemente triste
como la tarde en sangre.

La savia para mi sed

viene de lo alto
y la muchacha
de los ojos vendados
se ha quedado
oh Dios
con la sonrisa ausente.

 

A la fe

Un extraño sabor de los siglos en derrumbe
conmueve las entrañas del silencio
y mi niño se ríe de tristeza.
Desierta y aterida mi ciudad
busca arbolar los tallos de los huertos.
Es que vivir sin lumbre y sin sosiego
junto al rumor de escombros y de agravios
señala el gris destino de las sombras
apunta al gris destino del esclavo.