TEXTOS DE CUADERNO LAPRIDA

 

Laprida (David Lagmanovich)

Subió al taxi estacionado en la esquina de su casa y después de saludar al conductor le dio la dirección: "San Martín y Laprida". Mientras ponía en marcha el motor, el hombre musitó; "Yo, Francisco Narciso de Laprida, cuya voz declaró la independencia de estas crueles provincias". El pasajero lo miró con asombro y sintió la tentación de hacer una broma: "¿Usted es Laprida entonces?" El conductor lo corrigió: "Yo fui Laprida. Ahora manejo un taxi".

  

 

LAPRIDA EN CARACAS (Violeta Rojo - Venezuela)

Un hombre sube a un taxi y dice: «Salga de aquí lo antes posible». El taxista musita: «Huyendo a pie y ensangrentando el llano». El pasajero apunta con toda seriedad: «Usted es Borges, ¿escribe poemas conjeturales?». El conductor lo corrige: «Fui Laprida. Los bárbaros vencieron».

Hay viento y hay cenizas y basura y periódicos en el viento.
En eso, zumban las balas en la tarde última. Los cuerpos del taxista y el hombre yacen a cielo abierto, de sangre y sudor manchados, cegados y tumbados por la muerte, donde un oscuro río pierde el nombre de Guaire.
Caracas es una ciudad cruel, es fácil que alguien encuentre allí su destino sudamericano.

 

EL TAXI (Andrés Gallardo - Chile)

Me habían advertido que no fuera a tomar un taxi en la calle, que nunca se sabe, pero estaba atrasado y no conocía Buenos Aires. El taxi se veía limpio y el taxista se veía sobrio con sus anteojos negros. Tratando de deschilenizar mi acento, dije «San Martín y Laprida». El taxista no me miró; de hecho, el taxista no miraba nada, porque era ciego. Conducía con serena seguridad. «No se preocupe, chileno – me dijo -. Los conozco bien a ambos; a estas alturas somos como un trío». Yo solo pude decir algo tonto: «Sí, una trinidad de destino sudamericano». El taxista continuó en silencio.
A pesar de mi estupidez, una alegría inexplicable me endiosa el pecho.

 

TAXI Y CUATRO (Francisco Garzón Céspedes - Cuba/España)

El taxista se sobresalta e interrumpe la acción de guardar su sable corvo cuando tres hombres abordan intempestivamente su taxi por puertas distintas. «Lléveme a San Martín y Laprida», grita cada uno y, desconocidos entre sí, se miran indignados. A continuación exclaman: «¡No comparto el taxi!». El taxista los detalla uno a uno, reconociéndolos: «Ah, Laprida, Borges y Lagmanovich. ¿Cómo hacen para decir lo mismo y al unísono?». Y sin darles tiempo a responder, les suelta como si pronunciara las palabras desde el filo de su sable: «No llevo fantasmas en mi taxi. Ya es bastante esfuerzo materializarme yo como para visualizar materializados a otros durante todo un viaje. ¡No! ¡Un degollado, un ciego, un... requieren continua y descomunal energía! ¡Vamos, a caminar! ¿Qué se creen? ¡Soy yo, San Martín, el que no comparte su taxi!».

 

MÁRMOL (María Elena Lorenzín - Argentina/Australia)

«A plaza Laprida», dije, no bien subí al taxi. El taxista me miró extrañado y luego comentó: «Esa plaza no existe, señor, ahora se llama Jorge Luis Borges» «¿Está seguro?» «Claro, como no voy a estar seguro si hasta sacaron mi estatua los muy cretinos, con lo bien que me sentaba a mí el mármol. Créame don, ya nadie respeta a los próceres.» «No me diga que usted es Laprida» «El mismo. Los tiempos cambian ¿no cree? ¿Y usted quién es?» «Soy el escritor David Lagmanovich.» «¡Ah! ahora lo recuerdo, usted escribió ese microrrelato del taxista Laprida» «Exacto, le contesté» «Sí, puede ser, sin embargo, yo soy el original, hay demasiadas imitaciones, como en todo»

 

PIERRE SIGUE EN ACCIÓN (Jaime Muñoz Vargas - México)

Subió al taxi estacionado en la esquina de su casa y después de saludar al conductor le dio la dirección: «San Martín y Laprida». Mientras ponía en marcha el motor, el hombre musitó: «Yo, Francisco Narciso de Laprida, cuya voz declaró la independencia de estas crueles provincias». El pasajero lo miró con asombro y volvió a sentir la tentación de hacer una broma: «¿Usted es Laprida, entonces?». El conductor lo corrigió: «Yo soy Pierre Menard, autor del Quijote y del "Poema conjetural". Ahora manejo un microrrelato de David Lagmanovich».