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De manera inesperada y no habitual, subimos a la red dos números consecutivos de Tardes Amarillas. El número de Agosto que quedó sin ser publicado por razones ajenas a nuestra voluntad y el número correspondiente a la primera quincena de septiembre.

Nuestra revista, siente la enorme satisfacción de continuar dando pelea por mantenerse on line, pelea que, por momentos, resulta dura debido a diversos motivos que a los que ahora no habré de referirme pero que en algún momento del futuro cercano deberá ser discutido a fondo, no solamente por parte del reducido staff que la sostiene sino también con parte de nuestros lectores.
A lo que sí quiero aludir en esta oportunidad es un interrogante que se plantea uno de nuestros colaboradores y que leí en uno de los artículos de la presente publicación. En el artículo de referencia, su autor se pregunta ¿Qué es el éxito? Enseguida, su pregunta germina en una respuesta que, debo decir, no me desagrada para nada.
En materia comercial o individual, el éxito pasa por muchas variables. Por ejemplo, en el terreno de la literatura, que es lo que mejor conozco y de lo que puedo hablar con más propiedad, el éxito tiene numerosas vertientes. En líneas generales, todos quienes escribimos, aspiramos a ser leídos, pero si tratamos de profundizar la idea, ya comienza a complicarse.
No haré referencia de manera específica a las grandes editoriales, pero muchos autores que publican en ellas, suelen aspirar a vender muchos libros. La venta de numerosos ejemplares de una obra, representa una ayuda monetaria excelente para los escritores pero resulta mucho más un pingüe negocio para las editoriales. Normalmente, los honorarios que recibe un escritor, aún a pesar de su fama, están en relación directa con la plata que irá a llenar los bolsillos de los editores y principalmente de los que manejan el negocio editorial.
En cambio, entre los que hemos hecho de la literatura una forma de vida y hemos abrazado el sacrificio de las auto-publicaciones o la publicación de tiradas cortas en pequeñas editoriales, el éxito se mensura de otra manera. Generalmente se trata de autores que apenas podemos vender unos pocos libros ya que la mayoría de ellos terminan por ir a engrosar las bibliotecas de amigos o parientes que exigen el obsequio sin tener en cuenta que, ese ejemplar que tienen en sus manos, tiene un doble valor: Por un lado el escaso recupero del dinero invertido en imprimir nuestros libros y por el otro, las horas dedicadas a un trabajo intelectual que, si bien es cierto, uno lo realiza con vocación digna de un médico rural, insume tiempo y nunca reditúa de la manera que esperamos.
Según mi modesto y leal saber y entender, para muchos de nosotros, el éxito consiste en que nuestros libros sean honrados por la crítica literaria y recibido con los brazos abiertos por la academia.
Supongo que esta postura tendrá detractores y defensores pero lo cierto es que el mundo editorial ha ido mutando (se me ocurre que la globalización tiene mucho que ver) y ahora el éxito se puede medir de diferentes maneras.
También han cambiado los conceptos del arte y la cultura pero eso también es muy engorroso como para tratarse en una editorial. Es necesario una toma de conciencia y una discusión mucho más profunda acerca de cada uno de estos enunciados. Mientras tanto, nosotros seguiremos con la tarea de brindar cultura de la mejor manera posible.

 

                                                                                     Antonio Cruz

                                                                                   Director