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Canción

                 (Leopoldo Marechal)

El Río de tu Sueño cantará el abecedario del agua.
Tendrá árboles, como llamas verdes
chisporroteando alondras;
y altos bambúes cazarán el girasol de las lunas
en el Río de tu Sueño que sólo tú remontas.

El alba será un loto que perfuma
la muerte de tus noches;
de picotear estrellas estarán ebrios tus pájaro-moscas.
Habrá remansos y un polen que hace dormir al viento
en el Río de tu Sueño que sólo tú remontas.

Con mi remo al hombro he visto zarpar cien días.
Mis hermanos pelarán la fruta del mundo, la más roja...
Con mi remo inútil, a lo largo de las noches,
busco el Río de tu Sueño que sólo tú remontas.

 

 

¿Sabes compañero?

                    Nicolás Olivari              

¿Sabes compañero lo que es no tener horizonte?,
¿y a los veinte y tantos años?
Las manos se crispan en el vacío de los ideales
y alargan las brazadas de tinieblas
para la apagada hoguera de la fe...
Tendido en el lecho miro el hilo de humo que consuela,
nuestra juventud es un hilo de humo que se agita
sin razón,
algún día se oirá una detonación
en la casa aburrida y el enorme bostezo de sus paredes inhóspitas
te recogerá, arrugado y flácido
como un muñeco de comedia italiana.
Ya pasa la caravana del tedio por el Sahara del cráneo
hinchado de arena gris de hastío;
los largos albornoces de la inutilidad dan al viento
su caricatura de alas...
Pasan por la linfa de mi cuerpo, arrugado y flácido,
la corte del hampa de los instintos neutralizados
en la comicidad de la cultura.
¿No oyes al niño que se muere al lado?,
su sofoco de angustia te da un martillazo en las sienes
y complica tu hastío ciudadano
el andar de oca de las mujeres
el paso de los transeúntes
y el perpetuo gotear de las canillas mal cerradas...
¡Allá! ¡allá!, es tu interjección eterna,
¡más allá!, ¡más allá! debe estar la verdadera vida.
Fuma tirado en el lecho, fuma,
y silba el tango sin fin
que comenzó en la esquina del arrabal del mundo...
Hay que justificar nuestra inutilidad de babosa
que se arrastra pegada a los sentimientos...
¡Adiós, poeta!, tu padre, el mío, el del otro,
ronca en la alcoba,
en la misma alcoba donde ronca sus cincuenta años de costumbre
y su lumbre
agiganta tus ideas suicidas
en el pozo negruzco de tu vacilación,
vacilación
que llena al corazón
de ganas de morir
o dormir... o dormir...
Tu padre adelanta tu agonía,
día a día fallece un poco,
y sientes que el oscuro destino que te liga
a su ronquido igual
escarba tus entrañas
con la sensación más desgraciada: la de la intolerancia...
Y tú falleces a ratos, a puchos, a retazos,
sin la parada de tirarte a muerto
como un fardo
en la vía pública
y al pasar la gente diga:
-Era feo y mísero el pobre poeta de la urbe...
-...más feo y más mísero que un caballo hinchado...
-...que una mosca verde...
-...que un perro sarnoso...
Y pase una mujer que te dé con el pie,
y pase una señora y te dé un centavo para las velas,
y pase un fariseo y te robe la cabellera,
y pase un amigo y te robe las metáforas,
y pase al fin una figura incierta y borracha,
-pálida y claudicante-
te mire implorante
y acaso diga:
-Cuán luminosa, Jesús, era su frente...
Pero mi cuerpo interrumpirá el tráfico
y licuará el asombro de su gesto decisivo
en la luminosa chorrera de puteadas
de los horteras
amenazados de llegar tarde a sus mostradores
ante el salto grotesco del poeta
que buscó vengarse de su ciudad
incrustando sus sesos en los adoquines
-adoquines sobados por dos millones de suelas ciudadanas-
para fijar en la tradición arrabalera
-arrabal que es la placenta de la Pampa prometida-
el mismo gesto macho
de aquel otro versolari, de aquel otro payador,
de aquel otro hermanito en el Mester de Juglaría:
..."Entiérrenme en campo verde
donde me pise el ganao..."

 

 

Kerkyra

                Fermín Chávez

              ... atar jeíressi neon epimaíeo nóstu
              gaíes Phaiékon, oto toi moir estin alyxaí. La Odisea, V, 344/345 *

 

Homero no conoció Corfú
pero yo sí.

Uno puede pasearse
bajo los ramos de laurel rosado
de la Spianada
o por las encajonadas callejuelas
que inauguró San Spyridón,
y la ropa tendida arriba
como si le pusieran velas a Kerkyra.

Lástima que el Poeta se perdió lo mejor:
este sauce llorón junto al Palacio Inglés.

 

 

 

Oración por diecisiete almas

                                    Arturo Jauretche
De cara al viento Sur, frente a los hielos
la noche va cayendo larga, larga...
Es la noche polar; es la de la de Ushuaia.
Soledades de hielo y las estrellas
y de la negra cárcel clausurada.
¡Silencio en los largos corredores
y en el silencio diecisiete almas!
El agua que se filtra va cayendo
y en estalactitas queda helada,
y hay un alma sola en cada celda
con la soledad del agua helada,
y está cada celda con su alma
en la noche polar amurallada.
Solas, solas, diecisiete almas,
sin siquiera un diálogo de almas,
y el frío sube, sube, sube
hasta los mismos tuétanos del alma.
Sólo la Cruz del sur, tiene piedad;
Sólo la Cruz del Sur, allá tan alta...

 

 

CANTO

                 Julia Prilutzky Farny

¡Eva Perón! Tu nombre es como un rito
que se oficia por todos los senderos:
estás en la canción de los aceros,
estás en el silencio y en el grito.

Eva Perón: por siempre queda inscrito
entre aquellos que dieron, justicieros,
a la patria gloriosos derroteros.
Y es su voz como un cántico infinito.

Porque un día te alzaste como el lema
de una Argentina nueva, y el emblema
feliz de una inmortal revolución,

cubre hoy tu imagen todos los caminos
mientras rezan los labios argentinos
tu nombre inaugural: ¡Eva Perón!

 

ÁNGELES DE YESO

                                     María Granata
Con el escalofrío de los tallos
los ángeles de yeso
en el jardín miraban la alta luz
y sentían su peso.

Su blancura volcada en las raíces
en columnas subía.
Hasta su soledad
nunca acababa de llegar el día.

Y ellos abrían grises olvidados
por toda luz en sus pupilas huecas,
y buscaban el cielo
entre las hojas secas.

TREN

                         Homero Manzi.          
Cada vez que atravieso la distancia
en el vagón que la distancia trilla,
renovando un impulso de la infancia
saco la mano por la ventanilla.

Y retorno a vivir de tal manera
que la simpleza de los ojos ven
a unas cuantas vaquitas de madera,
que están girando alrededor del tren.

 

Canto el ritmo del tren sobre los rieles,
acompañando una canción sencilla
y tiro una pelota de papeles,
sobre el paisaje de la ventanilla.

 

El mismo sol con su calor intenso
recortando su cola en la barranca,
volverá a ser un barrilete inmenso
remontado en el cielo de la pampa.

 

Voy a sentir un silencioso miedo
después que el perro de las sombras ladre
y haré otra vez de cuenta que me quedo
dormido en las rodillas de mi padre.

 

Ya junto a una estación vendrá la noche
trayendo en ancas su olorcito a pastos,
y el chirriar de las ruedas de algún coche,
que se va desbordando de canastos.

 

¡La candidez del alma que se asombra
recibirá el rigor de dos ultrajes...!
¡El ojo de un farol que está en la sombra
y el pito que se clava en el paisaje...!

 

 

VOLVERÉ Y SERÉ MILLONES...

                       José María Castiñeira de Dios

 Yo he de volver, como el día,

 

para que el amor no muera,

 

con Perón en mi bandera,
con el pueblo en mi alegría.
¿Qué pasó en la tierra mía
desgarrada de aflicciones?
¿Porqué están las ilusiones
quebradas de mis hermanos?
Cuando se junten sus manos
VOLVERE Y SERE MILLONES.
Pido un lugar en tu pecho
y aunque lo tengo ya sé
que me das lo que se ve:
sólo un corazón deshecho.
¡Tanto es el mal que te han hecho,
mi Pueblo, con sus traiciones!
Que claman los corazones
y me llaman y ya voy,
desde la muerte en que estoy
PRESA ENTRE SUS CERRAZONES.

 

Tantos rostros, tanta pena,
tanta espiga de dolor
y la vida alrededor
con tu cepo de condena.
Ya tu suerte me enajena.
Pueblo mío, y me sostiene
solo el amor con que viene
tu llamado hasta mi ausencia:
AUNQUE LA MUERTE ME TIENE.

 

Yo he de volver, como sea,
junto al Pueblo dolorido, convertida en una tea.
y sin que nadie me vea,
sin que el opresor se alerte
ni el cancerbero despierte
ventearé casa por casa;
para reavivar la brasa
YO VOLVERE DE LA MUERTE.

 

Envío

 

Toda mi vida es un río
que anda rodeando la tierra
con ese pendón de guerra
que sólo al Pueblo confío.
¡Mi Pueblo, este signo mío,
este amor sin más razones!
Presa entre sus cerrazones,
y porque soy libre y fuerte

 

YO VOLVERE DE LA MUERTE.
VOLVERE Y SERE MILLONES.