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MICRORRELATOS DE ALBERTO TASSO

 

Alberto Tasso

 

 
Alberto Tasso, Licenciado en sociología en la UCA en 1972, es bonaerense de origen (Ameghino, FCNGSM, 1943) y santiagueño por adopción mutua. Poeta, ensayista, investigador social y docente, trabajó en oficinas del estado provincial y nacional, y actualmente en el CONICET y la UNSE. Como investigador y maestro. Ha sostenido cursos y pláticas en aulas universitarias de varias provincias. Coordina encuentros culturales de poesía, ciencia e historia. Como trabajador autónomo ha hecho experiencias en publicidad, periodismo, artesanía en cuero y madera, pintura, retrato al pastel, venta de rulemanes, restauración de lámparas y diseño de artefactos utilitarios. Co-dirige el sello Barco edita (19 títulos). Es miembro de la Fundación El Colegio de Santiago, la Biblioteca Amalio Olmos Castro y la Biblioteca Sarmiento. Escribe poesía y otros géneros. 
Revistas y diarios de Argentina, México y España han incluido trabajos de su autoría acerca de historia agraria, cultural y política de la Argentina. En Aventura, trabajo y poder, investigó e historió la inmigración Siria y libanesa en la provincia de Santiago del Estero. Algunos de sus poemas forman parte de la Antología Poesía del Noroeste Argentino, siglo XX, compilada por Santiago Sylvester y editada por el Fondo Nacional de las Artes. Los textos seleccionados pertenecen al libro Dibujos al carbón

 

NOVELA DEL EXILIO

El hombre venía de muy lejos. Se le notaba el hueco en la mirada.

 

SE VE QUE AUN
No soy un poeta verdadero. Todavía necesito escribir.

 

UNA ESCENA
Están sentados delante mío, en otra mesa, pero dándome la espalda. Hablan. Beben vino tinto. Es una noche de viernes, y ellos están muy juntos en un lugar así, de segunda, llamado la casa de X. Tienen... ¿Treinta años? En el lugar hay luces, aplausos, indiferencia de los músicos cuando dicen sus frases previsibles, y efusión, un segundo después cuando tocan y cantan. Ella es morena, de labios rojos. Y un poncho marrón con listas también rojas, pero no tanto. Se le adivinan los hombros. En un momento conversan. Él se inclina y le habla. Se ríen. Él le acomoda el poncho... y de paso su mano le toca el hombro. Esas sensaciones que conoce la mano de un hombre: la espalda de la mujer, aquello que muestra al irse. Pero ésta no se va. Más bien se acerca a él y le dice: Tocame, estamos así ahora, tan bien. Acaso no estamos de acuerdo en... el color del vino, en ese lugar de Árraga y en la música de ¿Aldo Monges? Él hace una broma. Ella ríe nuevamente, se levanta al baño y pasa a mi lado. El fuma. Tanta intimidad sobre la mesa.

 

DESPUÉS DEL SITIO DE STALINGRADO
Después del sitio de Stalingrado muchas cosas volvieron a su sitio. Una planta de mi casa lanzó sus hojas y el agua que bebí era como la muerte.