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Wilfredo Carrizales

PALABRAS INDISPENSABLES

Textos de Wilfredo Carrizales.

 

 

Llamo a la llama y no atiende. ¿Llamo es el macho de la llama? ¿Se podrá llamar con una llama que arde sin oxígeno? Llamo, llama, y voyme llamador.

 

Abono el préstamo y entro al lote de terreno. Lo abono y nada que me llega la fianza. ¿La seguridad es una sustancia que se abona o un billete de espectáculo?

 

Callo en el cayo mientras pasan los callados. Con un pedazo de coral me froto los callos para flotar. A la callada encallezco de nuevo. Me echo a la calle para no callar.

 

Al hollar el hoyo estoy sin apoyo y me abato, albatros de ciudad. Sucumbo en la hoya al confundirla con una gran olla. El ollar de mi bestia me hace hollar el campo sin lampo, donde canta, infeliz, la holleca.

En el poyo me estanco y miro al pollo en su crecimiento. La polla apuesta muy repuesta por su parecido con cierta zancuda. El zancudo aprovecha y me pecha con una picada. El buen picador es diestro con la garrocha.

 

Zumba en la isla de Sumba la mosca del moscatel. La constelación de Musca aletea y molesta a sus vecinos. En mi casa me aguarda un caballo mosco y una mujer moscona.

 

Aunque la pida la lápida no se da. La pilla traga lapilla y se le borra el cogote. Cogón no es cojón ni que lo dibuje el herbolario.

 

Cocer al sereno; coser sobre el seno. El cocido me cocea; lo cosido me torna en cóclea. El coco me mete miedo y su agua es puro enredo.

 

El ciervo de la sierva rumia y no piensa. Ama el pienso como a sí mismo. Se ensimisma al pensar en su cierva. El siervo lo advierte y lo mata. Luego lo sirve.

 

A Orta le cortaron la arteria mayor. La aorta produce un digno ventrílocuo. Se vierte sobre los vertebrados y los transforma en reptiles. Rectos no son los caminos del Señor.

 

En el adviento advierto la adversidad de mi sino. Si no fuera por eso, temprano estuviera rico. Lo advero como si fuese yo un adventista, adyacente y aedo.

 

La bacteria va en la ictericia. El bacilo no vacila. El espirilo gusta de lo espiritoso.

 

La breva breve se documenta. El caballo odia a la caballa. La yegua no se allega al yeguo. Yo lloro por el yo-yo. Lloroso le envidio la cara al oso.

 

El chacho se distrae con la cháchara. La muchacha chilla cual chachalaca. Durante la chacota alguien extrajo un chacote y cortó al chaflán, chaflán.

 

¿Da, la diva, dádiva? ¿Da la vida de ida o en subida? ¿Qué da, al cabo, la diva en la cabina? ¿Enloquece por el cabo en pleno cabotaje o traiciona a la cábala en la alcabala?

 

En vano el ébano pugna por limpiarse. De negro no está exento. Oscuridad al cien por ciento. Mas el necróforo no lo persigue, pues él es todo nefando.

 

Esquivel esquiva el anaquel y rehúsa el escabel. Ese esquirol colecciona esquirlas y esquila a diestra y siniestra. Anís, del cetro, Esquivel lo huele y atrae el desquite.

 

Fabula quien vino de Roma y roma trae la sesera. Fábula de la fuente que irradia monedas y se ríe. San Diego y que reinaba sobre los cultivos de Grecia. No me cae en gracia cuando oigo tales rumores. Mis humores escapan y se capan los pendejos.

 

Señalé el montón de dinero sobre la mesa: "Esto me lo he ganado yo". El conjunto de animales e imbéciles apacentaban, impacientes, afuera. El ganado del serbal, asaz servil, me proporcionaba cerda al por menor en medio de la mayor sevicia.

 

Habérmelas con el habano y con las habas del abad. Habilidad en el habitáculo del habla. Hábito roto sin costumbre ni costura. Coz de cura en el peroné, después de la perorata por ciertos pernos.

 

Ibarra liba en la barra con la loba. Boba de capirote y capital no circulante en el distrito capitalino. Bajo el ibaró los ibéricos se guardan del hiato. Mientras tanto el berro emite berridos e Ibarra se embarra los calzones.

 

Parto. Mi mujer está pariendo. Es un parto difícil y complejo. Por teléfono me piden consejo. El niño quiere salir de pie como su padre. Amenazo: si no dejan a la criatura proceder según su albedrío, me lanzo al río. Conceden. Me río de la riada y del posible resfrío.

 

Siento una silla en la oscuridad. Me siento. La encuentro húmeda, tumefacta, indócil. Me siento mal. Recojo los pies. Casi me los amputo. Apunto. A punto de estornudar me anudo la gorguera. Me siento incómodo. De modo que, a cuatro patas, reduzco la silla a taburete antes de que me salga de mis casillas.

 

En Java el jabón es caro y apenas alcanza a lavar la cara. Allá tuve una jaca que me jaqueaba y al yo caer dejaba una jacilla en el suelo. Jacintos había en profusión y los exhibía en la procesión de la santa con su sarta de exvotos. ¡Voto al Diablo! Un volcán botó cenizas en plena misa.

 

Un kiosco para los quirópteros y los quisquillosos. Un karateca pringado de manteca. Un karma que no concluye. Un koala que se resbala. Un koljós para los descendientes de Stalin. Un kilómetro de muralla amarilla en el corazón de los kurdos.

 

El labio lábil del cual resbala la labia de la labor. La bala, labrada, al borde de su labranza. Lacería y herrajes. Acería ladeada y el ladrido en el ladrillar. Latrocinio láctico en la vía lechosa. El dogal en Ladoga y la ladina ladilla en su curul. Lagarta ebria en el lagar y el lagarto husmeando desde el tronco con lágrimas. Dice el laico que Laika se murió emperrada y no de cosmos con pulgas. Los lamas lamen los cirios y los sirios se enserian. La lámpara en Lampedusa y el gatopardo pesca y se agria. Lanchas y lonchas sobre el landó con cuadernos de infancia. Lañador con legañas y lanillas a lo Landrú. Láridos con laringitis, lardeados y pasados de largo. Lastre y hoja de lata.

 

Tiene mabita y en todo momento es mal vista. La macolla se le enrosca al cuello y le produce macareo. Salvadora de maderas y dadora de machetes. Madre con el cordero a cuestas trepando por la cumbre y madrugando madura. Magistral estatura. Magistratura. Magnesia para la magia del magnicidio. La majuela y el zapato sin suela; la malatía y la sobrina enjuta. Malasombra, maldispuesta, malquista. ¿Mambo al lado del mambrú?

 

Nacer con el nácar suave. Naciente en el punto cardinal correcto. Nada por nada y yemas secas. (En Nagoya se ven pocas nalgas gruesas). La nacrita, ¿grita? Antes, en Nantes, se reconocía la nafta con solo narrarla. Las naranjas no se ajaban ni las narigueras eran permitidas. Al natural, se producían navajadas y las navegaciones se emprendían con la neblina del enebro. Los neófitos estaban fijos dentro de sus casetas y oraban valiéndose de la nemotecnia. Neptuno se ponía nervioso y la emprendía contra las olas elementales. Netas, se abarcaban las neuralgias y los nidales se poblaban de nicol y ninfas. En la niñez se solicitan las tetas y en la pubertad los cuerpos glúteos.

 

O bien que obedecen u obenques en altamar. Obispo rayado y sin ralladuras. Oblongo oblato para que los monjes lo engordaran. O canto u ocarina. Ocasión del gallo perseguido por el oboe. Objeto de la obcecación del observador. Conservador a perpetuidad y con fuero de lustre y relumbrón. O sea, ungía en Oceanía. Optar por el ocho. Octacordio y ocelote hambriento. Ocurre el ocultismo a puertas abiertas y nadie se entera. Durante el ofertorio se rifan las obleas y el fantasma de Offenbach se oculta dentro de su oficio. Oído de buey y el ofidio en la oficina oval suelta su opúsculo ominoso. Ojo de perro gangrenado colgando de la claraboya de Bellaclara.

 

El pabilo de Pablo: dio pábulo a patrañas. Pacen los toros después de hacer las paces. El paciente impaciente consiente que su médico lo ofenda. Pagarle al pagano y padrotearlo por larga temporada. El paje sostiene el pagaré y adquiere un pagel de carne para paila. Las pajaritas escaparon por la ventana e hicieron un buen papel en el aire de su dominio. La pajarilla y el pajarero se enemistaron entre malos albures. De la cuchara al timón de la cucaracha la pajuela se encontró borracha. Distancia y medianía.

 

Los ñatos se añublan y el morbo no es un estorbo. De los ñames se conocen sus cuitas de verano y sus ñiscas de rastrojo. El incorruptible ñandú viaja siempre en autobús. Los ñáñigos se miman y ganguean y toman quimbombó en nombre de Jesús.

 

Quiso el quiste malquistarse con el quermes y quedó rojizo y estragado. ¿Qué me dices cuando se queja? Que me agrupe, que me encarezca, que me use con acento y tacto, sin talco ni quasar. No soy fácil de quebrarse, pero me hiendo en la pasión. Queda para los demás la conclusión. Con mi quepis quepo dondequiera. Quiero a mi quelonio por sabio y por longevo y a quien ose humillarlo le planto querella. Algún querubín ha de buscarme y me proveerá de queso y queroseno. Con mis quevedos localizo a los Panchos en los quicios de las ventanas. ¡He acá el quid de todo! Quienquiera que se queje. La quimera abunda en quilates si la quilla semeja un quilópodo.

 

El rabo y los rábanos. Bellos con el extracto del jugo de los bandidos. ¿De dónde proviene el sonido del rabel? De Rabat o sus alrededores. Y la rabia que no se detiene y el radar que no funciona. ¿Racimos de mujeres? ¿Esther, Fedra, Yocasta, Ayana, Ifigenia, Margot, Lucrecia? Raciocinio en la rada y ráfagas y rajas y raigambres. A rajatabla, el ramalazo que desde la rampa produce locura y vértigo.

 

Sacarina. Saca la harina y haz la masa. El pan no puede tardar. El horno sobrevendrá. Sépalo, de flor. Sábalo sobre la sábana de la sabana, horneado y troceado. Sabiduría a sabiendas. ¿Las sabandijas y sus sables? El domingo leemos a Sábato y el lunes escuchamos a Domingo, Plácido, quietos y sosegados. Nada de sabotaje. Sabrosa es la hartura y temible la altura. Sacapuntas y sacabocados. Sacramentos mentados durante el eclipse sin retorno. Las saetas viajarán a posteriori, sacudidas, pero no sáficas ni zafias. La saga comienza con buen acento, sin tristeza, en medio de sonrisas y sagacidades. (Arriba Sagitario combate con flechas truncas y arco de bejuco). El safari se inició en el sagrario y cayeron abatidos palomas, corderos, leones, murciélagos y ratones. La fauna sahumada y devota. De bota lustrosa calzaba el cazador mayor, sainado y dispuesto a sajar.

 

Estábamos con el taba tacaneados y el tabaco se acababa a ojos vista. La salsa tabasco hacía lo suyo en los salideros. Tácitamente lavábamos las tazas. Tacaños, lo que se llama tacaños, no éramos, aunque las tablas nos caían, redondas, sobre las cabezas. Era la taberna y los hebreos permanecían lejos, en su tabernáculo. Por momentos, nos ganaba, cómodamente, la melancolía. No nos provocaba leer ni "El jardinero" ni "La luna nueva". Más bien queríamos ser taimados y sacarle provecho a los tajos de la vida. En los taludes, las angustias aguardaban, inútilmente, por nosotros. Talludos, tocábamos los tamboriles del extinto reino de la China. Tampoco le parábamos mientes al mito de Tántalo. Bebíamos con sed sin tampones. A las tantas, nos recogimos y juramos cantarle un tango a Gardel y su troje.

 

Ubicuamente ubérrimos como Vallejo. La gran ubre de la dicha colgaba sobre nuestras bocas y el maná de leche nos hacía sentirnos ahítos y golosos. Ufanos, olvidados de la ufología, borrachos hasta la pared del fondo. La guerra de los ucranianos nos causaba estupor. El hijo de Putin nos enrostraba su arrogancia eslava que nos obligaba a ir muy seguido al lavadero. Ultimátum. Prohibido prohibir. ¡Vivan los cosacos y las rusas sin sacos! ¡Ah, cuánto añorábamos las umbelas! Y a las libélulas. En el umbral de los sentimientos exultantes, ordenamos abrir las barricas y nosotros descorrimos los pestillos de las barrigas. La unión de los dipsómanos quedó establecida y consolidada. La ilógica y la fonética; la significativa y la polisémica. Nos untamos las uñas con nostalgias vulvares y brindamos por Baco y Dionisos, dondequiera estuviesen.

 

La vaciedad de la vaca en su establo inestable. La vacación de los vacantes eternos. El vahído de la vulva andariega. El vadear del vademécum. El vaivén de la vainilla y la vajilla de Valdés, el baldado. Diálogos malogrados en Valencia (¿de España o Venezuela?). Valles salados por vagos en motocicletas gubernamentales. Vándalos de vanguardia y salario mensual. Algún iluso parado en el varadero. Varas para las variantes de la tortura. Balano del varano presto a sauriar a las féminas con rostros de lagartijas. Vasos de noche para las viudas que mean con sobriedad plausible.

 

Wagner en coito heroico con las valkirias. Walesa defecando detrás del confesionario. Warhol haciéndole ojitos a Mao Zedong en la Plaza Tian An Men de Pekín. Welles alertando sobre la invasión de los marcianos. Winchester relamiéndose los labios al ver caer a los pieles rojas atravesados por las balas disparadas con sus fusiles. En Wounded Knee vuelve el espectáculo de la matanza de indígenas y Hollywood lo celebra con fuegos artificiales. Woolf, Virginia, saliendo del mar y convirtiendo a las olas en sus entreactos finales, antes de dirigirse a la habitación oscura.

 

Las xerófilas entrevistas a través de las celosías. Los xilófagos en junta para decidir a cuáles muebles de madera devorarán la víspera. El xilófono percudido por el viento, su mejor intérprete. Xipe Totec con muchas ganas de volver y recuperar sus fueros perdidos. Xileno en la alcoba matrimonial para hacer olvidar malos olores y celos de trasnocho. Xenofobia en las calles de Berlín bajo la égida de los fantasmas de Hitler y de las S.S.

 

Ya que el recuerdo es necesario. Si ya lo entendemos, entonces procedamos. Desde la yacija vuela la nostalgia y regresa al punto cargada de memoria. Yahweh dispara sus misiles contra los niños palestinos porque los quiere ángeles muertos. Yak destripado al pie del Himalaya. En Yakarta apuestan con cartas marcadas. Yantar los manjares que dispuso el mediodía para sus cofrades. Dentro del yaraví iba mi tristeza de siglo y medio y un poco más. Yeats entre las cañas peina al viento y mientras tanto un gato acaece en fornicio locuaz con la luna. La yeguada se pronuncia y el gamelotal no es profanado y da espigas un juego antiguo de sangre y terrones. De los dedos, las yemas se vertebran en rudimentos de azúcar y paladeo. Yerba por antonomasia, la Juana grifa o Marijuana. Yerro contra las leyes humanas y contra las divinas, a porfía. Yerto con el mismo efecto de retruque en los músculos del occipucio. Yodo con yoga o yogur y lloro en Yoro y me voy en honduras. Yermado en el pensamiento noctámbulo y la inmortalidad que se aleja y se esconde tras las cortinas. Yuca con el almidón de los ropajes de luto y merecido resguardo. (Yupanqui, Atahualpa, embelesado, escuchando los ejes desengrasados de su carreta y olvidado de otros menesteres vanos).

 

Zacarías sacaba el cuerpo a la intemperie y se mojaba de meteoros y mete platas. Zafaba la morada de mi concubina, pero le permitía a la hierba que creciera alta y deslindara propósitos. Con los zafiros sobre los hombros tornábame más cielo y más del azur. Remolacha con la zafra y el azúcar en plenilunio para remilgos de los amantes. No le voy a la zaga al tiempo, zigzagueo y me le pongo adelante. La zagala me zahiere al borde del aljibe y, de súbito, le anido un beso entre los pichones de su pecho. Zalagarda mal montada en mitad del desfiladero; los enemigos escaparon por un zaguán. Zalema para someterme a sus encantos, zalema saliente y prominente. Bailan las figuras sobre el cuero de la zamarra y el zambo zamarro pela los dientes en la penumbra. Me zambullo por los senderos propalados y ensayo un ser agónico y primigenio a tono con la luz. Zampan las zanahorias dentro de la olla y el anaranjado da vueltas y vueltas en el interior del borbollón. A zancajadas alcanzo a los primates y les imploro que retomen la teoría evolucionista y no defrauden a Darwin. El zángano excava la zanja para poder dormir mejor. /"Zapatea para otro lado", le digo a Emiliano y el frío cañón del rifle me hace enmudecer. / ¡Zape, gato ñaragato!/ El zar con sarpullido y su cráneo agujereado por balas de salva que lo salvaron de la vida. / Zapote, sucedáneo de la manzana, melifluo prodigio del trópico americano, no figurado. / Zapuzar el zaque y extraer aquella agua que hace rememorar los hechos de la niñez. / Zaranda que lucha contra la escoba y apacigua los huellos de la escoria; hacedor de música que zumba en su giro interminable. / ¡Zaratán, zaratán, aléjate para siempre de los pechos de mis mujeres. / (Zaratustra, en sueños, quiso conquistar las tinieblas y terminó con la incandescencia entre las manos)./ Zarzas para las salsas y zarzuelas en el rincón. / Zea lo repetía a menudo: "Sea usted mismo y nada le faltará". / Zelaya era un celaje para el zéjel y lo provenzal se le escurría por la piel de los adentros. / Zeppelin le tuvo miedo cerval a su invento y prefería viajar mirando fotografías. / Zócalo para los zoófagos y los militares con fusiles de asalto. / Deliquios del zorrillo ensayista y el zapatero reculón. /

 

Wilfredo Carrizales ByN WILFREDO CARRIZALES Nació en Cagua, estado Aragua, Venezuela el 11 de noviembre de 1951. Poeta, narrador, sinólogo, traductor, fotógrafo, artista visual, monologuista, editor y conferencista. Realizó estudios de lengua china moderna y antigua e historia de la cultura de China en la Universidad de Peking (1975-1982). Fungió como Agregado Cultural de la embajada de Venezuela en China desde septiembre de 2001 hasta diciembre de 2008. Ha participado en recitales internacionales de poesía en China, Venezuela y Chile. Ha dictado conferencias y talleres sobre la cultura china en diversas instituciones de Venezuela. Ha expuesto su trabajo fotográfico en Beijing, China, y en Venezuela. Además amplia muestra de su trabajo fotográfico puede encontrarse en Facebook, Blipoint, Letralia, Cinosargo, entre otros sitios de la red.Su trabajo como artista visual (dibujos, collages, decalcomanías) puede mirarse en diversas páginas de Internet. Ha publicado diez poemarios y un libro de relatos. Su libro de poemas en prosa La casa que me habita recibió en su versión digital (año 2006), el Premio Nacional del Libro, en la mención "Libros con nuevos soportes".
Ha traducido y publicado diez traducciones del idioma chino. La última de las cuales Lo que no dijo el maestro fue editada en 2015. Sus textos aparecen en veinticinco antologías editadas en España, China y Venezuela.