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FLORES PARA COHEN 

Antonio Cruz

Leonard-Cohen 

 

A pesar de haber escuchado algunas de sus baladas, no había leído poesía de Leonard Cohen hasta que un amigo a quien quiero y respeto mucho tuvo la bondad de recomendarme su lectura. No se detuvo ahí su bondad; como en aquellos tiempos mi situación financiera no era la mejor, generosamente, me prestó el libro para su lectura y digo generosamente porque una de las premisas fundamentales de los admiradores de Cohen (esto lo aprendí después, mucho más tarde, cuando yo ya era fan de Leonard como cualquier otra de las personas que se deleitaban escuchando sus canciones o leyendo su poesía) es no desprenderse de aquellos fetiches que tienen en su poder y que los relaciona, de alguna manera, con su héroe. Ese libro era una de las obras icónicas de Cohen: Flores para Hitler.
Originalmente debía devolver el libro en alrededor de una semana pero, debido a que me apasioné tanto con sus poemas, terminé por releerlo varias veces y terminé por restituirlo a su dueño algunos meses más tarde.
Leer a Cohen fue descubrir una poesía profunda y llena de figuras que realmente me atrapó. No haré muchas referencias a su poiesis porque no estoy capacitado para ello ni es este mi objetivo; mi único propósito es rendir un austero homenaje a este poeta maravilloso que cambió mi manera de leer poesía. Probablemente, él y Bukowsky marcaron mi derrotero posterior en el mundo de la poesía.
En aquel momento, hubo un impacto profundo en mi espíritu y Cohen terminó por transformarse en uno de mis poetas predilectos.
Hace algunos días atrás, Cohen comenzó el viaje que no tiene retorno., a los 82 años. Tuvo una vida fructífera y fue un artista integral que no solamente escribió una magnífica poesía sino que muchas de ellas fueron transformadas en baladas que habrán de perdurar en la memoria colectiva de varias generaciones.
Desde Tardes Amarillas queremos homenajearlo con una selección de poemas. Estas son nuestras "flores" para un poeta de excepción.

Flores para Hitler

 

Cielo

Los grandes pasan
pasan sin tocarse
pasan sin mirarse
cada uno sumido en el gozo
cada uno en su fuego
No tienen necesidad
el uno del otro
tienen la más profunda de las necesidades
Los grandes pasan

Registrados en algún cielo múltiple
grabados en alguna risa sin fin
pasan
como estrellas de diferentes estaciones
como meteoros de diferentes siglos

Fuego inalterado
por el fuego que pasa
risa inatacada
por el confort
se pasan los unos a los otros
sin tocarse sin mirarse
necesitando saber tan sólo
que los grandes pasan


Destino

Quiero que tu cálido cuerpo desaparezca
educadamente y me deje solo en la bañera
porque quiero considerar mi destino.
¡Destino! ¿por qué me encuentras en esta bañera
ocioso, solo, sin lavar, sin siquiera
la intención de lavarme excepto en el último momento?
¿Por qué no me encuentras en lo alto de un poste de teléfonos,
reparando las líneas que van de ciudad a ciudad?
¿Por qué no me encuentras cabalgando a través de Cuba,
un hombre gigantesco con un machete rojo?
¿Por qué no me encuentras explicando máquinas
a pupilos poco privilegiados, españoles negroides,
contentos de que no sea un cursillo sobre escritura creativa?
Vuelve aquí pequeño y cálido cuerpo,
es la hora de otro día.
El destino ha huido y yo te elijo a ti
que me encontraste mirándote fijamente en un almacén
una tarde hace cuatro años
y has dormido conmigo desde entonces.
¿Qué te parecen mis ojos de pescador después de todo este tiempo?
¿Soy lo que esperabas?
¿Acaso estamos demasiado tiempo juntos?
¿Acaso se avergonzó el destino ante la doble toalla turca,
nuestro conocimiento de nuestras pieles,
nuestro amor que es proverbial en todo el bloque,
nuestro acuerdo de que en cuestiones espirituales
yo debo ser el Hombre del Destino
y tú la Mujer de la Casa?

 

El autobús

Fui el último pasajero del día.
Estaba solo en el autobús.
Me sentía contento de que se estuvieran gastando tanto dinero
sólo para llevarme por la Octava Avenida arriba.
¡Conductor! Grité, estamos usted y yo esta noche.
huyamos de esta gran ciudad
a una ciudad más pequeña más propia para el corazón,
conduzcamos más allá de las piscinas de Miami Beach,
usted en el asiento del conductor, yo varios asientos más atrás,
pero en las ciudades racistas cambiaremos de lugar
para mostrar lo bien que le ha ido arriba en el norte,
y busquemos para nosotros alguna diminuta villa pesquera americana
en la Florida desconocida
y aparquemos justamente al borde de la arena,
un enorme autobús como una señal,
metálico, pintado, solitario,
con matrícula de Nueva York.

 

El primer asesinato

Supe que no había ocurrido
No había asesinato en la pradera
La hierba no estaba roja
La hierba era verde
Supe que no había ocurrido

He llegado a casa cansado
Mis botas están veteadas de suciedad
Para qué sirve predicar
nunca les pasó nada
a los cuerpos asesinados en la pradera

Decid la verdad he fumado hasta
llegar al amor en esta noche inocente
Jamás ocurrió
Jamás ocurrió
No hubo asesinatos en la pradera

Había una casa en la pradera
La pradera en sí era grande y estaba vacía
Era de noche
Era noche cerrada
Había luces en las diminutas ventanas.

 

Esperando a Marianne

He perdido un teléfono
que olía a ti

Vivo junto a la radio
todas las emisoras a la vez
pero capto una nana polaca
la capto entre la estática
se desvanece yo espero mantengo el ritmo
viene de vuelta casi dormida

Acaso tomaste el teléfono
sabiendo que yo lo olfatearía inmoderadamente
tal vez hasta que calentaría el plástico
para recoger hasta la última migaja de tu respiración

y si no piensas volver
cómo ibas a telefonear para decirme
que no piensas volver
para así por lo menos Poder discutir contigo

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Su último poema de amor
se rompió en la bahía
donde rubios personajes blasfemaban
cargando chatarra
en oxidados submarinos.
Al sol
se sintió sorprendido
al sentirse tan carente de deseos
como una rueda.
Más simple que el dinero
se sentó sobre un poco de sal derramada
y se preguntó si volvería a encontrar alguna vez
las cicatrices de las farolas
úlceras de verja de hierro forjado.
Recordaba perfectamente
cómo dispuso
el ataque cardíaco de su padre
y cómo dejó a su madre
en un pozo
con la memoria en blanco por la pérdida de culpabilidad.
Precisión bajo el sol
los elevadores
las piezas de hierro
dispersaron a cualesquiera de vosotros
cuyo dolor hubiera dejado
igual que un silbato dispersa
a un equipo de hombres sudorosos
Preparado a unirse al mundo
sí, sí, dispuesto a casarse
convencido de que el dolor es una cuestión de elección
un Doctor de la Razón
empezó a contar los barcos
a condecorar a los hombres.
¿Amenazarán acaso los sueños
esta disciplina?
¿le llevarán el pelo favorito los muslos favoritos
los ganadores de apuestas de las carreras de caballos de la vida anterior
llevarán a aventureros cafés?
¡Ah, mis queridos pupilos!
¿creéis que existe una mano
tan bestial, tan despiadada con la belleza
que pueda apagar
su religiosa luz eléctrica antidiarreica?

 

Los poemas fueron seleccionados de la página A media voz http://amediavoz.com/cohen.htm La foto que ilustra esta selección de poemas fue rescatada del siguiente sitio Web: http://wwwpentimento.blogspot.com.ar/2016/11/leonard-cohen-in-memoriam.html La imagen del libro Flores para Hitler se publicvó en la siguiente página: http://www.visor-libros.com/tienda/flores-para-hitler.html